Me cambio

Mientras caminaba por la madrileña Avda. de Menéndez Pelayo en dirección a mi coche he escuchado una conversación.

Una conversación que por lo que se ve, se repite a diario en algunos millares de ocasiones.

Un cliente de una operadora de telefonía móvil (es decir, cualquier persona) llama al teléfono de atención al cliente para advertirle a la empresa que ha llamado a otra de su competencia para iniciar un proceso de portabilidad de su número de teléfono y, por lo tanto, dejar de ser cliente suyo.

El cliente al que hoy he escuchado en la calle, le dice a su operadora actual que él quiere un Iphone4 y un contrato nuevo que le haga pagar menos dinero al mes.

Se ve que el de atención al cliente lo tiene todo procedimentado y vuelve a pedirle al cliente que le explique. El cliente eleva un tanto el tono de voz y dice amenazante que “se va al operador competidor a menos que le den lo que pide”. La forma de expresarse de este cliente era a medio camino de jocosa – peliculera y un pelín macarrilla.

Las operadoras telefónicas tienen que estar volviéndose locas. Unas se quitan los clientes a otras porque ninguna de ellas es capaz de encontrar algo que sea percibido como suficientemente bueno como para que tantos miles de clientes dejen de plantearse irse a un competidor en menos que canta un gallo o salga un nuevo teléfono que les excite su pasión consumista.

Somos agresivos y claros con los de Movistar, Vodafone y Orange. Y les decimos que queremos lo que creemos que nos merecemos. Nos cambiamos si nos frustran e incluso antes… No hay nada que nos ate más que nuestros propios intereses.

¿Hacemos lo mismo cuando se trata de reclamar lo nuestro a quiénes hemos confiado nuestro voto? ¿Cambiamos de partido como lo hacemos de operador telefónico? ¿Hablamos con suficiente claridad? ¿Les escribimos, llamamos para decirles que nos han estafado, que han mentido?

Millones de españoles jamás votarían a otro partido que no fuera el suyo aunque éste les frustrara hasta la exageración. Millones de españoles piensan que el partido de enfrente es el enemigo que no el adversario.

Los del Partido del Sentido Común no estamos de acuerdo con esos millones de españoles.

Pero sí, en cambio, queremos lo que esos millones de españoles y otros muchos más desean: una alternativa a los partidos existentes. Inteligencia nueva, un estímulo, aliciente para creer que no todos son iguales a los que están.

Un partido que tenga un ideario sencillo de entender, con buenos gestores y que se comprometa a cosas sencillas pero lamentablemente poco frecuentes (no tener un sólo imputado en las listas, el que fuera imputado invitado a salir o expulsado de la organización, evaluación del retorno de la inversión de cualquiera que fuera realizada con dinero público y especialmente en las subvenciones, plan de recorte de gastos innecesarios, justificación de todos los gastos, objetivos cuantificables..)

En la sencillez está la inteligencia, dijo un escritor anónimo.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Categoría: General

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