Fútbol y miedo

Fui ayer con dos viejos y buenos amigos a ver la final de la Copa del Rey a un restaurante cerca de casa.

Eramos pocos, pero ayer desprecié a un ser humano que me hizo pasar miedo.

El Barcelona metió un gol que después sería anulado. Los dos únicos que queríamos que el Barcelona ganara, tuvimos la oportunidad de celebrarlo durante unos pocos segundos. El chasco fue tan grande como la alegría.

Un hombre alto, impecablemente vestido, muy nervioso, pero aparentemente normal, se dio entonces media vuelta y dirigiéndose hacia el sitio donde yo me encontraba empezó a dar cortes de mangas al aire de forma repetida. No era claro que fueran dirigidos hacia mí pero tampoco lo descartaba.

Empezó a hablar con su novia y le dijo “aquí está el enemigo, hay que joderse” y musitó algunas palabras muy enrabietado. Salió a fumar un cigarrillo inmediatamente.

El momento culmen llegó con la prórroga. Una vez que Ronaldo metiera un fantástico gol, las imágenes de los entristecidos hinchas barcelonistas se sucedieron. En la primera ocasión sacó el dedo corazón de la mano derecha mientras su brazo permanecía en tensión. Los que allí estábamos mirábamos atónitos. Su novia no le decía nada.

En la segunda ocasión, montó una pistola con su mano sacando de ella los dedos corazón e índice mientra simulaba una serie de disparos encaminados a los que él llamaba “putos catalanes de mierda”.

Cuando aparecía la imagen de Guardiola se dirigía a él con el dedo corazón sobresaliendo del resto de su mano o bien le dirigía unas palabras: “cuélgate, lo que tienes que hacer es colgarte”.

Por si acaso mi relato no describe aún el tipo de energúmeno al que hago referencia, añadiré que cuando una cámara de TVE sacó la bandera pre constitucional (la del águila), conminó a su novia a ver esa imagen y le dió tiempo a extender su brazo derecho, la mano ligeramente levantada hacia arriba.

Una vez terminado el partido mis dos amigos y yo salimos a escasos centímetros de él. No sabía qué podría ocurrir.

Él, encendido, con voz de rabia nos hizo saber su mensaje. “¡Viva España!, joder, “Viva España!”

Como este mal bicho, este peligro para la convivencia normal en una sociedad, hay muchos más. No podemos hacer nada para evitar que su entorno – padres, amigos – le haya educado así. Él no nació con esas características.

Los líderes de aquellos grupos deportivos, religiosos, políticos, sociales, empresariales que saben que cuentan con la simpatía, admiración ferviente de este tipo de sujetos deben ayudarnos a educarles con mensajes explícitos, claros, contundentes y expulsándoles si su comportamiento no es el adecuado. Así servirá de ejemplo a otros.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Categoría: General