Frases prohibidas: Espero que entres en razón

Que dos personas disientan puede ser el origen de una nueva idea. Que dos personas disientan fomenta que podamos avanzar. Ya dijo Hegel que es “pensando los grandes pensamientos como aprendemos a pensar”.

Que dos personas disientan puede ser el origen de la discrepancia, “me ha quedado claro lo que tú piensas, pero no estoy de acuerdo con lo que dices”. Que dos personas disientan puede permitir que uno descubra que estaba equivocado: “nunca lo había pensado como ahora lo expones y he cambiado de idea”

Que dos personas disientan por una idea no debería ser el origen del conflicto, siempre y cuando las ideas que uno y otro expone sean respetables con la dignidad del interlocutor.

No entendemos como esta simple argumentación es tan difícil de ejercer cuando uno tiene poder y está en el Congreso de los Diputados representando a todos los españoles. Parece que llegado a ese punto uno pierde la educación, la compostura, el sentido común.

La jornada de hoy ha terminado con un señor que disentía de una señora que antes había expuesto sus ideas de forma amable, graciosa, anunciándole que no votaría a su favor. El señor no ha utilizado ninguna de las figuras antes expuestas que permitirían seguir conversando, construyendo (a pesar que el señor ha hablado constantemente de la necesidad del diálogo con el resto de las fuerzas políticas)

No, el señor ha terminado su alocución diciéndole a la señora que disentía con él “espero que durante la legislatura entre en razón”.

Cualquier persona en su sano juicio sabe que si se quiere dialogar, trabajar en equipo, ganarse al adversario o conseguir algo positivo de quien uno tiene enfrente, no debe decirle al otro “espero que entres en razón”. Esa sólo es una forma de fastidiar, molestar, joder…

El señor es el candidato a Presidente del Gobierno (¿tratará así a las personas que trabajen con él? ¿le hablará así a su mujer o a sus hijos?) y la señora es la portavoz de Unión Progreso y Democracia.

¿Es tan difícil utilizar el lenguaje con cierto sentido común? ¿Es posible anunciar que uno quiere dialogar y hacer todo lo posible por mantener el diálogo?

Seguro que nos iría mejor, nunca peor.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

P.D. Puedes encontrar más frases prohibidas tecleando en el buscador de arriba a la derecha “frases prohibidas” Esperamos que te gusten.

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Harvard y Esade

Una de las escenas que más llamaron la atención de aquellos que fuimos a ver la película “Inside Job” fue aquella en la que un decano de la Universidad de Harvard se enfrentaba a la cámara para explicarse sobre la crisis islandesa, origen de todas las crisis.

Suponemos que el “profesional” de Harvard había recibido a los periodistas para “hablar de la crisis” y no tenía ni idea de la encerrona en la que le iban a meter. Le preguntaron sobre la crisis islandesa y él iba respondiendo. Le mostraron un informe que él había firmado que decía que Islandia era un país seguro financieramente, que los bancos no tenían riesgo alguno. Él respondió – entre risas nerviosas – que la economía es así y que no siempre se puede acertar.

El periodista (uno de los de verdad) le dijo que es cierto, que uno puede equivocarse. Pero que aquí había indicios que la información que él proporcionaba – el informe era para el Gobierno Islandés – incluía información que él sabía que no era cierta; había cobrado más de 100.000 dólares por ese informe. El tipejo ya no sonreía, se le veía acojonado, tartamudeante y ansioso por acabar…

Espero – quizás no so lo podamos saber nunca – que los de Harvard le hayan echado a este tipo que aprovechando su conocimiento y la marca que le respaldaba se encargaba de malvender ambas cosas. Él, que era un afortunado, utilizó su fortuna para hacernos desafortunados a los demás.

Parece que en el caso Urdangarín pasa tres cuartos de los mismo. Unos profes del ESADE se aprovechan de su condición de “saber más” para poner su conocimiento al servicio de la corrupción, del egoísmo..del ventajismo. Si uno fuera profesor del ESADE y amigo del yerno del Rey, debiera aprovecharlo para hacer el bien.

De Urdangarín no digamos…Un tipo que utiliza su capacidad de influencia para hacer lo que hacía es un ser despreciable. No sólo por lo que hizo sino por lo que dejó de hacer, en las antípodas de sus actos.

Confíamos que los del ESADE despidan a sus profesores y no dejen que su institución quede manchada por unos indeseables que hacen uso de una posición de privilegio para privilegiarse y no privilegiar.

