No son volubles. Son inteligentes

Un ciudadano de Madrid pregunta a un empleado del Ayuntamiento de Medina Sidonia que por qué los asidonenses (gentilicio de este pueblo gaditano) han decidido cambiar de alcalde – ahora el alcalde es de IU y hasta las elecciones de mayo el regidor era del PSOE -. El turista foráneo le dice al empleado municipal que no entiende el cambio, “con la cantidad de cosas que se han hecho”. El empleado, un joven que no llegará a los veinticinco años, se encoge de hombros.

Esta escena ocurre en una fabulosa obra arquitectónica que ha convertido un antiguo convento en un teatro de más de 400 plazas dotado de unos recursos maravillosos para las representaciones teatrales y una azotea con unas vistas de alucinar. El visitante no entiende por qué los asidonenses no votan al alcalde que les ha dado un teatro de tamañas características.

El hombre que no encuentra respuesta en el empleado se dirige, entonces, a sus acompañantes y les hace la misma pregunta, ¿por qué será que el pueblo no ha votado al alcalde que les ha dado tantas cosas? y él mismo se responde: “el pueblo es voluble”. Este hombre debe ser tonto o es político (o quizás las dos cosas al mismo tiempo) y estar aquejado de un sectarismo agudo que ha atacado cualquier reminiscencia de objetividad.

El pueblo no quiere teatros que no se usen. Le preguntamos al funcionario y nos dice entrecortadamente que “lleva poco tiempo (ocho meses) y todavía no hay programación”. El pueblo quiere ferias de muestras que generen riqueza. Los teatros que no se ocupan los quieren los políticos para que la placa que certifica el día que se inauguró el teatro donde aparece su nombre, les sobreviva.

Los votantes no quieren aeropuertos a los que nadie va y no tienen utilidad. Los aeropuertos que no sirven de nada, los quieren los políticos para hincharse de hacer y ganarse favores y para que la placa, de nuevo, les sobreviva.

El pueblo quiere escuelas, profesores motivados, quieren turistas que compren, quieren médicos que atiendan, que el agua y las alcantarillas funcionen y que los políticos se dediquen a gestionar que no a jugar con su dinero.

El madrileño que ponía en un compromiso al joven asidonense en el teatro Miguel Mihura de Medina Sidonia es un hombre con poco sentido común.

Aquí no le queremos.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Categoría: General