Cooperación o competición

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Hoy he comido con mi amigo Félix y al hilo de nuestra conversación él ha compartido conmigo una tesis: nos gusta más competir que cooperar.

Tanto me ha gustado su reflexión que hoy te escribo sobre este pensamiento.

Quizás nos guste tanto competir que somos capaces de destruir nuestra categoría y hacer caer nuestra cuenta de explotación, quebrar nuestra empresa… pero con la inmensa satisfacción de ver cómo se hunde también el competidor.

La competición está tan presente en nuestra educación que preguntamos a nuestros hijos si son los primeros, segundos o terceros de la clase, si son mejores estudiantes que el hijo del vecino..

Nuestras ansias por ser más que otro, nos llevan a hacerle la pelota al jefe para conseguir que nuestro compañero – convertido en competidor – caiga en la lista de preferencias de nuestro “amo”, nuestro dios laboral.

¿Y ese comentario despectivo del departamento de logística? En vez de cooperar con los compañeros nos dedicamos a bombardearlos porque ellos se han convertido en el enemigo a batir. Es gracias a nosotros que la empresa sobrevive y todo el mundo debe saberlo. Ellos no tienen ni p.i.

Cooperar es grande, simbiótico, productivo pero a nosotros nos gusta – como a los niños muy pequeños – ser malos, porque es más divertido.

Mira a nuestros políticos. Ell@s no sabrían por donde empezar si tuvieran que cooperar. Ya sabemos que la mayor de las desgracias fue aprovechada por unos y otros para seguir compitiendo, incapaces de cooperar. Esa perspectiva me da un mucho de asco, otro mucho de miedo y pena.

Miremos a nuestro alrededor y procuremos cooperar, que aunque parezca más aburrido es mucho más tranquilizador, gratificante y rentable.

Y dejemos la competición con el amigo para el partido de tenis del fin de semana.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Categoría: General