Los que alcanzan una determinada posición y consiguen generar capacidad de influencia tienen una responsabilidad que deben aceptar y, en cualquier caso, no mal usar. Es la responsabilidad para cambiar el mundo..

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Yamusukro

¿Te dice algo la palabra que encabeza este comentario?

Es la capital de Costa de Marfil, un país africano, fronterizo con Mali (capital Bamako), Burkina Fasso (Ouadagougou), Liberia (capital Monrovia)….

Esto es lo que están aprendiendo los y las chavales de trece años de segundo de la ESO. Tres años después, cuando estás cursando primero de bachillerato, recuerdas a duras penas algunas de las capitales y no tienes ni idea de por qué los africanos se matan entre sí y apenas entiendes por qué parecen condenados a morir de hambre, de sida, de malaria.

Sabes unas palabras impronunciables y no tienes criterio para entender la realidad, para actuar…

Hay 822.000 profesores en nuestro país que tienen tres problemas básicos:
1) Tienen que enseñar conocimientos que son inútiles, propios de otra época
2) No se sienten respaldados por la sociedad. Más bien criticados y molestados por demasiados padres que no saben el daño que hacen perjudicando la autoestima de nuestros profesores
3) Muchos de esos profesores – como consecuencia de lo anterior – han dejado de creer en su capacidad de influencia y dan clase hoy igual que hace cincuenta años teniendo en cuenta que los alumnos y el entorno es bien diferente.

La educación es el sexto tema que más preocupa a los españoles. La educación en la principal garantía para nuestra competitividad y la libertad de nuestros descendientes.

Llevamos años hablando y no actuamos. No creemos que sea importante saber qué es Yamusukro, creemos que es muy importante que los padres y todos en general hagamos sociedad con los profesores y que estos se pongan las pilas – muchos de ellos lo están deseando – para que cada clase sea fuente de conocimiento y valores para sus alumnos y que entre ellos compartan las mejores prácticas.

En este tema, más que en ninguno, es necesario y muy fácil aplicar el sentido común.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Política ficción

Dice nuestro buen amigo Fernando que hemos tenido suerte, que los españoles hemos tenido mucha suerte.

Dice que hemos tenido mucha suerte de tener como Presidente de Gobierno a Z durante estos últimos siete años y medio.

¿Te imaginas que hubiera ganado Rajoy en 2004?, nos pregunta. Y él mismo se contesta: “Lo hubiera hecho razonablemente bien y hubiera ganado en 2008″.

Fernando continúa: “Es innegable que la crisis tiene un componente internacional que nos habría afectado. En vez de cinco, tendríamos tres millones y medio de parados. Pero la sensación habría sido de descontento con el Gobierno y es más que probable que hubiéramos optado por cambiar de presidente de Gobierno.”

¿Y bien?, le preguntamos.

¿Te imaginas que en el entorno que ahora nos toca vivir llegara Z? ¡Sería terrible! ¡Hemos tenido mucha suerte!, concluye.

Es verdad, ¿te imaginas que ahora llegara Z?, pensamos.

No te preocupes, sólo es política ficción o una mala pesadilla.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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No son volubles. Son inteligentes

Un ciudadano de Madrid pregunta a un empleado del Ayuntamiento de Medina Sidonia que por qué los asidonenses (gentilicio de este pueblo gaditano) han decidido cambiar de alcalde – ahora el alcalde es de IU y hasta las elecciones de mayo el regidor era del PSOE -. El turista foráneo le dice al empleado municipal que no entiende el cambio, “con la cantidad de cosas que se han hecho”. El empleado, un joven que no llegará a los veinticinco años, se encoge de hombros.

Esta escena ocurre en una fabulosa obra arquitectónica que ha convertido un antiguo convento en un teatro de más de 400 plazas dotado de unos recursos maravillosos para las representaciones teatrales y una azotea con unas vistas de alucinar. El visitante no entiende por qué los asidonenses no votan al alcalde que les ha dado un teatro de tamañas características.

El hombre que no encuentra respuesta en el empleado se dirige, entonces, a sus acompañantes y les hace la misma pregunta, ¿por qué será que el pueblo no ha votado al alcalde que les ha dado tantas cosas? y él mismo se responde: “el pueblo es voluble”. Este hombre debe ser tonto o es político (o quizás las dos cosas al mismo tiempo) y estar aquejado de un sectarismo agudo que ha atacado cualquier reminiscencia de objetividad.

