Frases prohibidas: Hay tiempo para todo

El padre pretende tranquilizar al tiempo que animar a su hijo y le dice “hay tiempo para todo”.
Se supone que con esa argumentación, el padre intenta demostrarle a su vástago que la vida es larga, que no es necesaria urgencia alguna y que lo que no se haga hoy, ya se hará mañana.

Se cierra el telón.

Este es un hombre que llega a los cuarenta años. Sabe que ha consumido ya la mitad de la vida. Esa mitad de la vida en la que hay más fuerzas. Sabe ya, hace unos cuantos años, que la vida se consume como si fuera una colilla de un cigarrillo. Lleva tiempo sin convencerle lo que hace con su vida, con su tiempo.

Le gustaría dedicarse a otra cosa, incluso sabe cuál es. Tiene miedo, cambiar sería poner en riesgo su endeble seguridad. Le comenta a un amigo sobre sus inquietudes. Su amigo le contesta, le anima: “No te preocupes, hay tiempo para todo”.

Se cierra el telón.

“Hay tiempo para todo” es una frase prohibida, una frase mentirosa.

Si uno desea que haya tiempo para muchas cosas, que el tiempo dé de sí, hay que tener claro que no hay tiempo para todo.
Para aprovechar el tiempo es crítico, vital decidir a qué se renuncia, que debe ser mucho más que nuestra elección. Como en tantas otras cosas, la renuncia es la clave del éxito, de la claridad, de la serenidad.
Porque no hay tiempo para todo.

Se abre el telón
Aparece una mujer avejentada, con más de noventa años. Está en la cama, enferma, muy enferma.
Se dirige a su hijo, ya sexagenario, y le dice: “Qué rápido se me pasó la vida. Disfruté mucho incluso con aquellas cosas que dejé de hacer. Hijo mío, tienes que aprender que no hay tiempo para todo”.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Categoría: General

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