Condición necesaria y suficiente

Este es el texto de una conferencia que he dado en la clausura de los másteres de Dirección de Recursos Humanos y Dirección Internacional en la Universidad Carlos III.

Alumnos fantásticos, gran ambiente y agradecimiento a Julio Cerviño por su invitación

Hace falta un cuarto de hora para leerlo..

El link en Facebook

O también puedes verlo en este link.

http://es.scribd.com/doc/59084689/Condicion-Necesaria-y-Suficiente

Espero que te guste.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Nadie (o casi nadie) duda

Creo que nadie, o casi nadie duda que Emilio Botín es una persona muy inteligente. Creo que nadie o casi nadie duda que Botín es un excelente banquero y que el Banco Santander es un gran banco.

Creo que nadie, o casi nadie duda que Pablo Isla es también muy inteligente, un gestor de primera. Creo que nadie o casi duda que ha conseguido hacer de Inditex algo más grande de lo que ya era y que Zara y el resto de marcas nos hacen sentirnos muy orgullosos.

Creo que nadie, o casi nadie duda que cualquiera de los treinta y pico empresarios o directivos que en su día se reunieron con Zapatero son muy inteligentes. Mucho, mucho, mucho.

Y creemos que nadie o casi nadie duda que cada uno de ellos podría hacer más por el conjunto de la sociedad.

Sabemos que los Gobiernos dependen de ellos. Sabemos que la media de los políticos y Z en particular no son, ni de lejos, lo inteligentes, hábiles que son ellos.

Necesitamos que su inteligencia aplicada tan brillantemente a su negocio nos la alquilen gratuitamente para el resto de los mortales que habitamos en este país.

Nadie o casi nadie duda que tenemos buenos periodistas, grandes comunicadores.

Nadie o casi nadie duda que no utilizan su influencia lo suficiente como para cumplir debidamente con lo que la sociedad necesitamos.

A mí me gustaría ver a Matías Prats, Pedro Piqueras, Ana Blanco, Iñaki Gabilondo hacer lo que este periodista brasileño (gracias, Siroco) hizo..

Creemos que nadie o casi nadie duda que los diputados españoles son en su mayoría unos pelotas porque se deben a su partido político antes que a sus ciudadanos.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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El pie

Ayer subí al tren en la estación de Atocha (Madrid) con dirección a San Lorenzo del Escorial y fotografié este pie.

Fue un viaje entretenido. Un cantante con una voz impresionante. Entre los pocos que habitábamos el vagón había otra cantante que le preguntó si solía cantar en el metro. Ante su respuesta afirmativa, los dos se bajaron en una estación, quizás les veamos algún día como pareja artística.

Unos chicos corrían de vagón en vagón. Supongo que se habían subido sin billete y huían del revisor.

Y una chica. La chica del pie. La chica contra la que debiéramos indignarnos. La chica que no respeta las reglas, la chica maleducada, que no respeta..

Creo que se subió en la estación de Villalba. Más que sentarse, se dejó caer e inmediatamente puso el pie encima de la butaca de enfrente.

Unos minutos más tarde pasaban unos guardas de seguridad que velan por el buen comportamiento de los viajeros. La hicieron una sutil indicación y ella bajó rápidamente el pie.

Los guardas siguieron su camino, se fueron al siguiente vagón y la chica, de unos diecisiete años, volvió a poner el pie encima de la butaca. Estuve pusilánime y no le dije nada, por pura cobardía. Sus gestos y su cara comunicaban cabreo, desagrado, agresividad.

Empecé a barruntar. ¿Cómo puede haber llegado esta chica a ser así? ¿Qué no hicieron sus padres para poder concienciarla en el respeto a los demás y a las cosas que son de todos?

Como dice el buen amigo Félix, uno llega a la profesión de padre o a la de jefe sin que nadie le haya instruido en la materia. Quizás la Administración Pública tan propensa en gastar mal y arbitrariamente nuestros recursos, pueda pensar en cómo conseguir darle pistas a los padres para que los pies estén en su debido sitio.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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A Nadal no le apetece jugar al tenis

Me gustaría saber cuántos profesores utilizarán la excelente entrevista que el periódico EL PAÍS le hace a nuestro Rafa Nadal (patrimonio de todos)

Uno de los principales incovenientes de muchos de nuestros jóvenes es su escasa capacidad de sacrificio y dificultad para implicarles en un proyecto. No es su culpa, es la nuestra, sus padres, que les hemos educado dándoles todo – sobretodo lo que no necesitaban – y diciéndoles desde pequeños que estábamos hasta el gorro de trabajar tanto, que nuestro jefe era un indeseable y que estábamos deseando que nos tocara la lotería.

Fuimos malos padres, diciendo tantas veces todo lo que sentíamos hasta convertirlo en un mensaje que ha calado en lo más profundo de su ser. Será difícil recuperar esa necesaria cultura del sacrificio y dignificación del trabajo. Se nos olvidó que la labor de padre es un personaje que no necesariamente tiene que casar con promocionar las debilidades de nuestra persona.

No me atrevo a afirmar que todos los jóvenes (Marta, ya sé que curras mucho y estás haciendo una segunda carrera) les ocurra lo mismo. Pero podríamos decir que una parte significativa de nuestra juventud tiene pereza y que cuánto menos se trabaje mejor : “no quiero trabajar mucho, no vaya a ser que me exploten”.

