Poder. Corrupción. Periodismo

La profesión de periodista es objetivamente muy bonita: trasladar a la audiencia – otros ciudadanos – información, opinión. El periodismo permite a los ciudadanos saber qué ocurre a su alrededor, mejorar la toma de sus decisiones familiares, empresariales, personales.
Gracias al periodismo podemos rebelarnos contra quien cree que refugiado en un supuesto anonimato comete excesos en la política, en el ámbito empresarial, judicial e incluso personal.

Quienes utilizan los medios de comunicación – sean periodistas o no – ejercen, en definitiva, una influencia enorme sobre la sociedad.

Conocemos a muchos periodistas – a la mayoría de los que conozco – que independientemente de su edad siguen mantenido vigentes sus principios básicos, su amor por el periodismo. Mantienen su responsabilidad y su independencia intacta.

La mayoría de este primer grupo de periodistas que conocemos no tienen un poder importante ni en un medio de comunicación, ni en una empresa, desconocemos si en su casa mandan sus cónyuges o ell@s :) .

Conocemos a muchos periodistas – un grupo grande, no tanto como el primero – que han alcanzado un status que les otorga poder y dinero.

Viéndoles actuar, hemos llegado a la conclusión que un periodista con poder es en la mayoría de las ocasiones (por supuesto que no siempre) un ser indeseable, peligroso, corrupto.

El periodista con poder en un medio de comunicación es capaz de comportarse como un mafioso. Lenguaje más ambiguo que sutil pero fácilmente descifrable: “si quieres que no hable mal de ti, será mejor que apoquines” es el mensaje que “elegantemente” exponen a los directivos de las empresas – muchas veces otros periodistas que son directores de comunicación.

El directivo de la empresa se acojona. No le gusta que hablen mal de su empresa, de sus jefes y teme que alguien del Consejo de Administración pudiera llamarle si la situación se descontrola.

La situación se soluciona con dinero. Mira los anunciantes de los mal llamados confidenciales y si piensas mal, acertarás en la mayoría de las ocasiones. Muchos de esos confidenciales (no todos, por supuesto) nacen y se mantienen al calor de comidas en las que el mensaje mafioso sobrevuela sobre manteles en los que los comensales no paran hipócritamente de reír.

Nosotros no sabríamos hacer eso. Como la mayoría de las personas, afortunadamente. Pero aquellos que de un lado y otro saben hacer estos cambalaches – por llamarles algo educado – son los que alcanzan el poder. No es por su inteligencia, no. No es por su capacidad de gestión, no. Lo que les distingue es su débil conciencia, su egoísmo, su cobardía, su maldad.

El hermoso periodismo está en muchos casos – muchos más de los que imaginas – en manos de corruptos, no en manos de verdaderos directivos o empresarios. El tan necesario periodismo está en manos de personas que lo han vendido barato, muy barato. Ellos se enriquecen y los periodistas, los verdaderos periodistas más que sobrevivir, sobremueren…

¿Qué tal si acabamos entre todos – literalmente – con ell@s?

¡Viva el Partido del Sentido Común! y ¡Viva el periodismo y la comunicación!

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Categoría: General

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