Frases prohibidas: Que cada cual saque sus conclusiones.

Es probable que Jordi González, el presentador de La Noria, tenga razón cuando dice que se siente censurado. Quizás González comparta que una importante parte de la población española no nos guste su programa, pero es probable que no comparta que creamos que su programa hace un enorme daño a la sociedad.

Es verdad, hay muchas opciones dónde elegir y podrían ser los espectadores los que decidieran lo que quieren ver. Somos muchos los que creemos que las televisiones tienen la obligación de cumplir y hacer cumplir su papel de educadores. Como dice nuestro amigo Félix, los niños pasan de media tanto tiempo viendo la tele como a sus profes (sí, ya sabemos que los niños no ven o no deberían ver La Noria. Hablamos de la tele como instrumento de influencia en el conjunto de la sociedad.)

No nos gusta que La Noria y otros programas hayan convertido a Mariñas, Marchante, Lozano, Esteban, Matamoros en figuras que se cuelan en nuestro salón insultándose unos a otros e incluso inventándose historias con la única justificación de entretenernos.

Nos gusta aún menos el mal perder de Jordi González. Dice que él no acusa a nadie cuando es preguntado sobre su velada acusación a Antena 3 sobre haber instigado un movimiento contra su programa.

Y utiliza una frase prohibida, cobarde, impropia de alguien que quiere defender dignamente su dignidad: “Que cada cual saque sus conclusiones” dice González. Así deja caer que hay alguien que se beneficia de su drama (la pérdida de anunciantes y el acoso mediático) y acusa sin tener la valentía de decir a quién acusa.

Siempre merece la pena ser algo más humilde, menos chulo. Por el bien de uno mismo que graciosamente suele ser también el bien de los demás.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Votar

Uno de los amigos del Partido del Sentido Común nos pregunta que a quién vamos a votar. Le contestamos que no sabemos a quién, que sabemos a quién no.

Le decimos que no podemos votar ni a R ni a R, aún sabiendo que uno de ellos dos será quien gobierne.

No podemos votar a Rubalcaba porque sus obras y las de su partido han hecho que España se parezca poco, en lo fundamental, a un país socialista. Las diferencias entre clases son evidentes para la estadística y para el paseante de cualquier ciudad española. Se han cargado a la clase media y han aumentado el número de pobres de solemnidad.

Como diría uno de nuestros ex-jefes, los socialistas han gobernado fijándose mucho en la espuma y poco en la cerveza.

No podemos votar a Rajoy. Ha sido permisivo con uno de los asuntos más sensibles para cualquier sociedad avanzada: la corrupción. Su organización estaba invadida por corruptos, desconocemos si la cosa sigue igual. La defensa de sus corruptos fue decir que el vecino tenía más. Lamentable.
Hay propuestas claras para mejorar la eficiencia del Estado y no las apoya (la eliminación de las diputaciones), son cómplices del derroche propio de los niños caprichosos que llevan a sus familias a la bancarrota.

“Pues vuestro voto no servirá” para nada nos dice el interlocutor que pregunta.

Ese es otro de los dramas que deberemos evitar. Los medios de comunicación sólo hacen caso a los dos partidos o haría caso a otro que se presentara y que llevara como cabeza de cartel a alguien muy poderoso (que les pagara) o a alguien muy mediático (que les produjera gracia). No creo que utilicen como rasero el que tiene propuestas inteligentes para los ciudadanos.

Los de UPyD tienen tantos votos en el conjunto de España con el PNV y además de no tener grupo parlamentario no pueden ir a exponer sus ideas.

De esta – no la crisis económica, sino la crisis social, la de valores que nos infecta desde hace mucho tiempo – no se sale con estos.

Sólo se sale con arrojo, con firmeza, con nuevas ideas y con mucho sentido común.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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No voy a pedir perdón

Hoy hemos presenciado una discusión entre dos personas de unos cincuenta años que casi acaban por pegarse.

Un señor había dejado su coche en doble fila. Otro caballero estaba intentando salir del sitio donde estaba estacionado su coche, cosa que el automóvil del primer señor le impedía.

Este segundo caballero ha entrado en la tienda donde presumía que podría estar el señor del coche en segunda fila. El señor de dicho automóvil ha salido y entre ellos he podido escuchar esta conversación

- ¿Ese es su coche? Pues estaba esperando.. – (dicho esto en un tono normal, nada afable, pero normal)
- Bueno, ha sido solo un minuto – replica el que sale de comprar y tiene su coche mal aparcado.
- Encima eso. No se va a disculpar, a pedirme perdón. Lo que me faltaba.
- Es que no me has dejado ni hablar.

La situación se ha ido violentando sin que – afortunadamente – llegaran a las manos, aunque en algún momento he creído que alguno de los dos iba a empezar la pelea.

El conductor del coche que estaba en segunda fila no conocía la palabra perdón.

Es tan altivo, chulo, desagradable como Jordi González, el presentador de La Noria.

Mira lo que dice este individuo al respecto de la petición de Campofrío de no tener su publicidad en ese programa: “”estudiantes y aficionados al marketing: una empresa de embutidos ha visto la oportunidad de una campaña de imagen que le sale gratis, y la ha aprovechado”.

No hace falta tener unos principios éticos demasiado desarrollados para saber que este presentador y sus secuaces han cometido un error al utilizar su poder para entrevistar y pagar a la madre de un imputado en un horrendo crimen.

Jordi González defiende su postura diciendo que “Nuestro trabajo es dar voz a todos”. ¡Qué frase tan bonita que encierra una gran tontería!

Si González hubiera optado por disculparse ante la audiencia, la sociedad y los anunciantes creeríamos que lo que creíamos (que utiliza la televisión de una forma inadecuada, haciendo un enorme daño a la sociedad) no era tan cierto.

Como González ha optado por ser chulo también con quienes le pagan en última instancia – los anunciantes, supongo que pretenderá que le reconozcamos su valentía, su gallardía, coherencia e integridad.

Pedir perdón, debe ser para González, sinónimo de cobardía. Rectificar debe ser para él un asunto indeseable, sólo propio de aquellos que no tienen principios. Disentir de lo que él opina es propio de gente sin ideas ni escrúpulos que se montan una campaña de marketing al albur de esa discrepancia.

Hay gente que tiene graves problemas para digerir lo que de forma equivocada han llegado a ser.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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