Un barrendero feliz o presidente de gobierno neurótico

La escuela de Sumerhill fue repetidamente amenazada de cierre por parte del Gobierno británico. La forma de ver la educación de su fundador, Alexander S. Neill era tan disruptiva que fue -incluso- llevada a los tribunales con escaso éxito. El resultado -unos alumnos atípicos, cuyo principal valor  es la libertad y suponemos que preparados para construir un mundo mejor – hizo ver a los jueces que no había delito en la propuesta  de Sumerhill.

En un vídeo que nos ha permitido descubrir a esta escuela y su fundador se entrecomilla una frase como parte de su visión: “En Summerhill se prefiere producir un barrendero feliz a un primer ministro neurótico”.

Mira ahora quiénes nos dirigen y dicen que nos representan.

Ellas y ellos, muchos de nuestros políticos, quizás sean, en cierta medida, unos neuróticos. Son  personas que nunca desearon ser… nada parecidas a las que proyectaron en sus ideales juveniles.

Suponemos que al verdadero Rajoy no le gusta que su personaje mienta, no tenga agallas, sea tan poco creativo a la hora de proponer soluciones a los españoles. Al verdadero Rajoy le disgustará ser un político que piense más tiempo en cómo ocultar la siguiente inconveniente verdad,  en vez de lograr que los niños puedan comer en sus colegios (en la España de Rajoy cada día hay más niños pobres)

Suponemos – aunque cueste suponerlo -que la verdadera Cospedal debe odiar a la que la representa hoy delante de los medios de comunicación con esas frases tan incomprensibles como hilarantes… ¡qué decimos! .. tan tristes, tan penosas. Aquella Cospedal  la suponemos con valores, con vocación de ayudar a los demás. Todas aquellas ideas desaparecieron para dar paso al único objetivo de llegar a la meta al precio que fuere, a despejar de su camino a aquellos que no se sumaran a la causa, a mentir,… ¡así es la política! le dice la actual Cospedal a aquella verdadera, una imagen evanescente.

Y el verdadero Rubacalcaba, ¿en qué se parece a su versión después de tantos años? ¿Es posible que sus sueños, sus ideales los haya destrozado la misma persona que los soñó?

Sentimos tanto asco y desprecio como pena por aquellos que siendo políticos destrozaron sus ideales refugiados en frases hechas, en mentiras perversas, en justificaciones injustificables. Pobres de los verdaderos Rajoy, Cospedal, Rubalcaba, Más, y tantos otros que cuando lleguen noche tras noche y llamen a la puerta del cerebro de  quién ahora les representa no sepan por donde empezar la conversación.

Neuróticos, enfermos por el poder, por el qué dirán, por el dinero, por salir bien en los libros de historia. Ellos, al contrario que en Sumerhill y en el Partido del Sentido Común, prefieren – los hechos lo demuestran – un presidente de gobierno neurótico que a un barrendero feliz.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

 

 

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Categoría: General

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