Debemos estar fatal

No seré yo quien critique a Sara Carbonero por operarse el pecho.

En todo caso, me parece mal que nos tengamos que enterar que se ha operado. Supongo que lo único que lo justificaría sería un interés de la clínica donde se haya producido la intervención para poder captar nuevos clientes y clientas. Si fuera así, Carbonero habría ingresado dinero además de 250 gramos de teta en cada una de ellas.

Supongo que Carbonero ha decidido ponerse más tetas porque las que tenía le parecían que no estaban a la altura del resto de su cuerpo. Y esta insatisfacción le ha llevado al quirófano.

Si Carbonero asume el riesgo de ir al quirófano para ponerse pecho, es que debemos estar fatal.

No hubiera escrito sobre este particular si no hubiera sido porque hoy he visto a uno de los iconos sexuales de mi adolescencia.

Se trata de una señora que debe tener unos quince años más que yo y a la que con gusto hubiera gritado en mi adolescencia “si tú fueras mi madre, mi padre dormiría en la escalera”. Nunca lo hice porque vive demasiado cerca de casa de mis padres y es posible que no le hubiera hecho ninguna gracia a su marido.

Estoy seguro que a ella sí.

El caso es que esta señora se ha operado los labios y la belleza que se iba apagando de forma paulatina como consecuencia de la edad ha dado paso a un espectro muy desagradable a la vista.

Mi amigo Julio dice que él cree que la principal fuente de infelicidad de nuestros días son las desmedidas expectativas que nos creamos.

Carbonera, vecina, debemos estar fatal.

Melanie, estabas mucho más guapa antes. A pesar de tus labios finos. Deberías haber hecho caso a Julio y con lo buena que estabas no haberte creado más expectativas. Lo siento por ti y por Antonio. Yo por el momento no me voy a operar. Besos desde Madrid.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Categoría: General

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