Rendimiento marginal decreciente

Los que se dedican a la publicidad y teorizan al respecto de ella, saben que un mensaje debe ser repetido un número determinada de veces para conseguir calar en la mente del receptor y motivar a la acción. El número de veces dependerá en buena medida de la calidad del mensaje (la creatividad, el contenido) y el contexto (la calidad con el que el mensaje es recibido)

Los publicitarios saben que una vez que el mensaje ha sido recibido un número de veces determinada se produce el denominado rendimiento marginal decreciente. Cada nuevo mensaje repetido no es eficaz e incluso puede producir rechazo.

Es decir, tiras el dinero a la basura e incluso pueden llegar a odiarte.

En las calles de Madrid he visto la cara de Esperanza Aguirre y Ruiz Gallardón muchas centenares de veces. La misma cara y el mismo mensaje: “Centrados en ti”. He visto la cara de Tomás Gómez en una fotografía que debe haberle tomado algún enemigo con un mensaje “El presidente de la gente común” y he visto a Lissavetsky…también demasiadas veces.

Los mensajes son pobres, malos, lamentables. Se repiten las caras y la misma frase. Tantas banderolas, tantas vallas, tantos autobuses, tantas lonas. Los mismos caretos, los mismos mensajes. No ha habido ninguno de ellos que se haya atrevido a poner “A mi no me corrompe nadie” o “Viajaré en turista” o “Ni un euro mal gastado” o “Se acabaron las comidas de lujo” o “Subvenciones con retorno” o un mensaje dirigido a los profesores o a los parados.

La más triste campaña de nuestra democracia se salda con la peor de las comunicaciones. A nadie se le ha ocurrido enseñar su equipo, ser claro, decir algo que no sea un slogan. Una mierda de mensajes.

Se han vuelto a gastar una pasta ingente en molestarnos con el mismo mensaje repetido en millares de ocasiones. Sus asesores no les explican lo que es el rendimiento marginal decreciente, ni ellos tienen el sentido común para descubrirlo sin que nadie se lo diga. Ni tienen la valentía suficiente para comprometerse con algún mensaje suficientemente explícito que todos entendamos.

Cada vez que ves un cartel con la cara de alguno de los cuatro candidatos es probable que te entren más ganas de votar. Pero no sabes a quién. Ojalá ocurriera lo que Saramago contaba en su “Ensayo de la lucidez”; el ochenta y tres de los votantes ejercieran su voto en blanco. Aunque es probable que ocurriera como en la novela y se decretara un estado de sitio y los políticos buscaran entre los ciudadanos a los culpables.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Categoría: General