Chacón y Pimentel

Es curioso. La ex-ministra de Defensa boliviana se apellida igual que la ministra de Defensa del Gobierno de España.

Cecilia Chacón ha dimitido. Lo ha hecho porque considera injustificable la violencia con la que la Policía ha arremetido contra los indígenas que se manifiestan contra las obras que atraviesan su selva.

Creo que los indígenas pensarán que están en medio de una pesadilla esquizofrénica con un presidente indígena que les maltrata. Señora Chacón, los del Partido del Sentido Común le presentamos nuestros respetos.

La dimisión de Cecilia Chacón nos hace pensar sobre el ministro más querido y admirado de nuestra democracia: Manuel Pimentel.

Pimentel hizo lo propio. Dejó su puesto porque permanecer en él hubiera sido asentir, otorgar con aquello con lo que no comulgaba: participar de la invasión de Irak. Salió en silencio y a pesar de haberse ido tan elegantemente, los que se quedaron nunca le perdonarán que fuera tan honesto porque su honestidad está peleada con los intereses de la secta. Los miembros de la secta son incapaces de pensar porque han delegado esa función a otros que lo hacen por ellos.

Nos ponemos a comparar a Pimentel con Rubalcaba o con Rajoy y volvemos a preguntarnos qué es lo que estamos haciendo tan mal. Nuestro sistema expulsa a los mejores, a los que hacen algo más que hacer lo que le dice el aparato, el partido o llámale como quieras..

Vemos a Cospedal por la mañana escuchando a Rajoy en una rueda de prensa. Lo hace desde la primera fila de la sala y asintiendo cual pelota, mientras su jefe habla. Si fuera castellano manchego me preguntaría qué cuernos hace esa señora, que es mi presidenta, moviendo la cabeza de arriba abajo y con los ojos entrecerrados para enfatizar su interés que debe ser inexistente. Rajoy cuando habla, duerme a las ovejas.

Por la tarde vemos a Cospedal – otra vez en Madrid – en la presentación del libro de Pedro J. Si fuera castellano manchego me preguntaría si no hay ningún libro que se presente en Toledo, en Albacete, en Cuenca o en Valdepeñas que merezca que la Presidenta lo apoye.

Compara a Cecilia Chacón y Pimentel con lo que nos rodea. Hay algo palpable, claro, rotundo que les distingue a unos de otros.

Es el Sentido Común.

¡Viva Cecilia Chacón! ¡Viva Manolo Pimentel!

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Cadena de favores

A las puertas de la confección de las listas para las próximas elecciones generales vemos cómo se logra pervertir aquel maravilloso mensaje del alumno en la película “Cadena de favores”.

En esa película, el alumno da respuesta al reto que el profesor (Kevin Spacey) plantea sobre cómo se podría mejorar el mundo. La propuesta del alumno es que una persona le haga un favor a tres y estos tres a otros tres… De esa manera lograríamos un mundo mejor. Cierto es, creo que todos estamos de acuerdo.

La cadena de favores del circo de las elecciones es parecida a la que propone la película. Pero en vez de arreglar el mundo, está camino de destruirlo. Es terrible.

Una persona con cierto poder en un partido insiste en la necesidad que otra persona sea candidata. E insiste tanto, incluso llega a amenazar al partido con sublevarse… y movilizar a los que esperan sus favores para que dejen de hacer el favor al partido. El candidato en cuestión quiere llegar a ser diputado para poder hacer muchos favores, al menos a otros tres amigos.

También puede ocurrir que el que hace las listas sabe que tiene que poner a una determinada persona y en un puesto suficientemente alto como para que salga elegida. Esa persona es de una corriente determinada (p.ej. Izquierda Socialista en el PSOE) que es importante dentro del partido. No se puede dejar fuera a esa persona – por inútil que sea – porque de lo contrario no haría los tres favores pertinentes al que hace las listas.

