Buenismo o bonhomía

Nos acercamos a una pequeña librería del centro de Madrid. Entablamos conversación con el librero y hablamos sobre los libros que más se compran. “Los best sellers y los libros de auto ayuda”, nos dice el buen hombre.

¿Por qué se venderá tanto libro de auto ayuda?, le preguntamos. “Estamos mal, la sociedad está mal” nos responde. Echamos un vistazo a la gran sección de libros de auto ayuda.

Quizás sea que buscamos la solución fuera de nosotros, cuando la solución está en nosotros. Quizás buscamos mensajes que nos alienten a ver la vida de un color de rosa, cuando los colores de la vida se tiñen de colores muy variados y en muchas, muchísimas ocasiones de tonalidades oscuras con las que hay que aprender a convivir dignamente e incluso – ¿por qué no? – alegremente.

Es probable que busquemos acortar la búsqueda a través de caminos tramposos y pretendemos que unos libros peor que mejor escritos nos den las diez claves de la felicidad o las cien maneras para afrontar la vida de una forma optimista.

Ángeles Caso escribe un maravilloso artículo en el se puede leer “O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación -al menos la sensación- de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.” (Paloma, gracias por compartirlo). Gestionar esto llamado vida no se gestiona ni con uno ni con diez manuales.

Esos libros están cargados de buenismo como muchas de las conversaciones comunes que mantenemos . “Lo importante es sonreír” “Hay que mirar la vida con una actitud positiva”…”Pensamos en todas las personas…” y unas cuántas frases más, vacías, cargadas de buenas intenciones, de un recurrente buenismo. Eso sí, es mejor el buenismo que el malismo, que conste.

Muchos sacerdotes (los menos) mandaron mensajes buenistas mientras abusaban de niños. La Iglesia demostró con su tardanza en reaccionar que su bonhomía estaba lastrada, quebrantada.

Muchos políticos, amigos, nosotros mismos mostramos grandes diferencias entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos. Practicamos profesionalmente el buenismo, y no necesariamente la bonhomía

Deberemos poner el acento (que para eso lo tiene) en la bonhomía y no en el buenismo. Deberemos dejar de hablar para ponernos a actuar. La etimología de ambas palabras ya dice mucho, ¿no crees?

¡Viva el Partido del Sentido Común!

Diferenciamos entre los libros de auto ayuda y los libros de psicología y filosofía aplicada. Nuestros respetos a Marina, Savater, Hesse, Cury, Frankl, Gladwell, Goleman, Russell, Aierly por mencionar a unos de los muchos autores que nos han ofrecido una compañía rica y estimulante.

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Categoría: General

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