Creo que sólo alguien como Nadal puede ser suficiente estímulo para los jóvenes. Todos queremos ser Nadal. Nos gustaría jugar como él, ser exitoso y sobretodo nos gusta su persona. Él dice que “humildad sí, tontería no”

Nadal afirma que para ganar hay “que querer trabajar cuando no te apetece. Saber aguantarte en los momentos complicados pensando que van a cambiar. Ser lo suficientemente tozudo para pensar que las cosas saldrán bien cuando no salen a la primera ni a la décima. Que la mente esté preparada para asumir las dificultades para así poder superarlas”.

Y añade que le hubiera gustado ir más por su casa, que muchas veces no le apetece jugar al tenis.

Le llevo ¡veintitrés años! a Nadal. Casi le doblo en edad y esas palabras me han animado un montón, quiero imitarle desde ya y morderme la lengua y tirar mi desánimo cada vez que una contrariedad aparece.

Deseamos que mañana cientos, miles de profesores se lleven la entrevista de Nadal al colegio y la compartan. Que por unos minutos aparquen las derivadas y la segunda guerra mundial y consigan que nuestros alumnos aprecien el valor del trabajo bien hecho, del esfuerzo. A mí me gustaría ir a esa clase para ver si aprendo de una puñetera vez. Esos mensajes construirán un mundo mejor, ¿no crees?

Ese objetivo debería formar parte de cualquier sistema educativo. Por puro sentido común.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Limitaciones

Estoy en clase de yoga, hace tiempo que no iba. Le digo al profesor que no llego a hacer una postura – el arado – y que hay algo que debo estar haciendo mal.

“No” – me contesta, “tu cuerpo tiene unas limitaciones y tienes que aceptarlas”.

Sigo concentrado tratando de respirar adecuadamente mientras hago los ejercicios, pero pienso que es un buen tema para el Partido del Sentido Común.

Conocer y aceptar las limitaciones es una habilidad que hay que desarrollar. Voy a intentar seguir practicando el arado y tengo como objetivo llegar a hacerlo algún día bien…, pero sé que no podré hacerlo como la vecina de esterilla que dobla su espalda como si de un chicle se tratara. En cambio, a mí me sale mejor la postura sobre la cabeza y el triángulo.

Que hay que decirlo todo (lo bueno y lo malo), digo yo.

Las charlas de los motivadores, los vídeos que más nos pasamos en You Tube, el discurso del político, del padre, del empresario tiene que ver con nuestra fuerza de voluntad, con casos inaúditos, sobresalientes, en los que un tullido se convierte en campeón de esquí o un sin techo consigue epatar a los jurados coreanos de un concurso de televisión. Resultan emotivos, es un aliciente a la superación.

No gusta hablar de las limitaciones porque crearnos expectativas es gratis y porque nos hemos educado en el “si quieres, puedes” una frase que aparentemente hemos hecho incompatible con “primero mira si puedes y después quiere”.

Tener expectativas inadecuadas es quizás una de las principales fuentes de infelicidad, es una enfermedad contagiosa y peligrosa.

Los que gobiernan están más pendientes de firmar pactos para gobernar que de hacer lo posible para que vivamos mejor.

Sus expectativas están por encima de sus limitaciones. Entre sus limitaciones se deberían encontrar hacer lo que los ciudadanos esperan de ellos, lo que su conciencia les dicta. Su espalda se vuelve flexible de repente, pero quien se rompen no son ellos, sino nosotros. Ya dejó de importarles los ciudadanos, ahora quieren que les adoremos, les respetemos, quieren mandarnos y no servirnos.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Frases prohibidas : Voy a decir una cosa

Once y media de la noche. Ya había decidido irme a dormir tras juguetear con el Ipad.¡Malditos inventos!, te dejan un rastro de ansiedad y menos tiempo para escribir y leer.

Tengo encendido el canal 24 horas de TVE. Y el periodista, tertuliano Fernando Jaúregui nos regala una frase prohibida.

Su frase es:“Voy a decir una cosa y además es verdad”

Analicemos.

El tertuliano en cuestión anuncia que va a decir una cosa. Se supone que ha ido al programa de televisión para eso, para decir cosas. Él, por si acaso no nos hubiéramos percatado, lo advierte, lo precede con estas cinco palabras que notifican lo que inmediatamente después se va a producir.

El periodista avisa, porque el que avisa no es traidor y él no quiere ser acusado de eso.

Sin solución de continuidad, envalentonado, sin temer que nadie pueda decirle “¡eh! Jaúregui que eso es una frase prohibida, lo dicen los del Partido del Sentido Común”, : prosigue con otras cuatro palabras empezando por una conjunción copulativa que permite entender que su anuncio y el resto es todo uno.

Completa la frase: “..y además es verdad”.

Y se queda más ancho que largo. Es verdad que Jaúregui es más bien regordete y de estatura baja. Pero aunque hubiera tenido el tipo de Pau Gasol, esa expresión también le hubiera aplicado en este caso.

Nadie le objeta. Corro hacia mi ordenador. Han pasado cinco minutos. Gracias Jaúregui, eres muy generoso. Contigo mismo, quiero decir.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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