Saber preguntar

oriana fallaci

Ayer, hoy y supongo que mañana el tema preferido de las teles es la huelga.

Llego, de nuevo, a la conclusión que la mentira es un mal aceptado en nuestra sociedad. Te propongo dos casos.

El presidente de CEIM, Arturo Fernández, responde a Vicente Vallés en el noticiario de 24 h de RTVE que “no hay empresas en beneficios que hayan echado a trabajadores utilizando como pretexto la crisis”. Él se utiliza a si mismo como valedor de esta mentirosa afirmación “Yo no conozco a ninguna empresa que haya hecho esto”.

Arturo, estás en otra galaxia. Despierta. No mientas. Llámame, si quieres, y te doy los nombres de algunas empresas que ganando un pastizal han echado lo que ellos denominan grasa. “Hemos aprovechado la crisis para deshacernos de la grasa”. Si no has escuchado esta afirmación es que estás todo el día viendo Sálvame.

Ahora te traslado a las puertas de Mercamadrid. Una reportera entrevista a una señora que se identifica como piquete. Ante la pregunta de si coaccionan y utilizan la violencia, la piquete dice que no, que ella no tiene más que su móvil, que es la única arma que posee. La imagen revela que hay cientos de personas que forman ese piquete y en otras imágenes grabadas se observa como estos cientos de personas impiden a otros ejercer su derecho a trabajar.

Los dos mienten como bellacos. Arturo y la señorita. Los dos han tenido sus minutos de gloria en la televisión y han tenido a dos mal llamados periodistas que han sido incapaces de sacarles los colores ni a uno ni a la otra.

El periodista Vallés podría haber contrariado a Arturo, haberse preparado la entrevista o al menos haberse mostrado agresivo ante semejante falsedad, ficción. La que entrevistaba a la del piquete podría explicarle a la del móvil que ella había visto algo muy diferente y que cientos de personas acosando de forma, digamos, intensa es lo que se denomina violencia.

Leí este fin de semana las declaraciones de alguien – no recuerdo quien – que decía que un buen periodista era el que incomodaba a su entrevistado y ponía como ejemplo de buen periodista a Oriana Fallaci.

Persigamos a los mentirosos y pidamos que en la facultad de Periodismo tenga profesores que se expliquen bien y responsabilicen a los futuros periodistas sobre su importantísima función, se pongan vídeos de qué es lo que es periodismo y lo que es simple conchaveo y conversación de amigos.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Necesitamos cómplices

bota

Al Mono Jojoy, el jefe de las FARC colombianas, fue posible matarlo porque una de las personas que formaba parte de su equipo se debió dar cuenta que lo que hacían era perjudicial para su pueblo y por ende para la Humanidad.

Esta persona se puso del lado de los buenos y decidió colaborar con la autoridad pacífica y democrática. Como fue el encargado de comprarle al Mono Jojoy unas botas especiales para sus singulares pies, fue posible colocarle un GPS que finalmente ofreció la información suficiente para matarle y librarnos de la existencia de un ser tan repugnante.

Creo que nadie de los que nos consideramos hombres y mujeres de bien calificaremos peyorativamente la infidelidad de este miembro de las FARC, bien al contrario lo aplaudimos con júbilo y gran satisfacción. Este ex miembro de las FARC se convirtió en nuestro cómplice.

En nuestro Congreso de los Diputados, en nuestros partidos políticos no hay infieles que se conviertan en nuestros cómplices, en los cómplices de los ciudadanos.

Nuestros representantes no son nuestros representantes. Son los asalariados de sus partidos, de sus organizaciones, son esclavos voluntarios, incapaces de dar portazo al sin sentido. Nuestros representantes deberían sufrir graves remordimientos de conciencia viendo la excelente serie que El País ha creado bajo el título “Pre – parados” y que refleja la inacción de la clase política en relación a los asuntos domésticos más serios, que más afectan a la ciudadanía.

Los que se dicen nuestros representantes deberían salir en estampida de aquellas organizaciones que protegen a los corruptos o a los inútiles que hacen daño por ladrones o por ignorantes.

A los que se llaman nuestros representantes les pedimos dignidad, aunque sea a costa de su primaria fidelidad a unos colores que quizás nos estén matando.

Os pedimos que seáis valientes y que le coloquéis un chip en la bota de vuestro jefe para que el sin sentido común salte por los aires.

