Sobre el sentido del humor

Hay quienes no sabemos contar chistes y cuando alguien nos invita a hacerlo procuramos batirnos en retirada y decir la verdad: “no sé contar chistes, lo siento”.

Escuchas la misma historia en boca de otro y alucinas. En mi caso, a medida que voy contando el chiste voy deseando que se acabe. Ya me sé el resultado: “No le veo la gracia” o “¡qué mal lo has contado!” o el inmisericorde “lo has destrozado”.

Por lo tanto, los que no sabemos contar chistes y hemos sido capaces de reconocer esta característica asociada a nuestra persona no contamos chistes.

Hay gente que tiene gracia, mucha gracia. No necesariamente para contar chistes, simplemente tienen gracia y le sacan punta a todo y se pasan el día haciendo reír a los que les rodean. Es bueno estar cerca de esas personas porque te alegran la vida.

Y hay quien quiere hacerse el gracioso, tiene poder y quiere que los demás le ríamos la gracia. Esto produce momentos difíciles: el interlocutor (el que debe reírse del que hace la gracia pero que no tiene ninguna gracia) se ríe por educación, mientras siente vergüenza ajena (sabe que el otro quiere hacer gracia pero no la tiene), algo de pena (¡pobre hombre, no tiene ni puta gracia y se cree gracioso) y cierta animadversión (no sé porque tengo que reirle las gracias a este tipo).

Si el que se hace el gracioso se diera cuenta la poca gracia que tiene, creo que dejaría de hacer gracias y los demás le daríamos las gracias por dejar de hacerlas (me he gustado en esta frase)

Hoy he visto a Zapatero en dos cortes en la tele.

En el primero, dice que Rajoy debe hablar con Dios. Una vez que ha hecho la gracia, el gracioso (en este caso Zapatero) hace un breve silencio, gesticula con un signo de aprobación a quien le está escuchando (como diciendo: ¡qué gracioso he estado!). Después de comprobar que le ríen la gracia (o eso cree él) sigue con su discurso.

En el otro corte de la tele, Zapatero dice que no ha podido hablar con Rubalcaba, pero que está seguro que cuando vea el partido del Barça se sentirá mejor. Vuelve a hacer el breve silencio, gesticula con signo de aprobación y sigue con su discurso.

Debe ser una faena no ser gracioso hacer tantas gracias y que te las rían. Uno debe acabar un poco esquizofrénico y equivocado.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Categoría: General

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