Frases prohibidas: Lo sentí mucho por ti

Gracias querida pasajera del AVE. Venía destrozado por el madrugón, camino de una reunión en Barcelona donde debía dar una charla.
Gracias, querida pasajera anónima. Iba prácticamente anestesiado por la falta de sueño (me desperté a la cinco y media de la mañana y no pasé buena noche) cuando escuché la frase prohibida que logró despertarme.

Gracias, querida pasajera del AVE. Gracias por coger el teléfono aunque fuera un momento tan inorpotuno e incómodo para ti, no en vano estábamos bajando del tren y ese momento no es fácil, nos acumulamos rápidamente en el pasillo como si el tren fuera a partir de vuelta con nosotros dentro.

Mi querida pasajera miró a la pantalla de su teléfono, reconoció el nombre de la persona que le llamaba. Después de unos breves segundos en los que su interlocutora debió excusarse por no asistir a algo a lo que estaba invitada, mi querida pasajera del AVE le dijo con un tono cariñoso: “No pasa nada. Lo sentí sobretodo mucho por ti”.

Creí o quise entender que se había tratado de una presentación profesional a la que la otra persona no había podido acudir. Por tanto, me pareció un formalismo educado, aparentemente carente de sinceridad.

Pero, qué va. Mi querida pasajera estaba por ofrecerme lo mejor. Seguí con atención lo que decía, era mi obligación contigo, militante del Partido del Sentido Común.

Al parecer, el día anterior ella había sido homenajeada por alguien y quien ahora la llamaba, no pudo ir. Mi pasajera le dijo en primera instancia que no tenía importancia, que sobretodo lo sentía mucho por ella.

La conversación se prolongó y la interlocutora de mi pasajera del AVE iba pidiéndole detalles sobre el acto o evento. Le iba narrando detalles del suceso ofreciendo la información con cierta falsa modestia, recalcando los momentos estelares en los que ella fue protagonista(“Fulano tuvo palabras muy amables conmigo” “Se habló muy bien de mí” “me aplaudieron mucho”).

Pero ese homenaje carecía de importancia para ella, al lado del dolor que su interlocutora debió haber sufrido por no poder acudir. Tal debió ser el dolor que mencionó, subrayó la frase dos, tres y hasta en cuatro ocasiones: “…pero te digo, que sobretodo lo sentí mucho por ti”.

No sé qué pensaría la mujer que escuchaba al otro lado del teléfono. Hay frases que repetidas una y otra vez en el tono adecuado se sabe que están dichas para hacer daño.

Yo respiré profundamente, la miré de reojo y le transmití mi más sincero y profundo agradecimiento por inspirarme.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Categoría: General

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