Necesitamos cómplices de los ciudadanos.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Molestar

huelga

Ni me parece bien ni mal. No soy capaz de saber si los denostados y criticados sindicatos – que dicen que representan a los trabajadores – hacen bien en convocar la huelga.

Es verdad que siempre pagan el pato los mismos. Hay más paro que nunca y los más débiles son a los que es más fácil quitar parte de su sueldo, tienen escaso poder de negociación.

El que tiene un contrato temporal, el que no opina porque está haciendo lo que le han dicho que haga, ve como de un día para otro sus condiciones cambian hasta el punto de poder perder la nómina.

Las diferencias se acentúan y comparto la tesis de quien dice que vamos camino de que la clase media tienda a achicarse y los pobres sean más pobres y los ricos más ricos.

Que los sindicatos convoquen una huelga puede estar bien. Es la forma de reclamar la atención y utilizar un hecho tan especial para comunicar sus convicciones, sus razones. La ley les reconoce ese derecho.

Lo que está muy mal es convocar la huelga haciendo uso de la ley e imponer tu ley (la de la presión, la del miedo, la de las incomodidades) para que muchos no puedan ir a trabajar, que es una cosa bien distinta que ir a la huelga.

Lo que está muy mal es ensuciar, molestar y convertirse en un mafioso mientras simultáneamente dices abanderar la libertad. Unos cuantos de los trabajadores a los que defendéis – porteros, barrenderos – tienen que limpiar vuestras pintadas como la de la foto que acompaña a este texto.

No está bien crear vídeos que enfrenten. No está bien utilizar un lenguaje nada didáctico que sólo pretende que los que se lleven bien empiecen a la voz de ya a llevarse mal.

Méndez, Toxo: estáis perdiendo la oportunidad que el azar y la coincidencia os ha dado de ser útiles a la humanidad. Tenéis el consuelo de no ser los únicos que malgastan esa oportunidad, pero no debéis sentiros orgullosos de formar parte del dream team con menos sentido común.

Ni talante, ni talento. Ni a la derecha ni a la izquierda.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Frases prohibidas: Como digo yo..

basta ya

Hay muchas personas que después de expresar un pensamiento determinado dicen (decimos) la coletilla “como digo yo”.

“Como digo yo” no va normalmente acompañado de una idea brillante, singular, única. Normalmente finaliza una frase vulgar como “La crisis no remonta ni con un parque de atracciones, como digo yo” o “Cristiano Ronaldo es la leche, como digo yo”.

Normalmente los que dicen “como digo yo” quieren apropiarse de una frase por sencilla que esta pudiera ser, pero una vez que ellos lo han dicho y es “como ellos lo dicen” a uno no le queda más remedio que no utilizar esa frase o volver a repetirla en la conversación y reconocer la propiedad intelectual añadiendo “como dices tú”. Si se produjera este último caso el interlocutor se crecerá y empezará a decir después de cada tres frases “como digo yo”.

“Como digo yo” es también una reafirmación de la personalidad de quien lo dice. Uno demuestra de esta manera que tiene una forma particular de expresarse, la que él dice y hace notar con la apostilla “como digo yo”.

Cuando escuchamos a alguien decir “como digo yo” no tenemos opción alguna para demostrar que nosotros también tenemos un carácter, un nombre, una forma de ser. Una vez que uno ha dicho durante una conversación una frase terminada con el “como digo yo” no queda más remedio que bajar la cabeza y reconocer la derrota.

He conocido a muchas personas que dicen cosas “como dicen ellos” pero nunca he tenido la fortuna de presenciar una conversación con dos personas batallando verbalmente con el “como digo yo”. Debo confesar que pagaría por vivir dicho espectáculo.

Hace una semana conocí en el mismo día a dos personas de la cuadra de “como digo yo”. Me lo apunté entre mis frases prohibidas* y hoy lo comparto contigo porque me gusta hacerlo, como digo yo.

¡Ups!, perdón.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

*En este espacio (llamado blog) he ido escribiendo sobre algunas frases que comúnmente utilizamos y que creo que nos ayudan bien poco al ejercicio de comunicar. Hemos llamado a estas formas de expresión “Frases prohibidas”. Algunas de ellas son de los comentarios más vistos en este humilde Partido del Sentido Común. (si quieres ver algunas de ellas pon en el buscador Frases prohibidas. Y si me mandas alguna de lo agradezco).

