Titulares

Obispo Munilla

Supongo que la mayor parte de las personas que tienen cierto poder aspiran a ser protagonistas de los titulares. Supongo que es así porque muchas declaraciones parecen estar construidas con ese único objetivo, lejos a veces del sentido común.

Te pongo un ejemplo reciente: el recién nombrado obispo de San Sebastián, J.I. Munilla declara a la cadena SER que “nuestra pobreza espiritual es un mal mayor que la tragedia de Haití”. Habla de nuestra lamentable concepción materialista de la vida y de nuestra pobre situación espiritual.
Es verdad, nuestra poca prudencia nos ha conducido por caminos indeseables: querer tener más y no valorar lo que tenemos. Somos incapaces de disfrutar de la ausencia de dolor (es un pensamiento aristotélico), que ya es una gran cosa.

Para aquellos que consideramos que creer o no creer en Dios es un asunto irrelevante (ver un comentario anterior en este mismo blog), la pobreza espiritual a la que hace referencia el obispo Munilla tiene connotaciones diferentes a las que él señala. Pero, en cambio, estamos de acuerdo con el fondo: gran parte de la sociedad deambula sin otra reflexión que hacer y conseguir más. Gran parte de la sociedad pasa por la vida llenos de compromisos y sacrificios inventados que tienen como beneficiario el propio sacrificado. Lamentable paradoja.
Bien, es cierto todo lo que ha dicho Munilla. ¿Pero es necesario establecer la odiosa comparación entre nuestra pobreza espiritual y Haití? Él debe saber que no lo es. Lo ha dicho deliberadamente, para conseguir titulares, salir con un cuerpo más grande de letra en los periódicos. Munilla lo ha conseguido: que se hable de él y volver a meter a la Iglesia en un estúpido debate. Si hubiera dicho que la tragedia de Haití tiene tan grandes dimensiones porque tenemos una concepción materialista de la vida y una pobre situación espiritual quizás hubiera conseguido menos titulares, pero habría dicho algo con sentido común.

En el Partido del Sentido Común fabricaremos ideas y acciones, no titulares.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Irrelevante

Mi hija me pregunta otra vez si creo en Dios.

La primera vez que lo hizo – hace ya algo más de un año – le contesté que no estaba del todo seguro. Ella, sin esperar a que yo le devolviera la pregunta, me dijo que tampoco estaba segura si creía en Dios. Lo dijo con un tono cómplice a la vez que preocupado.

Nuestra conversación no fue mucho más allá, su comentario espontáneo y sincero me produjo tanta hilaridad que nos reímos juntos durante unos minutos y el contenido de la pregunta paso al olvido.

Hace unos días fuimos juntos de viaje, ella y yo solos. Fue en Córdoba cuando me volvió a preguntar – bueno, ¿crees en Dios? – .

Volví a contestarle lo mismo: “No estoy seguro”, pero a continuación le expuse una tesis que hace unos días compartí con Pepe mientras nos hallábamos filosofando: “En realidad creer o no creer en Dios es irrelevante”.

Mi comportamiento no va a variar en función de si creo o no creo en Dios. No voy a ser más generoso, ni mejor ni peor persona si creo o no creo en Dios. A mi hija le dije que si uno fuera a comportarse mejor por la mera existencia de Dios habría que atribuirle cierto grado de miserabilidad y calificarle como miedoso.

Son muchos  los que justifican sus maléficos y nocivos  actos basándose  en la existencia de un dios y son otros muchos los que justifican sus actos por todo lo contrario. Y son muy poderosos y malos  los que nombrando a un dios pretenden hipnotizar a sus conciudadanos para destrozarles la vida y conducirles a la destrucción del vecino convertido en enemigo.

Supongo que un buen cristiano, judío, budista o musulmán será bueno por casi lo mismo. Supongo que cualquiera de ellos puede acudir con frecuencia a su templo y ser, en cambio, perjudicial para quienes les rodeamos.

Así pues, unos creerán en Dios, otros no lo harán y otros estaremos algo inseguros. ¿Qué más da? Eso es irrelevante. Lo importante es lo que se haga con las ideas.

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