Efecto halo

En alguna medida, todos somos tanto víctimas como propiciadores del efecto halo.

Este efecto consiste en atribuir una serie de características a una persona partiendo de un primer rasgo. Solemos calificar y clasificar a una persona por cómo viste, habla, anda, escribe o gesticula. Partimos de una mísera información a partir de la cual nuestra imaginación, nuestro efecto halo, va atribuyendo cosas positivas y negativas a quien apenas conocemos.

Hay quienes son capaces de sugerir que conocen a una persona sólo por verla en la televisión una decena de ocasiones y decir con seguridad si es incluso buena o mala persona.

Traemos el efecto halo al espacio del Partido del Sentido Común por sendas anécdotas que nos ocurrieron en dos de las más importantes empresas de distribución de moda: El Corte Inglés (no tiene Twitter) y Cortefiel (@Cortefiel_es)

Fuimos en búsqueda de algún último chollo en las rebajas.Fue el pasado sábado en Madrid (@TurismoMadrid). Tal como solemos hacer cualquier fin de semana, vestimos con normalidad, discretamente, incluso de forma modesta, ropas que a nuestro juicio debieran pasar inadvertidas, que no invitaran a la clasificación.

En ambos lugares preguntamos a los dependientes -una de menos de 30 en El Corte Inglés y otro de más de 50 en Cortefiel – sobre información relativa a los artículos que queremos comprar (unos trajes).

Somos (bordeamos los 50 tacos) sorprendentemente tratados con un coloquial, desenfadado “tu” en vez de un aparentemente más respetuoso y apropiado “Vd.”. Eso nos ocurre con mucha frecuencia y nos gusta muchísimo. Preferimos ser tratados con confianza que con distancia. Aunque debemos decir que el tono de estos dos dependientes se acercaba más a las displicencia que a la confianza.

Estamos necesitados de ropa – hace tiempo que no comprábamos – y en ambos sitios nos decidimos por realizar la compra. En ese mismo momento, en el que manifestamos nuestra decisión por comprar lo que previamente nos habíamos probado, pasamos a ser automáticamente tratados por un respetuoso Vd. Tanto en un sitio como en otro.

Está claro que nuestra apariencia debe despertar una más que clara sospecha que no tenemos intención alguna de comprar y sólo de fisgar. Y esa apariencia es, al parecer, castigada con un supuestamente tuteo despreciativo.

Una vez que las palabras “me lo quedo” y el simultáneo gesto sacando una tarjeta de crédito se hacen todo en uno, el dependiente entiende que quien está delante pasa a otra categoría, el automatismo se pone en marcha y uno es tratado de Vd.

Realmente gracioso, aunque quizás – eso nos parece – poco profesional. Muy de nuestros días en los que una simple opinión hace que uno sea clasificado en un bando o en otro. En este espacio ya fuimos insultados y clasificados como fachas y como rojos en función de lo que en algún comentario hayamos escrito.

Como decíamos, gracioso (por decir algo) pero poco profesional. ¿Te suena?

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Categoría: General