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Cooperación o competición

cooperar

Hoy he comido con mi amigo Félix y al hilo de nuestra conversación él ha compartido conmigo una tesis: nos gusta más competir que cooperar.

Tanto me ha gustado su reflexión que hoy te escribo sobre este pensamiento.

Quizás nos guste tanto competir que somos capaces de destruir nuestra categoría y hacer caer nuestra cuenta de explotación, quebrar nuestra empresa… pero con la inmensa satisfacción de ver cómo se hunde también el competidor.

La competición está tan presente en nuestra educación que preguntamos a nuestros hijos si son los primeros, segundos o terceros de la clase, si son mejores estudiantes que el hijo del vecino..

Nuestras ansias por ser más que otro, nos llevan a hacerle la pelota al jefe para conseguir que nuestro compañero – convertido en competidor – caiga en la lista de preferencias de nuestro “amo”, nuestro dios laboral.

¿Y ese comentario despectivo del departamento de logística? En vez de cooperar con los compañeros nos dedicamos a bombardearlos porque ellos se han convertido en el enemigo a batir. Es gracias a nosotros que la empresa sobrevive y todo el mundo debe saberlo. Ellos no tienen ni p.i.

Cooperar es grande, simbiótico, productivo pero a nosotros nos gusta – como a los niños muy pequeños – ser malos, porque es más divertido.

Mira a nuestros políticos. Ell@s no sabrían por donde empezar si tuvieran que cooperar. Ya sabemos que la mayor de las desgracias fue aprovechada por unos y otros para seguir compitiendo, incapaces de cooperar. Esa perspectiva me da un mucho de asco, otro mucho de miedo y pena.

Miremos a nuestro alrededor y procuremos cooperar, que aunque parezca más aburrido es mucho más tranquilizador, gratificante y rentable.

Y dejemos la competición con el amigo para el partido de tenis del fin de semana.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Cejas

El cultural

El suplemento “El Cultural” (se vende los viernes junto con el periódico El Mundo) titula en portada “Arte Contemporáneo, ¿por qué ese descrédito?”. Ese artículo contiene la opinión de cinco personas muy expertas en la materia.

A los que nos gusta el arte nos fastidia la arbitrariedad, la sin razón, la falta de sentido común. Creo que el arte tiene como fin ser un alimento espiritual para aquellos que lo consumen y es un importante y pacífico entretenimiento para aquellos que vivimos en las economías desarrolladas.

Hay algunas expresiones artísticas que reciben el estímulo a través del aplauso del público o su indiferencia de la forma más democrática posible: en el lineal – sea éste real o virtual -.

Es verdad que hay libros, películas, discos que siendo maravillosos no logran la aceptación de la gran mayoría. Puede ser porque su lectura sea difícil para muchos (Saramago no creo que venda la décima parte de Larsson). También puede ocurrir que la obra sea poco o mal promocionada (en el cine esto se nota mucho) o su marketing sea deficiente (se gasten una pasta comunicando pero lo hagan mal).

Hay, en cambio, alguna otra forma de expresión artística que no tiene la posibilidad de competir con otros en igualdad de condiciones porque es el poder – público o privado – el que decide quién expone y quién no. Me refiero fundamentalmente a la pintura y escultura, sin olvidar a la arquitectura.

Supongo que lo que yo vi solo, sin compañía, indefenso es una auténtica pasada, puro arte para cualquiera de los cinco expertos en arte contemporáneo que escriben en el artículo antes reseñado.

Pero los que entraban en el precioso Palacio de Cristal del Parque del Retiro de Madrid no parecían opinar lo mismo. Me quedé un buen rato y más de uno y una con quien crucé miradas, enarcaron sus cejas expresando sorpresa al tiempo que yo hacía lo propio con las mías y se produjo en ese encuentro de cejas más de una situación hilarante.

El propósito de la artista no era hacernos reír. Su exposición o llámala como quieras se llama “Atisbar para ver” y se trata de una tomadura de pelo. Me entró la depresión. La artista de nombre Jessica Stockholder viene de Estados Unidos, y empecé a imaginar la cantidad de gastos asociados a ocupar de forma tan indecente tan maravilloso espacio.

Supongo que el alcalde no ha visitado la exposición, que el ministro tampoco. Pero es muy recomendable que se den una vuelta con una careta (a fin de no ser descubiertos ni molestados) y hagan lo mismo que he hecho yo y verán como cierto tipo de arte contemporáneo tiene ese descrédito porque simplemente es una mierda.