La persona “elegida” (impuesta, más bien)es, a su vez, importante porque otras personas le han aupado y esperan que cuando sea elegido reparta los favores que puede repartir, que son muchos (normalmente muchos más de tres, por eso todo va tan rápido y tan bien)

Estas personas que reciben el favor del diputado, senador o lo que sea, tienen también expectantes a otras personas, empresas. Estos saben que si el amigo del amigo logra el cargo público deseado, ellos resultarán beneficiados porque saben del compromiso que el candidato ha adquirido y así conseguir darle más solidez a la cadena de favores.

La cadena de favores es imparable. No importa quién es el diputado, sólo sabemos que a él o ella se le debe un favor y que él o ella está dispuesto a repartir otros tantos favores.

Lee la prensa de estos días. Da asco ver cómo Tomás Gómez presiona para que un amigo suyo sea diputado, como a un ministro le ponen de número uno por Zamora del PSOE, cómo los del PP no saben que hacer con los alcaldes más influyentes que quieren ser diputados.

Vomitamos. Con la cadena de favores se fabrican bigotes, gurtels, filesas, y otros miles de pequeños entramados que no tienen como objetivo servir mejor al ciudadano.

Politicastros, debéis leer a Aristóteles (Ética a Nicómaco). Muchos – sobretodo los que os dejáis presionar y elegís mal sólo por mantener esta cadena de favores – no tenéis ni siquiera dignidad.

Todos sabemos que Z llegó a ser candidato del PSOE por la cadena de favores, no porque fuera ni de lejos el mejor. Así nos ha ido.

Los del Partido del Sentido Común no podemos votar ni a los del PSOE ni a los del PP. Unos y otros protagonizan una película que no nos mola nada.

Sus líderes no tienen valor (huevos) para elegir a los mejores y siguen poniendo a aquellos que tuvieron la habilidad de formar parte de la cadena de favores.

¡Cobardes! ¡Inútiles! ¡Desgraciados!

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Cada vez más mendigos

He pasado hoy por la Plaza de Mayor de Madrid. Es el sitio en el que dan cita filatélicos y numismáticos para atender a coleccionistas todos los domingos.

Este paseo me ha recordado un episodio de mi vida anterior, cuando en su día fuera comerciante de sellos.

Érase una vez que se era un joven llamado Antonio que se dedicaba, como servidor, a vender sellos. Su inteligencia y dedicación era muy superior a la mía y ello se notaba tanto en el tamaño de su puesto en la Plaza Mayor como en todo lo que vendía y compraba.

Antonio era rico – para su edad – con el comercio de los sellos. Conseguía ser un importante activador del mercado, prestando buen servicio a sus clientes y eligiendo a los proveedores más adecuados.

Antonio se hizo mucho más rico cuando descubrió la especulación. Eligió una serie de sellos – la Europa del 61 o más conocida como la paloma del 61 (la que sale en la fotografía). Se dedicó a comprar sigilosamente la serie a todos los comerciantes que había en la Plaza Mayor y en alguna de las principales filatelias. Había detectado que había oferta suficiente para la demanda, pero si esta se incrementaba artificialmente los precios aumentarían inmediatamente.

Así fue. Empezó comprando muchas series muy baratas. Las últimas le costó más caras pero se produjo una demanda de la Paloma del 61 en todos los puestos. Él mantuvo el stock de los sellos y fue vendiendo las series a precios que eran siete veces superior a los comprados.

Las últimas series las vendería más baratas, supongo. Había hecho un gran negocio y la Europa del 61 no volvió hasta mucho tiempo después a sus precios originales.

Nadie puede regular la inteligencia de Antonio dispuesta a fabricarle una mayor riqueza sin que los coleccionistas de sellos se beneficien en nada.

Pero alguien sí puede regular la inteligencia improductiva de miles y miles de personas que suben, bajan, intercambian dinero sin que se produzca más alimento, mejor calidad en la prestación de los servicios y ni siquiera más dinero en forma de crédito para aquellos que sí están dispuestos a producir para mejorar la vida de los demás.

La responsabilidad de los gobiernos es desregular para facilitar la colaboración entre unos y otros.

