Debate

Los empleados de El Corte Inglés hacen manifestaciones porque el Presidente de la compañía ha decidido que los guardas de seguridad sean contratados a otra empresa.

¿A qué esto sonaría hilarante, una protesta sin sentido, estúpida?

En nuestra pequeña empresa tenemos subcontratados un servicio que está plenamente integrado en nuestra cartera de productos. Los que nos prestan el servicio – Javi, Jesús, Mario y otros compañeros – tienen una empresa con la que – sin mediar relación contractual formal – nos entendemos de maravilla. La relación entre las dos partes es honrada y beneficiosa para ambos.

¿Te suena bien?

Hay un debate instalado en la sociedad y en los partidos entre lo público y lo privado.

Los del Partido del Sentido Común creemos que la obligación de lo público es asegurar y controlar la prestación de determinados servicios. No es necesario que los prestatarios del servicio sean funcionarios. De hecho, es mejor que no lo sean.

Los profesores de instituto son peores que los profesores de los colegios concertados y privados, no porque cobren menos (que en muchos casos cobran más) sino porque están funcionarizados (adjetivo peyorativo), peor organizados y sienten menos la presión de la mejora continua que es imprescindible en un entorno competitivo que ayuda a mejorar.

Los gestores de las televisiones públicas son peores gestores porque, por lo general, están peor elegidos, tienen fijados objetivos que no casan con el interés general y juegan con dinero cuya procedencia parece etérea, porque es de todos. Cada madrileño – sea bebé, ejecutivo o moribundo – debe 40 € de media solo por la deuda acumulada de Telemadrid. Una auténtica vergüenza que hace mucho daño vistos los acontecimientos.

Este año se cumplen 100 años del primer contrato de servicios con un Ayuntamiento. Las alcantarillas, el agua, la basura las limpian y recogen unos señores que son pagados por una empresa privada a través de un contrato que regula claramente las relaciones entre el Ayuntamiento y dicha empresa.

¿Es necesario que el profesor, el médico, el basurero, el periodista sean empleados públicos? No, rotundamente, no.

Necesitamos empleados públicos – políticos – que sepan elegir bien qué hacer con el dinero, contratar a aquellos que saben prestar bien el servicio y a buen precio, controlarles. Renovarles si lo hacen bien y echarles si no cumplen con lo pactado. Ese empleado público tiene que ser inteligente e incorruptible.

Trabajar en la función pública es, por lo general (siempre hay honrosas excepciones) un chollo para aquellos que no les gusta trabajar, pensar.. y es un tormento para aquellos que les hierve la sangre pensando cómo pueden participar activamente para hacer de este un mundo mejor.

Muchos funcionarios empiezan con ilusión su trabajo, pero acaban – lógicamente – contagiados por el entorno en el que viven.

Menos funcionarios, muchos menos. Para ellos, la misma exigencia, responsabilidad y flexibilidad que un trabajador de una empresa privada.

Es cuestión de puro sentido común.

Como el que aplica El Corte Inglés o nuestra pequeña empresa.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Categoría: General