Los errores de la Iglesia

Dice nuestro buen amigo J. que el gran fracaso de la Iglesia se demuestra cuando ésta se muestra deseosa por intervenir en nuestras vidas mediante un cambio de legislación, como pudiera ser en el caso del aborto.

“La Iglesia Católica debería conseguir educar, transmitir sus mensajes en las Iglesias y en los colegios en los que participe y nunca a través de las leyes. Eso viene a demostrar el gran fracaso de la Iglesia que incapaz de transmitir creíblemente sus mensajes, se dedica a intervenir en el Estado intentado restar libertad al individuo”, viene a decir nuestro amigo.

Nos parece una buena reflexión. A la Iglesia le debería bastar con la cantidad de recursos que tiene – templos, colegios, feligreses – para convencer, influir en los ciudadanos al objeto que actuemos independientemente de lo que el Estado nos diga. Podría haber libertad para abortar y que la ciudadanía optase por no hacerlo gracias a la influencia de la Iglesia, sus sacerdotes y los creyentes dispuestos a hacer un legítimo proselitismo de sus ideas. Esa sería una Iglesia eficaz.

Estado e individuo aparecen tradicionalmente enfrentados y somos muchos los que pensamos (gracias por tu inspiración, Savater) que siendo necesario el Estado, debe prevalecer la opinión, la acción del individuo. Las religiones, los filósofos, las asociaciones o agrupaciones deben ayudarnos a formarnos una opinión, incluso hacer publicidad legítima de su moral y el individuo deberá decidir construir su propio código y ser consecuente con él (su ética).

El Estado tiene que organizarnos para asegurar el respeto mutuo en todos los órdenes (desde el orden en las calles hasta la solidaridad económica) y poco más.

Que la Iglesia de cualquier religión quiera intervenir en nuestras vidas a través de las leyes demuestra, además de su fracaso, su procedencia, que lejos de ser divina y perfecta es terrenal, egoísta, impositiva.

La Iglesia y otras instituciones – entre ellos los partidos políticos – deberían aplicarse con dureza, sin tolerancia, implacablemente los más elementales principios de moralidad y ética en sus propios comportamientos, antes de tener la de querer intervenir en nuestras vidas.

Aplicando estos sencillos e inteligentes pensamientos de nuestro querido amigo (que convivió durante muchos años con y en la Iglesia Católica) viviríamos mejor y con más sentido común.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Categoría: General

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