Pandemia

¿Qué tal estás? – le preguntan

Ufff!!! muy liado, tengo muchísimo trabajo – contesta.

La frase se ha convertido en un virus. Hay peligro de pandemia.

Tener mucho trabajo se ha convertido en dos cosas al mismo tiempo: una losa y un orgullo.

Es una losa porque tenemos la sensación que no hemos venido a esta Tierra plagada de tentaciones a trabajar tantas horas. Nos pasamos todo el día liados y la vida se pasa sin poder hacer aquello que queremos, aunque en realidad no sabemos qué es.

Tener mucho trabajo es también un orgullo, quizás un falso orgullo.

Si alguien es acusado de no currar mucho, la persona “ofendida” se defiende describiendo lo mucho que trabaja e incluso es capaz de ofrecer un número de horas desorbitado como argumento contundente sobre todo lo que labora.

Rajoy se defendió bravamente describiendo con detalle la actividad de los próximas días ante la acusación que le formularon de ser una persona indolente.

El trabajo es una gran cosa que consumida sin enormes excesos puede proporcionar entretenimiento y conseguir que su usuario se sienta bien, se sienta importante.

Nos dicen que debemos trabajar dos años más. A los del Partido del Sentido Común no nos importa trabajar dos años más. Es más, queremos trabajar – si fuera posible – toda la vida, morir con las botas puestas.

Nos nos importa la longevidad, nos importa la calidad percibida de lo vivido.

¿Puede un Gobierno de una nación trabajar en ese objetivo?

Nosotros creemos que sí.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Ejemplo

Marcos de Quinto, el presidente de Coca Cola Iberia apostilla un comentario que escribo en It’s Motivation! Channel, el primer canal de la motivación.

Marcos escribe, entre otras cosas, “quiero señalar que nunca he sido defensor de sobre-legislar nada, prefiero creer en la ética, los principios y la autorregulación!”. Me permito afirmar que Marcos cree en el Sentido Común.

La empresa que preside, Coca-Cola, tiene un estricto código de comportamiento que exige a sus profesionales ser muy escrupulosos en su forma de actuar. Los empleados deben contestar periódicamente a cuestionarios para que la empresa se asegure que entienden bien lo que deben y lo que no deben hacer.

Mucha de la gente que trabaja con Marcos tiene mucho sentido común. Uno de sus directivos me dijo que después de haber rellenado muchas veces el cuestionario alguien le recriminó no haberlo rellenado con plena consciencia. Este directivo contestó al recriminador algo parecido a esto: “mi ética tiene el mismo sentido común que el código de conducta de la compañía. Si alguna vez actuara en contra del código corporativo, no será porque no he leído el manual sino porque me ha fallado mi ética”

El vídeo adjunto es un spot de publicidad que habla del ejemplo. Se circunscribe al papel de los padres con respecto a sus hijos y demuestra que los niños repiten lo que ven.

Todos repetimos en cierta medida lo que nuestros padres y nuestros profesores nos enseñaron. El poder de influencia tanto de unos como otros es indiscutible.

Ya escribí en otro comentario que los hijos de fumadores son cuatro veces más propensos a fumar que aquellos hijos cuyos padres no son fumadores. Y seguro que los hijos de padres que escupen en la calle son más propensos a escupir en la calle que aquellos que son hijos de padres no escupidores.

Los políticos deben dar ejemplo y si no están dispuesto a ello es mejor que se no estén.

Hoy he leído que Rosa Estarás, ex presidenta del PP balear, dice que justifica las estancias gratuitas en un hotel por amistad. El amigo es un tipo que ganó contratos millonarios del Gobierno balear. Rosa Estarás nunca debió aceptar un regalo de nadie, aunque no fuera a adjudicarle nada.

Cuando conocí a Marcos en la Expo de Sevilla en 1992 me contó que no pudo ir a un concierto que le apetecía mucho porque era un regalo de un proveedor. Seguro que no hacía falta que nadie le dijera que eso no era conveniente.

Lo más sencillo y la vez lo más útil lo dice el sentido común. No es necesario que lo diga ningún código ético.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Frases prohibidas: Le voy a decir con franqueza

“Le voy a decir con franqueza”.

Esta es una frase que mosquea. Mosquea mucho.

Mosquea porque nadie espera que una persona le diga a otro ninguna otra cosa que no sea la verdad.

Si alguien dijera muy serio “Le voy a decir una mentira” supongo que nos lo tomaríamos como una metáfora, una hipérbole, o cualquier otra figura literaria. Nunca la interpretaríamos con literalidad.

Y esta frase mosquea mucho porque es habitualmente utilizada por muchos y, especialmente, por los políticos.

Los del Partido del Sentido Común la consideramos una frase prohibida.

Piénsalo por un instante. ¿Qué sentido tiene anunciar lo que es obvio, lo naturalmente esperado? ¿Qué es lo que oculta la boca que en cambio está presente en el cerebro?

“Le voy a decir con franqueza” es una frase sin sentido que es de la misma familia de otras frases.Quizás la reina frase sea ¿Quieres que te diga la verdad? que a menudo se utiliza como respuesta siendo, en cambio, una pregunta. Las señales de interrogación así lo demuestran.

Hablar con franqueza nunca debiera ser anunciado, publicitado, voceado. Hablar con franqueza debe ser percibido por quien te escucha y emite esa valoración (“es una persona franca, sincera. Es una persona que creo lo que me dice”)

Hoy Rajoy, en su entrevista con Pedro J., ha respondido en varias ocasiones con un “Le voy a decir con franqueza”. Los del Partido del Sentido Común esperamos que utilice esta frase prohibida sólo como asidero por su palpable y perceptible falta de soltura con el verbo.

De verdad te lo digo.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

P.D. Aquí se ha escrito sobre otras denominadas frases prohibidas. Si pones en el buscador “frases prohibidas” las podrás encontrar. Espero que te gusten.

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