Cada vez más mendigos

He pasado hoy por la Plaza de Mayor de Madrid. Es el sitio en el que dan cita filatélicos y numismáticos para atender a coleccionistas todos los domingos.

Este paseo me ha recordado un episodio de mi vida anterior, cuando en su día fuera comerciante de sellos.

Érase una vez que se era un joven llamado Antonio que se dedicaba, como servidor, a vender sellos. Su inteligencia y dedicación era muy superior a la mía y ello se notaba tanto en el tamaño de su puesto en la Plaza Mayor como en todo lo que vendía y compraba.

Antonio era rico – para su edad – con el comercio de los sellos. Conseguía ser un importante activador del mercado, prestando buen servicio a sus clientes y eligiendo a los proveedores más adecuados.

Antonio se hizo mucho más rico cuando descubrió la especulación. Eligió una serie de sellos – la Europa del 61 o más conocida como la paloma del 61 (la que sale en la fotografía). Se dedicó a comprar sigilosamente la serie a todos los comerciantes que había en la Plaza Mayor y en alguna de las principales filatelias. Había detectado que había oferta suficiente para la demanda, pero si esta se incrementaba artificialmente los precios aumentarían inmediatamente.

Así fue. Empezó comprando muchas series muy baratas. Las últimas le costó más caras pero se produjo una demanda de la Paloma del 61 en todos los puestos. Él mantuvo el stock de los sellos y fue vendiendo las series a precios que eran siete veces superior a los comprados.

Las últimas series las vendería más baratas, supongo. Había hecho un gran negocio y la Europa del 61 no volvió hasta mucho tiempo después a sus precios originales.

Nadie puede regular la inteligencia de Antonio dispuesta a fabricarle una mayor riqueza sin que los coleccionistas de sellos se beneficien en nada.

Pero alguien sí puede regular la inteligencia improductiva de miles y miles de personas que suben, bajan, intercambian dinero sin que se produzca más alimento, mejor calidad en la prestación de los servicios y ni siquiera más dinero en forma de crédito para aquellos que sí están dispuestos a producir para mejorar la vida de los demás.

La responsabilidad de los gobiernos es desregular para facilitar la colaboración entre unos y otros.

La responsabilidad de los gobiernos es regular para impedir que esa colaboración resulte favorable a unos pocos y perniciosa para la mayoría.

Cada día hay más gente pidiendo, mendigando para comer en Madrid. Es un panorama horrible, desolador, triste que nos está cambiando el humor.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

P.D. Hace algunos meses fui a ver la película Inside Job, que nos enseñaba quiénes y cómo funcionaban los que tanto daño nos han hecho, nos siguen haciendo y están más que dispuestos a seguir haciéndolo . Observamos con estupor que la cobardía de los gobernantes en materia financiera es la misma que a la hora de regular la función de la televisión (una concesión administrativa).

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Categoría: General