La dificultad de ponerse en su lugar

C., una señora que conocimos hace unas semanas, estaba muy triste. La habían robado el bolso mientras comía en un restaurante donde, supuestamente, los que acuden van a comer y no a robar. C., nuestra protagonista, había cubierto su bolso con un abrigo y lo había dejado en una de las sillas desocupadas de la mesa donde almorzaba con una familiar.

“¿Cómo es posible que me hayan robado? No había nadie sospechoso, todos los que estaban allí tenían una pinta buenísima” se lamenta.

“La dificultad de prevenir un robo es directamente proporcional a la dificultad que tenemos de ponernos en el lugar del ladrón. Entender su falta de escrúpulos, su arrojo, su temeridad y esa alienación…, nos resulta imposible” le decimos.

Hoy nos ha venido a la mente esta reciente anécdota porque hemos sufrido la maldad de un tipo refugiado detrás de un cargo que ostenta en una institución académica. Este mal bicho incumple con su palabra sin importarle si ese incumplimiento pudiera acarrear graves perjuicios a aquel con quien ha incumplido.

Un desencuentro, una disparidad de criterios e incluso – como es este caso – el incumplimiento de la palabra dada, se consiguen mitigar con la bondad y buena disposición de las partes. Cuando tu interlocutor es malo, pretende abusar de una supuesta posición de poder, es cuando uno no sabe reaccionar porque le resulta muy difícil encontrar la manera de ponerse en el lugar del otro. Tener como motivación hacer daño al que está enfrente es un papel con el que la gran mayoría no empatizamos y por lo tanto no sabemos gestionar rápida y adecuadamente.

¿Qué puede hacer que una persona aparentemente normal perjudique a otra persona sin importarle las consecuencias? Lo desconocemos, pero debemos tratar de evitar que este tipo de personas se prodiguen.

Los del Partido del Sentido Común seguimos las instrucciones implícitas en la frase de Einstein “No me preocupa la gente que haga el mal, sino la gente que lo permite”. El chulo, malvado, displicente y egoísta ejecutivo tiene que ser depuesto del cargo que le permite hacer daño a nosotros y a otros muchos. Debemos intentar por todos los medios que no hayan más personas que sufran sus malas artes.

Nos resultará difícil seguirle la jugada y ponernos en su lugar. Tendremos que estar preparados para esconder nuestro bolso debajo de muchos más abrigos.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Categoría: General

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