Un punto romántico

Siempre he tenido un punto romántico, que es de las cosas que más me gustan de mi mismo.

Llorón, sentimental, idealista…hasta un tanto utópico.

Charlando con un buen cliente que se convirtió en mejor amigo y que más tarde falleció me dijo que todos tenemos nuestro precio. La conversación con el amigo, que se llamaba José Ruiz Jareño, Pepe para los amigos, era al hilo de la corrupción que en la época de Felipe se convirtió en denominador común de los que le rodeaban.

Yo decía que no me vendería y Pepe, mucho más sabio que yo me dijo “tú también tienes tu precio”. Le espeté que yo creía que no.

Al cabo de un tiempo descubrí que mi precio estaba tasado. Me corrompería por darle de comer a mis hijos, a mi familia. En esa hipótesis estaría dispuesto a delinquir, a corromperme y quizás mi conciencia quedaría tranquila.

Creo que es verdad, todos tenemos nuestro precio para incumplir las más básicas normas de convivencia, pero hay algunos que su precio está tasado en función de las oportunidades que se les presenten.

Moreno, la Pantoja, el Julián y otros muchos más, ricos hasta decir basta y con la fortuna que otros muchos hubieran deseado, no se han conformado con lo que ya tenían: mucho talento y algo de suerte y han tenido que añadir a esa maravillosa sopa otro mucho de mierda.

Mis experiencias con los corruptos es mala. Suelen conseguir escaparse, al jefe de la empresa le da una pereza enorme meterse en jaleos. Nunca pude comprender que esto fuera así, debo suponer que al jefe no le debe sonar demasiado extraña esa música y por eso la permite.

En siete de los trabajos de los que he tenido tuve relación con corruptos, con sinvergüenzas. En cuatro de ellos les denuncié a quienes debían impartir justicia y ninguno de los cuatro tuvo las agallas de actuar con contudencia, de forma ejemplarizante.

En otro de ellos fui cómplice desde la empresa para la que trabajaba para que un laboratorio farmaceútico pudiera pagar primas a los médicos corruptos que se dejaban sobornar a cambio de prescribir determinados medicamentos. Un auténtico asco.

Los cuatro jefes acabaron ofreciéndome una mirada paternalista y presumo que pensarían que yo también tengo mi precio y que mi idealismo se toparía alguna vez con la cruda realidad de la avaricia.

Será difícil que la sociedad se regenere, se arregle o deje de estar jodida mientras los que mandan tanto en la política como en la empresa no sean tajantes hasta decir basta con aquellos que se corrompan o participen cómplicemente de la corrupción.

Ya lo decía tanto Einstein como la abuela de Bertrand Russell. Lo preocupante no son los malos sino aquellos que permiten el mal.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

P.D. Es curioso. Si buscas corrupto en las imágenes de Google te ofrece como búsqueda relacionada Julián Muñoz.

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Categoría: General