Una idea

Hay 2.813.159 empresas en nuestro país, el 87,4% tienen menos de 10 empleados.

De esas cerca de dos millones de empresas las hay buenas y las hay malas. Las hay que merecen crédito, un empuje. Detrás de ellas hay un gestor que probablemente esté poniendo además de su talento, garantías personales para conseguir continuar y ser más competitivo.

Es decir, pone su patrimonio como garantía y todo ello a pesar de la que está cayendo.

Quizás muchos de esos empresarios podrían trabajar por cuenta ajena y estar razonablemente bien pagados, pero han elegido emprender aunque en sus venas no lleven el ansia de riqueza que se le supone al empresario.
Tienen la necesidad de crear, les produce una satisfacción especial contratar y una melancolía enorme despedir.

Serán empresarios que merezcan al menos una idea.
Quizás sean empresarios a los que les viniera bien contratar una persona más para poder hacer más cosas. Pero están con el agua al cuello y no pueden.

Entre tanto hay millones de personas desempleadas y algunas de ellas con pocas ganas de trabajar. Los sueldos han bajado mucho, y es difícil responder con tino a la pregunta ¿y cuánto pretendes ganar?. Seguramente muchos recibirán ofertas que sean menos de la mitad de lo que cobraban.

Se está mejor cobrando el paro, la ley dice que lo que dice.

El que administra la Comunidad de todos, el Gobierno, no hace lo suficiente ni para empujar ni para tirar.

Ni para empujar a las empresas a contratar a personas. Quizás pudieran regalar algunos meses del trabajo de una persona a cambio de que la empresa la siga contratando si sirve. Si hubieran setecientas mil empresas buenas, serían al menos setecientos mil puestos de trabajo nuevos. Setecientas mil personas produciendo. Las empresas generarían más riqueza.

Ni tampoco sirve el Gobierno para tirar de los desempleados que prefieren cobrar el desempleo a trabajar por menos dinero. O incluso prefieren trabajar por dinero negro. El que lleva el Gobierno debe ser tajante con el fraude y convencernos de la necesidad de ser solidarios. No aceptar un trabajo estando en el paro es fraudulento, dañino para todos.

Mi amigo Carlos dice que ese es el problema. Dice, creo que con razón, que no es un problema de comunicación como dice Rubalcaba. Es un problema que por mucho que comuniquen, sus hechos no nos convencen.

Y si no nos convencen, pasa lo que pasa.

Aparece la desazón, la tristeza y tiramos la toalla. Y se produce el desgobierno que es el antónimo de gobierno.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Pandemia

¿Qué tal estás? – le preguntan

Ufff!!! muy liado, tengo muchísimo trabajo – contesta.

La frase se ha convertido en un virus. Hay peligro de pandemia.

Tener mucho trabajo se ha convertido en dos cosas al mismo tiempo: una losa y un orgullo.

Es una losa porque tenemos la sensación que no hemos venido a esta Tierra plagada de tentaciones a trabajar tantas horas. Nos pasamos todo el día liados y la vida se pasa sin poder hacer aquello que queremos, aunque en realidad no sabemos qué es.

Tener mucho trabajo es también un orgullo, quizás un falso orgullo.

Si alguien es acusado de no currar mucho, la persona “ofendida” se defiende describiendo lo mucho que trabaja e incluso es capaz de ofrecer un número de horas desorbitado como argumento contundente sobre todo lo que labora.

Rajoy se defendió bravamente describiendo con detalle la actividad de los próximas días ante la acusación que le formularon de ser una persona indolente.

El trabajo es una gran cosa que consumida sin enormes excesos puede proporcionar entretenimiento y conseguir que su usuario se sienta bien, se sienta importante.

Nos dicen que debemos trabajar dos años más. A los del Partido del Sentido Común no nos importa trabajar dos años más. Es más, queremos trabajar – si fuera posible – toda la vida, morir con las botas puestas.

Nos nos importa la longevidad, nos importa la calidad percibida de lo vivido.

¿Puede un Gobierno de una nación trabajar en ese objetivo?

Nosotros creemos que sí.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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