Cadena de favores

A las puertas de la confección de las listas para las próximas elecciones generales vemos cómo se logra pervertir aquel maravilloso mensaje del alumno en la película “Cadena de favores”.

En esa película, el alumno da respuesta al reto que el profesor (Kevin Spacey) plantea sobre cómo se podría mejorar el mundo. La propuesta del alumno es que una persona le haga un favor a tres y estos tres a otros tres… De esa manera lograríamos un mundo mejor. Cierto es, creo que todos estamos de acuerdo.

La cadena de favores del circo de las elecciones es parecida a la que propone la película. Pero en vez de arreglar el mundo, está camino de destruirlo. Es terrible.

Una persona con cierto poder en un partido insiste en la necesidad que otra persona sea candidata. E insiste tanto, incluso llega a amenazar al partido con sublevarse… y movilizar a los que esperan sus favores para que dejen de hacer el favor al partido. El candidato en cuestión quiere llegar a ser diputado para poder hacer muchos favores, al menos a otros tres amigos.

También puede ocurrir que el que hace las listas sabe que tiene que poner a una determinada persona y en un puesto suficientemente alto como para que salga elegida. Esa persona es de una corriente determinada (p.ej. Izquierda Socialista en el PSOE) que es importante dentro del partido. No se puede dejar fuera a esa persona – por inútil que sea – porque de lo contrario no haría los tres favores pertinentes al que hace las listas.

La persona “elegida” (impuesta, más bien)es, a su vez, importante porque otras personas le han aupado y esperan que cuando sea elegido reparta los favores que puede repartir, que son muchos (normalmente muchos más de tres, por eso todo va tan rápido y tan bien)

Estas personas que reciben el favor del diputado, senador o lo que sea, tienen también expectantes a otras personas, empresas. Estos saben que si el amigo del amigo logra el cargo público deseado, ellos resultarán beneficiados porque saben del compromiso que el candidato ha adquirido y así conseguir darle más solidez a la cadena de favores.

La cadena de favores es imparable. No importa quién es el diputado, sólo sabemos que a él o ella se le debe un favor y que él o ella está dispuesto a repartir otros tantos favores.

Lee la prensa de estos días. Da asco ver cómo Tomás Gómez presiona para que un amigo suyo sea diputado, como a un ministro le ponen de número uno por Zamora del PSOE, cómo los del PP no saben que hacer con los alcaldes más influyentes que quieren ser diputados.

Vomitamos. Con la cadena de favores se fabrican bigotes, gurtels, filesas, y otros miles de pequeños entramados que no tienen como objetivo servir mejor al ciudadano.

Politicastros, debéis leer a Aristóteles (Ética a Nicómaco). Muchos – sobretodo los que os dejáis presionar y elegís mal sólo por mantener esta cadena de favores – no tenéis ni siquiera dignidad.

Todos sabemos que Z llegó a ser candidato del PSOE por la cadena de favores, no porque fuera ni de lejos el mejor. Así nos ha ido.

Los del Partido del Sentido Común no podemos votar ni a los del PSOE ni a los del PP. Unos y otros protagonizan una película que no nos mola nada.

Sus líderes no tienen valor (huevos) para elegir a los mejores y siguen poniendo a aquellos que tuvieron la habilidad de formar parte de la cadena de favores.

¡Cobardes! ¡Inútiles! ¡Desgraciados!

¡Viva el Partido del Sentido Común!

Share
Categoría: General