La pócima mágica de la educación

Estamos casi seguros que no habrá ningún ministro feliz por tener que recortar sus presupuestos. Quizás uno de los que más tristes estén sea el Ministro de Educación. No debe estarlo pasando bien. Quien pensara lo contrario, suponemos que habrá concluido que el ministro es un ser desgraciado que además de no merecer ser ministro, no merece respeto alguno.

No conocemos al ministro y presuponemos – como lo hacemos del resto de los mortales – que es un ser que quiere lo mejor para él y para los demás.

Supongamos, por tanto, que las circunstancias obligan y hay que recortar. No sabemos si más o menos, pero hay que utilizar la tijera.

La educación pretende conseguir de las personas lo que sin la educación no se hubiera conseguido. Es decir, se trata de una pócima mágica que ofrece como resultado mejores personas, que son mejores para la sociedad, se sienten más seguras y empleables y son capaces de ayudarnos a construir un mundo mejor..

¿Y esa pócima mágica? ¿Cuál es? ¿De qué está formada?

Suponemos que parte de esa pócima es dinero. Si se invierte en educación, habrán más recursos, se podrá contratar a mejores profesionales, tener más dinero para formarles… ¿Qué pasaría si tuviéramos un 15% más de dinero del que tenemos?

Suponemos que una parte importante de esa pócima son los propios profesores. Hoy tan subestimados por la sociedad, con tantos padres educando en paralelo y no en equipo. ¿Qué pasaría si los profesores se sintieran un 15% más queridos, respetados y motivados? ¿Qué pasaría si los profesores se sintieran un 15 % más importantes?

Suponemos que otra parte importante de esa pócima son los padres que tanto quieren a sus hijos y que desean que sean hombres y mujeres de bien pero que extrañamente se dedican (nos dedicamos) a ejercer esa profesión – la de padres – con poco rigor y profesionalidad, mucho menos de la que exigimos a nuestros subordinados en la empresa o la que nos exigen nuestros jefes en el mismo entorno. ¿Qué pasaría si los padres educaran un 15% mejor a sus hijos?

Suponemos que otra parte importante de esa pócima es el sentido común. ¿Para que seguir enseñado todas las capitales del mundo de memoria y las fechas de las batallas y estudiar matemáticas y lengua porque sí? El sentido común diría que es mejor enseñar con vídeos, divirtiendo, enamorando con lo que se habla y haciendo uso de la máxima de Benjamín Franklin: “Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo” (siglo XVIII, ¡leche!). ¿Qué pasaría si hubiera un 15% más de sentido común en nuestro sistema educativo?

Suponemos más cosas..las dejamos para otro día.

¿Qué 15% es más factible? ¿Por qué no nos miramos a nosotros mismos y empezamos por poner nuestro 15%?

¡Viva el Partido del Sentido Común!

P.D. Lo siento. Pero hemos escrito un libro y eso nos confiere el derecho a ser pesados. El libro se llama “Gestionando adolescentes” y tiene como objetivo mejorar ese 15% (o más) que podemos mejorar en la educación de nuestros hijos. Una obra imprescindible para nadie, pero que nos encantará que leas.
Puedes verla y comprarla ;) aquí:
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Categoría: General