El pie

Ayer subí al tren en la estación de Atocha (Madrid) con dirección a San Lorenzo del Escorial y fotografié este pie.

Fue un viaje entretenido. Un cantante con una voz impresionante. Entre los pocos que habitábamos el vagón había otra cantante que le preguntó si solía cantar en el metro. Ante su respuesta afirmativa, los dos se bajaron en una estación, quizás les veamos algún día como pareja artística.

Unos chicos corrían de vagón en vagón. Supongo que se habían subido sin billete y huían del revisor.

Y una chica. La chica del pie. La chica contra la que debiéramos indignarnos. La chica que no respeta las reglas, la chica maleducada, que no respeta..

Creo que se subió en la estación de Villalba. Más que sentarse, se dejó caer e inmediatamente puso el pie encima de la butaca de enfrente.

Unos minutos más tarde pasaban unos guardas de seguridad que velan por el buen comportamiento de los viajeros. La hicieron una sutil indicación y ella bajó rápidamente el pie.

Los guardas siguieron su camino, se fueron al siguiente vagón y la chica, de unos diecisiete años, volvió a poner el pie encima de la butaca. Estuve pusilánime y no le dije nada, por pura cobardía. Sus gestos y su cara comunicaban cabreo, desagrado, agresividad.

Empecé a barruntar. ¿Cómo puede haber llegado esta chica a ser así? ¿Qué no hicieron sus padres para poder concienciarla en el respeto a los demás y a las cosas que son de todos?

Como dice el buen amigo Félix, uno llega a la profesión de padre o a la de jefe sin que nadie le haya instruido en la materia. Quizás la Administración Pública tan propensa en gastar mal y arbitrariamente nuestros recursos, pueda pensar en cómo conseguir darle pistas a los padres para que los pies estén en su debido sitio.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Categoría: General

1 Response

  1. Alejandro dijo:

    Cierto, eso no es casual -lo de poner el pie.-

    A muchos ni se nos pasa por la cabeza, porque en su momento (y es un momento del que casi ninguno seríamos capaces de recordar el cómo ni el cuándo), alguien nos corrigió en casa algún comportamiento similar, explicándonos por qué no era correcto actuar así.

    De modo que, en efecto: la chica y su pie no son sólo “la chica y su pie”, sino más probablemente “la madre que la parió” o “los padres que no la corrigieron”.

    Así nos luce el pelo… Y por cierto, cobardes -así entendidos- lo somos casi todos, Leo.

    Enviado el junio 20th, 2011 a las 16:31

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