Para que no creas que me ha dado un ataque arbitrario, te adjunto las dos fotos que hice con mi Blackberry. Una de las fotos de esa exposición es de una obra que consiste en un conjunto de diferentes artilugios de plástico (papeleras, bidés) atados a una columna.

otra gil en el p de cristal

gilipollez en el p de cristal

Por favor, no gastéis nuestro dinero dilapilándolo de forma tan poco escrupulosa y utilizad, por favor (de nuevo) nuestro escaso dinero bien y con mucho sentido común. Gracias.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

P.D. Puedes ver una reseña de la exposición en este link http://www.europapress.es/madrid/noticia-palacio-cristal-convierte-muelle-siete-meses-instalacion-atisbar-ver-20100713181055.html

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Felicidades y co..nes.

cojones

Titula el periódico El Mundo de hoy en su página 57 en su sección de Comunicación que “”La vuelta al mundo” de Veo 7 duplica su audiencia”.

Pues muchas felicidades. He llegado a una triste conclusión: Que el periodista, su jefe y el jefe de su jefe que han escrito y permitido que se publique este artículo, lo han hecho sólo para cabrear al lector y convencido estoy que los tres (el periodista, el jefe y el jefe de su jefe) han llegado pensar – lo siento – que somos gili..llas. Tú, yo y el resto de personas que les compramos.

Se trata, en definitiva, de una curiosa paradoja. Les compramos y esa condición hace que ellos piensen que lejos de proveernos de inteligencia nos califica automáticamente como estúpidos. Seguro que hay algo que se me escapa, pero con la información disponible es así. Te repito y no te molestes: ellos piensan que tú y yo somos gi..ollas (los puntos son para rellenar. Utilizo otras letras por si no te hubieras enterado a la primera. Como al parecer nos faltan varios dedos de frente, pues por si acaso)

Bueno, déjame contarte.

Según El Mundo y cito textualmente a su periodista que firma bajo el nombre El Mundo/Madrid: “Con una cuota de pantalla media del 1,51% (La vuelta al mundo de Veo 7)…., consiguió tanta audiencia como la suma de dos de sus competidores en esa franja: La Noche en 24 (24 horas) y Hoy (CNN+).

Querido y detestable individuo que hayas escrito esto: tu deber es informarnos. ¿Entiendes?. La página de comunicación es de información, no de publicidad. Y cualquiera sabe que el programa contra el que principalmente compite “La vuelta al mundo” es “El gato al agua” (Intereconomía. Muy sesgado y de pensamiento único, aunque bien presentado por el buen Antonio Jiménez).

Jefe del detestable periodista y jefe del jefe: ¿No os dáis cuenta que estos engaños tan infantiles sólo hablan de vuestra falta de creatividad, de vuestro empeño en llevar la razón aunque no la tengáis? SI sois capaces de engañarnos en algo tan fácil de darnos cuenta, ¿Con qué no nos trataréis de engañar? ¿Qué os enseñaron en la facultad de periodismo, co..es?

No os extrañe que se compren menos periódicos y se lean más blogs. No es un problema de dinero ni de comodidad es un problema de credibilidad.

En cualquier caso, muchas felicidades por vuestro aumento de audiencia. El programa estuvo interesante.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Soy el Presidente

comunidad

Es imperdonable. Se me había olvidado contártelo; soy el Presidente.

Llevo ya unos meses siendo el Presidente de una Comunidad de vecinos. Lo confieso, lo he sido no por voluntad propia, sino porque me toca. Ya se sabe, después del bajo B, le toca al bajo C.

Mi amigo Cristóbal sustenta una tesis que me parece interesante. Nuestro escaso interés por participar de la política se manifiesta desde las Comunidades de vecinos. Él hace una clasificación – gruesa – de lo que ocurre en esta célula democrática:

- Comunidad con Presidente que lo es porque no le queda más remedio. No tiene ningún interés en cumplir esa función. Está deseando dejar la Presidencia lo antes posible y no entiende que ese trabajo sea por el bien de la comunidad. Le parece una putada.

- Comunidad con Presidente que le encanta ser Presidente. Entre estos se encuentran dos tipos:
a) El que quiere ser Presidente para hacer lo que le sale de la nariz. Aprovecha que nadie quiere ser Presidente para atender sus caprichos por encima del interés de la Comunidad. No entiende lo que es el sentido común.
b) El que quiere ser Presidente porque entiende que alguien debe ocuparse profesionalmente de esto y aunque suponga un sacrificio, lo acepta.

