Prioridad absoluta

rosa nautica

Mi amigo Miguel me dijo que algunas veces este espacio se parecía a un diario. Él, que es más discreto e inteligente que yo, me sugirió que dejara de compartir públicamente algo que se parece a un diario, que es territorio de la intimidad.

Querido Miguel, tienes razón, pero no te hago caso. La magia de ser leído, (llámame egocéntrico, exhibicionista) me supera.

Déjame que comparta contigo, querid@ lector, una rareza: me gusta comer solo cuando viajo. No siempre, pero de vez en cuando. Ahora que estoy en Lima he comido varias veces solo.

Sé que está mal, pero comer solo me convierte en espectador de lo que hacen los demás. Tengo a menudo la suerte de estar sentado al lado de comensales que en otras mesas hablan y alcanzo a escucharles. Y hablan muchas veces de cosas interesantes o dicen frases o pensamientos que me hacen reír, sorprenderme, …. disfrutar.

Otras veces observo manos nerviosas, tensas o cómo el movimiento de las piernas debajo de la mesa quisieran expresar lo que quizás el verbo no sepa decir.

Ayer tuve la suerte de conocer un fabuloso restaurante en Lima, “La Rosa Naútica”. Mi mesa daba al mar, la comida fue excelente y comí tanto que no después no cené.

Y tuve una suerte tremenda. A mi espalda había una mesa en la que un ejecutivo español de una empresa multinacional intentaba vender sus servicios a una cliente peruana. Había otra comensal que apenas hablaba y no supe distinguir de qué bando era.

El ejecutivo español me hizo reír tanto que los camareros y otros clientes me miraban divertidos y algo extrañados. Menos mal que tenía la coartada de mi móvil en el que iba apuntado lo que el ejecutivo iba diciendo. Supongo que parecía que alguien me estaba escribiendo mensajes divertidos a los que yo contestaba.

El ejecutivo español tendría unos treinta y cinco años, vestía elegantemente y por lo que decía viajaba de un continente a otro. Su función, supongo, era la de servir de apoyo a las oficinas locales de su empresa para captar clientes.

No seré capaz de trasladar toda la batería de argumentos que el ejecutivo desplegó. Todos ellos tenían un denominador común: la vacuidad.

La mayoría de sus frases incorporaban anglicismos absolutamente innecesarios que pronunciados de forma afectada y nasal lo convertían en un personaje de comic digno de ser fichado para los Simpson.

“El launch de la acción debe ser para el segundo quarter”. No satisfecho con eso, decía frases en inglés que parecían proceder de la máquina del pensamiento de su empresa.

A mi juicio, el momento culmen llegó cuando el ejecutivo quería convencer a la cliente de lo importante que ella era para su organización.

Las palabras “prioridad absoluta” fueron repetidas en varias ocasiones para enfatizar que él estaba allí porque este tema era de importancia vital. Supuse que la cliente optaría por utilizar el humor e ironizar con la manifestación repetida y exultante del yuppie.

¡Qué va! Todo lo contrario. La cliente parecía escuchar con placer la voz engolada de su potencial proveedor diciéndole una y otra vez que esto es “prioridad absoluta”.

El marketing político, la venta de los políticos a los ciudadanos ha sido adoptada por muchos. Hace ganar elecciones y, por lo que se ve, también hace ganar clientes.

Las palabras compromiso, prioridad absoluta, confianza son utilizadas como el maná que llegado a la boca convierte al interlocutor, sea votante o comprador en una pieza cazada.

Ver, entender más allá de las palabras se está empezando a convertir en un oficio que nadie quiere realizar.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

Miguel, no sé si vas a leer esto. Pero que sepas que te quiero.

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Categoría: General