Rankings

Llevo muchos años yendo por San Lorenzo del Escorial, un pueblo precioso que es sobretodo conocido por el Monasterio que Felipe II mandara construir.

Hace ya mucho tiempo tuve una conversación con un amigo a propósito de un bar de tapas de esa localidad. Yo no era capaz de reconocer de qué bar me estaba hablando y él se sorprendía diciéndome que era “el mejor bar de tapas de todo el pueblo”. Me sentí algo defraudado conmigo mismo. Iba todos los fines de semana y no conocía “el mejor sitio de tapas”.

Lo que realmente ocurría es que mi amigo debía conocer únicamente dos sitios entre las decenas que hay en San Lorenzo del Escorial y decidió crearse un ranking a su medida nombrando a uno de ellos como el mejor.

Esta semana me ha ocurrido algo paradójico.

Una empresa con la que tuve mucha relación firma sus correos electrónicos como una “Best place to work”.

“Best place to work” es una valoración hecha por otra empresa supuestamente independiente que crea una clasificación de sitios en los que sea fantástico trabajar.

De esta manera, la empresa clasificada como tal, utiliza este ranking como elemento de motivación a sus empleados, para facilitar la captación de nuevos y para epatar a clientes, proveedores y accionistas.

A mi modesto juicio y a menos que hayan cambiado mucho las cosas, esa empresa no puede ser considerada ni mucho menos uno de los mejores sitios para trabajar. Y lo ocurrido durante esta semana ratifica esta apreciación.

El lunes encuentro a una ex empleada de esa empresa ahora trabajando en otra. ¡Qué sopresa que te hayas ido! le comento. “Era horrible, no había horas, casi pretendían que no durmiéramos. Un ambiente enrarecido, confusión generalizada”, “tú ya sabes”, concluye.

El miércoles otra persona me saluda en otra empresa. De nuevo otra ex empleada que había dejado el “Best place to work”. Cuando ella empieza a criticar la situación en la que se encontraba, le hago referencia al tema del ranking. Ella ríe con sorna mientras achina atractivamente lo ojos.

Nos hemos contagiado. Ya no nos importa cómo se desarrolle el juego, si el partido es bonito o no, sólo nos importa el resultado.

Y, además, sólo nos importa el resultado si es público, notorio y puede ir en la firma de nuestro correo electrónico.

Fui al bar de tapas que mi amigo calificaba como “el mejor de San Lorenzo del Escorial”, quise contrastar con muchos otros amigos esta apreciación y ninguno de ellos concedió tal calificativo a este lugar.

Ya no vale con ser un “good place to work” tiene que ser un best. Y eso confunde.

Relax. OM.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Categoría: General