Compromiso

Tuve oportunidad de conocerle en Octubre del 92, el día 12. Era el acto de clausura de la Expo’92 y el Pabellón de España – donde yo trabajaba – era el anfitrión de las autoridades, organización y patrocinadores, entre otros muchos otros.

Yo sabía de él, aunque fuera la primera vez que nos saludábamos, siempre fue una persona que no deja a nadie indiferente.

Nos fuimos contando, explicando de dónde veníamos y hacia donde íbamos. Él iba a dejar el puesto que tenía en España para afrontar nuevos retos en la misma multinacional, pero a muchísimos kilómetros de distancia. Yo le conté que había trabajado en la SER y entonces recordó las veces que había sido invitado por los 40 principales a conciertos fabulosos en otros países y que nunca pudo aceptar, “son normas de nuestra empresa”.

Confieso que entonces pensé lo innecesaria de esa norma que impedía aprovechar ese regalo. Pensé que lo importante era llevar la honradez en la sangre y que la multinacional debería perseguir a aquellos que no lo fueran. Este pensamiento – que ahora creo ingenuo – lo elaboré a pesar de haber conocido la corrupción y tentaciones destinadas a corromper en la misma Expo’92.

En la multinacional de este señor – ahora presidente de una de las filiales más importantes – tienen un procedimiento sencillo y no por ello menos exhaustivo; preguntan cada seis meses a todos los empleados por cuestiones relacionadas con su compromiso a hacer las cosas como se deben hacer, de forma ética. Ese compromiso lleva implícito que el incumplimiento del mismo llevaría acarreada un despido procedente, fulminante.

Fácil, ¿no?

No entendemos que le pasa a los políticos con algo tan desagradable para los ciudadanos como es la corrupción, con las irregularidades, con la sensación de ser personas que engañan a los que sirven..

El alcalde de Santiago de Compostela tenía, al parecer, a la hora de acceder a su cargo una gran preocupación por asuntos relacionados con deudas con el fisco y con otros proveedores. Vamos, que no era el tipo más adecuado para ser alcalde, ni de lejos.

Antes de entrar en el cargo (a él y a cualquier político), bien se le podría preguntar:

- ¿Tiene Vd. algún asunto profesional que pudiera no permitirle ejercer plenamente su responsabilidad pública?
- ¿Tiene Vd. o prevé tener alguna deuda fiscal?
-¿Hay algo relacionado con su persona que pueda hacer que a ojos de los ciudadanos su comportamiento sea dudoso?
- ¿Está Vd. dispuesto a abandonar el cargo cuando la permanencia en el mismo sea inconveniente para sus ciudadanos y para el partido?

- ¿Se compromete Vd. a no hacer (una retahíla de cosas)

El formulario de la empresa multinacional tiene muchas decenas (no sé si alguna centena) de preguntas.

¿Es tan difícil exigir un compromiso de honestidad, lealtad (con los ciudadanos) a los políticos? ¿No es capaz la dirección de un partido de hacer responder estas preguntas a sus representantes? ¿No es posible que el partido – en este caso Rajoy y los concejales – echen al alcalde?

El PP piensa apoyar al alcalde de Santiago incluso si se le imputa. De Andalucía, ni hablemos (ya explicaremos por qué Arenas ha perdido). En Castellón hay un monumento a ese tipejo..,

Rajoy, Rubacalba, daros una vuelta por esa multinacional que compromete a sus empleados a portarse bien. El procedimiento no es infalible, pero funciona. Preguntar, comprometer, despedir si el compromiso se ha roto. ¿Es difícil de entender? ¿Es difícil de aplicar?

Vamos, tíos, poneros las pilas que ya estamos hasta los huevos (con perdón) de siempre la misma historia.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Categoría: General

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