El pueblo no quiere teatros que no se usen. Le preguntamos al funcionario y nos dice entrecortadamente que “lleva poco tiempo (ocho meses) y todavía no hay programación”. El pueblo quiere ferias de muestras que generen riqueza. Los teatros que no se ocupan los quieren los políticos para que la placa que certifica el día que se inauguró el teatro donde aparece su nombre, les sobreviva.

Los votantes no quieren aeropuertos a los que nadie va y no tienen utilidad. Los aeropuertos que no sirven de nada, los quieren los políticos para hincharse de hacer y ganarse favores y para que la placa, de nuevo, les sobreviva.

El pueblo quiere escuelas, profesores motivados, quieren turistas que compren, quieren médicos que atiendan, que el agua y las alcantarillas funcionen y que los políticos se dediquen a gestionar que no a jugar con su dinero.

El madrileño que ponía en un compromiso al joven asidonense en el teatro Miguel Mihura de Medina Sidonia es un hombre con poco sentido común.

Aquí no le queremos.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Urdangarín y los que se pegan al de delante.

Conocí a una persona con la que me asocié hace ya muchos años. Me robó impunemente y la sociedad – verbal, basada en la buena fe entre las partes – se deshizo. Años más tarde, fui testigo de unos de sus robos de cuello blanco. Esta vez no era yo el más perjudicado. Lo gracioso es que el que aparentemente salía más perjudicado era también el principal beneficiado. Para ser más exactos, la perjudicada era la empresa que le empleaba y el beneficiado era él. En definitiva, un corrupto.

Me encontré con este corrupto en la República Dominicana (en Playa Bávaro) en 1989. Aún no sabía que era un corrupto pero allí, bajo las palmeras, me lo confirmó. “Seguiremos haciendo negocios con D” me dijo. D era el que le robaba a su empresa pero que le beneficiaba a él. Me levanté del cómodo refugio que nos brindaba las palmeras y me di media vuelta. Desde entonces, si le veo, me descojono de él. La última vez que supe de este corrupto, me dijeron que andaba por Málaga. Desconozco si sigue haciendo de las suyas.

He encontrado en mi vida profesional a mucho más tipos como este. Hay uno singularmente paradójico. Se las da de filósofo, parafraseando a los más grandes de la literatura y la música, al tiempo que formaba parte de un clan de corruptos a los que justificaba (“en la empresa pública se gana poco dinero”) para llevarse su parte. Sigue repartiendo conocimiento filosófico por las redes y de él tengo constancia que ya no hace nada – ni activa ni pasivamente – que pudiera ser considerado como criticable.

La corrupción ha estado extendida por nuestra vida empresarial tanto pública como privada, espero que la cosa haya disminuido. Supongo que todos sabíamos que eso era feo (yo lo he sabido de siempre), pero quizás aquellos que se hicieran los sordos ciegos y mudos no se dieron por enterado.

Algunos no nos enteramos que el tabaco era tan malo y nos pusimos a fumar. Quien se ponga ahora a fumar es que es gilipollas. Los que empezamos a fumar hace tantos años o lo hemos dejado o seguimos nicotinizados contra nuestra voluntad.

Algunos no debían saber que ir tan rápido por la carretera o sin guardar la preceptiva distancia de seguridad era tan peligroso. Quien ahora vaya rápìdo por la carretera o pegado al de delante como si fuera a darle un beso con el morro es un gilipollas.

Algunos debían pensar que pillar irregularmente de aquí y de allá no les iba a proporcionar más que dinero y el respeto de los que les rodean. Que nunca les pillarían porque ellos estaban por encima del bien y del mal. Hoy sabemos que la prensa investiga y que a los corruptos se les pilla – no a todos, desgraciadamente -.

Si uno es yerno del Rey, representa a nuestro país y piensa que puede coger de aquí y de allá es además de un ladrón, un tipo indeseable y lo más constatable de todo, un gilipollas.

No importa cómo Urdangarín se esté montando su defensa y si finalmente resulta absuelto por el juez. Tantos días sin objetar lo que los papeles demuestran, es suficiente para saber que éste, de deportista de la vida no tiene nada.

Eres un torpe.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

P.D. Por cierto, el tal D supo que había sido testigo de sus robos. Al poco tiempo me llamó y me ofreció que trabajara con él. Los ladrones suelen tener una gran desfachatez. Le dije que no, que ya me había robado una vez y que no quería volver a pasar por la misma experiencia. Él me contestó: “Bueno, bueno, eso es mejor que lo hablemos en otro momento. Te invito a cenar”, cambió el tercio. Me fui a cenar con él pero no sacó el tema. Una pena.

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