dios

Hay gente que se creen dioses y no paran de nombrar a Dios en vano.

Gente poderosa, que es capaz de dominar pueblos, países, empresas enteras y sentirse como dioses cada vez que salen a la calle y miles de soldados desfilan rectos como varas o pasean satisfechos al lado de empleados que se sienten atemorizados cada vez que se acercan.

Son dioses que no les preocupa la gente. Son dioses la mar de extraños. Dioses que creen que una de las principales virtudes del ser humano debe ser el temor a dios, es decir a ellos.

Un amigo que ha conocido de cerca a unos cuantos de estos dioses dice cosas increíbles de ellos. Son dioses caprichosos, infantiles, estúpidos, preocupados por salir guapos y saludables en la foto, aunque por dentro se estén pudriendo.

Con un sólo Dios nos basta y nos sobra.

A los dioses que se creen Dios debemos invitarles a partir y enseñarles puerta. Son dioses que no hay dios ni humano que comprenda.

Paradójicamente estos dioses tienen oportunidades de hacer el bien, de conseguir que miles, millones de personas vivan mejor y por su puñetero endiosamiento no paran de joderla.

Estoy empezando y no quiero acabar de leer el libro ¡Indignaos! de Stéphane Hessel, el que fuera compañero de De Gaulle en la Resistencia. Hessel nos escribe treinta y ocho páginas en las que manifiesta su estupefacción por nuestra indiferencia y nos anima a la insurrección pacífica.

Eso suena a buen sentido común.

He ilustrado este texto con dos hombres endiosados. Son casos de extremo endiosamiento. Lamentablemente vivimos rodeados de otros dioses mucho más cercanos a nosotros que campan a sus anchas sin ser públicamente identificados como tales. ¡Indignémonos!

¡Viva el Partido del Sentido Común!

Share
Categoría: General

Deja un comentario