Colaborar

Estuvimos en el restaurante Rafael en Lima hace ya casi un año. Fuimos solos y entablamos conversación con el administrador de la sociedades del restaurador Rafael Osterling (el de la foto).

Le preguntamos por el secreto que hacía que el restaurante estuviera lleno, a pesar de ser un restaurante caro (y la comida está bien, pero no es para tanto). El administrador nos dijo que según su jefe, ese milagro era posible gracias al ambiente que los clientes fabricaban. “Sin este ambiente, sería imposible. Clientes y camareros colaboran juntos para propiciar este contexto que hace que todo fluya” vino a decirnos más o menos el administrador, mientras disfrutábamos viendo a los clientes que no paraban de entrar.

Colaborar es fuente de sentido común. Los clientes del restaurante no son unos estirados que hablan displicentemente a los camareros. Y los camareros no regatean ningún esfuerzo para complacer a sus clientes.

Los que no conocen la potencia del verbo colaborar, tratan a sus proveedores con superioridad y consiguen tener en vez de buen servicio a unos desgraciados serviles. Los del Partido del Sentido Común hemos sufrido el menosprecio de algún cliente que, lógicamente, hemos perdido sin habernos callado antes.

Los que no conocen la bondad del verbo colaborar son tan incapaces de generar un buen ambiente en un restaurante como llegar a entender – es demasiado complejo para ellos – que muchas veces perder es ganar.

Nos encontramos con una compañera de yoga y nos dice que acude todos los días a clase, que hace meditación y….todo lo que encuentre para encontrarse mejor. Necesita de lo que ella llama “esos recursos” para vencer unos malos tiempos.

“Lo estoy pasando mal, muy mal nos dice. Es por mi trabajo, soy profesora. Doy clases a niños de diez años y este año me ha tocado un grupo de niños que no tienen límite. Hay años con grupos buenos, otros años grupos no tan buenos y este año es el peor…” dice con serenidad al tiempo que con una profunda pena.

No entendemos que eso pueda ocurrir. Sabemos donde está el problema, lo hemos visto demasiadas veces. El problema está en los que no quieren colaborar. “¿Y los padres?”, le preguntamos.

“Eso es lo peor. Me han quitado la autoridad, puedo entender que no les guste por la razón que sea, pero no que sean los que propicien la actitud de sus hijos”.

Imagínate a esos padres, quejándose de la profesora delante de sus hijos de diez años. Animando a sus pequeñas bestias a atacar a la maestra que criticarán sin piedad.

Son pobres hombres y mujeres a los que el sonido de la alarma por la mañana es el equivalente a una llamada a la batalla en la que se sale a derribar al adversario, al precio que sea. Lo demás son, para ellos, ñoñerías y una mentira buenista. Combinar las palabras colaborar y sobrevivir les es imposible.

Nosotros seguimos.

¡Viva el Partido del Sentido Común! y esta profesora que conocimos

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Categoría: General

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