Urdangarín y los que se pegan al de delante.

Conocí a una persona con la que me asocié hace ya muchos años. Me robó impunemente y la sociedad – verbal, basada en la buena fe entre las partes – se deshizo. Años más tarde, fui testigo de unos de sus robos de cuello blanco. Esta vez no era yo el más perjudicado. Lo gracioso es que el que aparentemente salía más perjudicado era también el principal beneficiado. Para ser más exactos, la perjudicada era la empresa que le empleaba y el beneficiado era él. En definitiva, un corrupto.

Me encontré con este corrupto en la República Dominicana (en Playa Bávaro) en 1989. Aún no sabía que era un corrupto pero allí, bajo las palmeras, me lo confirmó. “Seguiremos haciendo negocios con D” me dijo. D era el que le robaba a su empresa pero que le beneficiaba a él. Me levanté del cómodo refugio que nos brindaba las palmeras y me di media vuelta. Desde entonces, si le veo, me descojono de él. La última vez que supe de este corrupto, me dijeron que andaba por Málaga. Desconozco si sigue haciendo de las suyas.

He encontrado en mi vida profesional a mucho más tipos como este. Hay uno singularmente paradójico. Se las da de filósofo, parafraseando a los más grandes de la literatura y la música, al tiempo que formaba parte de un clan de corruptos a los que justificaba (“en la empresa pública se gana poco dinero”) para llevarse su parte. Sigue repartiendo conocimiento filosófico por las redes y de él tengo constancia que ya no hace nada – ni activa ni pasivamente – que pudiera ser considerado como criticable.

La corrupción ha estado extendida por nuestra vida empresarial tanto pública como privada, espero que la cosa haya disminuido. Supongo que todos sabíamos que eso era feo (yo lo he sabido de siempre), pero quizás aquellos que se hicieran los sordos ciegos y mudos no se dieron por enterado.

Algunos no nos enteramos que el tabaco era tan malo y nos pusimos a fumar. Quien se ponga ahora a fumar es que es gilipollas. Los que empezamos a fumar hace tantos años o lo hemos dejado o seguimos nicotinizados contra nuestra voluntad.

Algunos no debían saber que ir tan rápido por la carretera o sin guardar la preceptiva distancia de seguridad era tan peligroso. Quien ahora vaya rápìdo por la carretera o pegado al de delante como si fuera a darle un beso con el morro es un gilipollas.

Algunos debían pensar que pillar irregularmente de aquí y de allá no les iba a proporcionar más que dinero y el respeto de los que les rodean. Que nunca les pillarían porque ellos estaban por encima del bien y del mal. Hoy sabemos que la prensa investiga y que a los corruptos se les pilla – no a todos, desgraciadamente -.

Si uno es yerno del Rey, representa a nuestro país y piensa que puede coger de aquí y de allá es además de un ladrón, un tipo indeseable y lo más constatable de todo, un gilipollas.

No importa cómo Urdangarín se esté montando su defensa y si finalmente resulta absuelto por el juez. Tantos días sin objetar lo que los papeles demuestran, es suficiente para saber que éste, de deportista de la vida no tiene nada.

Eres un torpe.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

P.D. Por cierto, el tal D supo que había sido testigo de sus robos. Al poco tiempo me llamó y me ofreció que trabajara con él. Los ladrones suelen tener una gran desfachatez. Le dije que no, que ya me había robado una vez y que no quería volver a pasar por la misma experiencia. Él me contestó: “Bueno, bueno, eso es mejor que lo hablemos en otro momento. Te invito a cenar”, cambió el tercio. Me fui a cenar con él pero no sacó el tema. Una pena.

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Categoría: General

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