La responsabilidad de los gobiernos es regular para impedir que esa colaboración resulte favorable a unos pocos y perniciosa para la mayoría.

Cada día hay más gente pidiendo, mendigando para comer en Madrid. Es un panorama horrible, desolador, triste que nos está cambiando el humor.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

P.D. Hace algunos meses fui a ver la película Inside Job, que nos enseñaba quiénes y cómo funcionaban los que tanto daño nos han hecho, nos siguen haciendo y están más que dispuestos a seguir haciéndolo . Observamos con estupor que la cobardía de los gobernantes en materia financiera es la misma que a la hora de regular la función de la televisión (una concesión administrativa).

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Saber perdir perdón

“Quien tiene boca se equivoca” ha sido la forma de pedir perdón de Esperanza Aguirre.

Por una parte bien, por otra mal.

Bien porque reconoce su error. Mal porque esa forma de pedir perdón no tiene la misma categoría que el agravio de sus falsas acusaciones sobre la falta de trabajo de los profesores.

Sólo hubiera cabido dirigirse a la cámara y pedir perdón. “Estuve muy desafortunada con mis declaraciones de ayer. Creo haber hecho un daño irreparable a quienes son tan importantes para todos nosotros.”. Sólo cabría una claridad como esta que sugerimos, una mirada sincera y un texto contundente. Pedir perdón no es perder la guerra, es una acto de gallardía, honradez, credibilidad.

Esperanza, si quieres te hacemos los discursos. Necesitas que a tu indudable inteligencia, capacidad de liderazgo se le sume una buena dosis de humildad, modestia y talante (no el de ZP, obviamente).

Quizás así consigas sentirte mejor contigo misma y nos hagas sentir mejor a los demás.

Por puro sentido común.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Saber decir

Creemos como tú, lector del Partido del Sentido Común, que es importante cómo se dicen las cosas.

Es importante tener las ideas claras y saber decirlas.

Si quien habla dice las cosas mal está destinado a fastidiarla.

Esperanza Aguirre ha dicho mal las cosas y la ha fastidiado. Semejante torpeza merece una disculpa que ojalá ofrezca algún día.

Los profesores no se dedican únicamente a dar clase, Esperanza.

Corrigen exámenes, reciben a padres, estudian nuevas maneras de dar mejor la clase, se reúnen con otros profesores y con los directores de los centros, están en el recreo, se dedican a pensar, a preparar el material para la clase de mañana…

Intentar enfrentarles con el resto de los madrileños que trabajamos es una mala y detestable idea.

Esperanza: ¿Cuáles son las horas que debemos contar de tu trabajo? Nuestra modesta opinión, siguiendo tu particular forma de ver las cosas, es que sólo aquellas en las que tomes decisiones y hagas cosas concretas por la Comunidad de Madrid. (El tuteo es cariñoso, de cercanía, costumbre del Partido del Sentido Común, espero que no te moleste)

Todo el tiempo que pasas en la Asamblea, hablando a la prensa, en tu Consejo de Gobierno, inaugurando lo que te toque inaugurar, haciendo campaña, visitando hospitales no te lo vamos a contar como tiempo de trabajo.

¿Cuántas horas son las que realmente trabajas siguiendo esa norma? Diez, doce, quince a la semana.

Y es ahora cuando te decimos: “Hay muchos madrileños – incluidos los profesores – que trabajan más que tú.” ¿A qué fastidia?

Ya es mala idea quitarle dinero a la enseñanza, pero comunicarlo así, es estúpido (te hace mal a ti y hace un daño enorme a la sociedad). Has dejado a los profesores con los glúteos al aire, has propiciado que aquellos que ya les han dado la espalda ahora se la den más.

Entre otras y muy importantes funciones de una Presidenta de la Comunidad de Madrid está saber decir las cosas.

Te deseamos más suerte, más inteligencia y mucho más sentido común la próxima vez que hables. Por favor.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

Te dejamos con este vídeo que demuestra que además es recomendable ser coherente en la vida.

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