Nivel

nadal y federer

Aunque me gusta mucho jugar al tenis, sé que no tengo nivel para jugar el Masters. Si, por casualidad, alguien me dejara entrar en la pista y jugar contra alguno de los verdaderos maestros, los 16.500 espectadores que caben en el 02 Arena de Londres, más los millones que me vieran en la televisión hablarían de mi ridículo.

Aunque me gusta mucho dirigir empresas y ser el jefe de personas, sé que no tengo nivel para presidir a Iberdrola o Coca-Cola por decir dos empresas bien diferentes. Mis subordinados lo sufrirían, los accionistas verían como el valor de sus activos se deprecian y es más que probable que aunque yo me pudiera sentir dichoso a la par que henchido por el poder y el dinero que me proporcionara dicho empleo, las cosas no acabaran bien.

Me encanta escribir. Pero si me presentara a un Planeta y le preguntara a uno de los Jurados su opinión sincera sobre mi obra, me tendría que decir que no tengo nivel para narrar, si acaso para algún ensayo, algún relato…pero nada más.

Uno debería saber que no todo vale.

Es decir, que no valemos para todo. Yo valgo para determinadas cosas, trabajos. Puedo jugar al tenis con mi amigo Siro, puedo dirigir empresas y hacerlo bien, incluso puedo escribir un libro (en mi caso “Los diez pecados capitales del jefe”. Gracias, Pimentel por confiar).

Pero, insisto, no valgo para ir al Masters, ni presidir Coca-Cola, ni escribir como Vargas Llosa. Es una cuestión de nivel. Sin acritud.

Para ser ministro o ministra, para ser Presidente del Gobierno o de la oposición hace falta mucho nivel.
De lo contrario, se hace daño y se hace mucho el ridículo.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Categoría: General

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