Restaurante

gurtel

Le has visto en infinidad de veces en los periódicos. Y en cambio si le vieras caminando por la calle no le reconocerías. Si coincidieras con él en un restaurante pasaría desapercibido.

Si, en cambio, te dijera su nombre y dónde trabajaba, le asociarías a Gurtel, el caso de corrupción que invadió al PP.

Gurtel es tan grande que se ha convertido en un genérico, como lo es Danone para los yogurths o Kleenex para los pañuelos de papel o Coca-Cola para las bebidas carbonatadas de cola. Hacer un Gurtel es hacer un trapicheo y todo el mundo te entiende.

El otro día coincidí con él en un restaurante en La Moraleja. Cuando llegué a mi mesa miré a mi alrededor y supe que le conocía pero no fue hasta unos minutos más tarde – ya sentado – cuando me di cuenta que era él.

Giré mi cabeza hacia la derecha , dije su nombre en alto y él, que no me reconoció, pareció mostrarse agresivo en primera instancia. Le dije mi nombre con voz fuerte y segura. Me reconoció. Rápidamente se puso en pie y me dio la mano fuerte como solía.

¿Qué tal?, le pregunté retóricamente. Sólo quería saber si iba a meterse con el partido y si cometería la imprudencia de insultar a alguien. Supuse que así podría ser porque en el PP lo ponen verde.

-Mucho mejor – me contestó. – Ha sido un suplicio – zanjó. En su día su nombre y fotografía aparecía día sí y día también en la prensa y en la televisión.

Busqué una tarjeta de visita en mi chaqueta y se la ofrecí. Él la cogió amablemente.

- Tú puedes localizarme en Génova – me dijo. Debí parecer sorprendido. Él se sonrió. – Hombre claro – allí sigo teniendo mi despacho y mi secretaria, hasta que las aguas vuelvan a su cauce. Lo dijo con sorna, seguro de sí mismo. Con poder.

- ¡Qué bien! , me alegro – le dije mentirosamente.

Desde ese día no puedo quitarme un intenso olor y dolor de mi mano.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Categoría: General