Mi amigo concluye que la gran mayoría de las Comunidades están regidas por Presidentes del primer grupo o del 2 a). Y que la mayoría de los vecinos no les importa nada de lo que allí ocurra. En todo caso criticarán, pero no harán nada, están muy liados. Todo ello a pesar de que lo que se trata es sobre el bien más importante que tienen: su vivienda.

Mi Presidencia concluye dentro de poco. Quiero compartir contigo las decisiones más relevantes que he tomado:

Me he cargado al Primer Ministro: el administrador (era muy malo, opaco). La he sustituido por una administradora (eficiente como la que más).

También hemos hecho alianzas estratégicas con otra Comunidad con la que compartimos algunos elementos comunes y que han supuesto un ahorro de costes.

Y alguna otras decisiones menores.

Es el momento de contarlo al pueblo. La comunicación es importante.

Le he encargado a mi primera ministra que relatemos todo lo que hemos hecho y los planes de futuro, para dejar una buena herencia a mi sucesor. Repasaré mi discurso sobre el Estado de la Comunidad y lo ensayaré.

Estoy por cambiarme a la casa del vecino para ver si también me toca el año que viene.

¡Cómo me gusta el poder!

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Desmantelado

mascarilla

Gracias a su valentía muchos nos sentimos identificados con él. Tuvo la mala suerte de ser golpeado por un agresor de los que llamamos de género que bien podríamos llamarle chulo cobarde hijo de puta.

El profesor N. fue golpeado y cayó al suelo. Su hazaña no hubiera sido ni la millonésima parte de importante (sin exagerar) si las cámaras que había en el hotel no hubieran mediado entre el suceso y el televisor o la pantalla del ordenador. Centenas, quizás millares de millones de impactos, de visualizaciones de la misma leche, del mismo golpe, a la misma persona.

Alguien – un político – debió pensar que tal campaña de publicidad no se podía desaprovechar y creó todo un departamento para que el profesor agredido formara parte de la plantilla de la Comunidad de Madrid, tuviera sueldo y fuera la imagen tangible de la preocupación de los políticos por las víctimas de género.

La medida no es aparentemente muy inteligente. Las personas no deberían contratarse por su notoriedad, aunque, en cambio, es posible aprovechar esa característica. Por ejemplo, como conferenciante, articulista, invitado a saraos…

Pero los políticos miran a la prensa y les importa un rábano y dos huevos duros los ciudadanos. La prensa influye tanto en los ciudadanos que el axioma termina concluyendo que el ciudadano es gilipollas.

El profe N. debe tomar unas pastillas que son incompatibles con el alcohol. ¿Qué hace una persona normal si toma unas pastillas que son incompatibles con el alcohol?. Has acertado: no beber alcohol.

¿Qué haría una persona normal si en un arrebato, en un descuido se toma unas copas con el medicamento incompatible con el alcohol?. Hoy estás que te sales, ¡felicidades!: no conducir.

¿Qué hace una persona de bien cuando se le pregunta?. Efectivamente: decir la verdad.
¿Y cuándo ha cometido un error? Sí señora: pedir perdón de forma sincera.

Todo lo contrario que la historia del Profesor N.

Profe N. Siento lo que le pasó, le ha dejado secuelas para toda la vida.
Y lamento que lo que Vd. enseñó a través de ese vídeo que tantas veces hemos visto, se le haya olvidado tan rápidamente.

Profe N., mañana el órgano, el departamento que crearon equivocadamente a su medida va a ser desmantelado.

Ya no importan las víctimas de género. Ya se ha acabado la moda de defenderlas.

¿Será esto contagioso? Espero que no. Yo por si acaso, me voy a comprar una mascarilla y voy a ahorrar para un refugio antipolítico.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Restaurante

gurtel

Le has visto en infinidad de veces en los periódicos. Y en cambio si le vieras caminando por la calle no le reconocerías. Si coincidieras con él en un restaurante pasaría desapercibido.

Si, en cambio, te dijera su nombre y dónde trabajaba, le asociarías a Gurtel, el caso de corrupción que invadió al PP.

Gurtel es tan grande que se ha convertido en un genérico, como lo es Danone para los yogurths o Kleenex para los pañuelos de papel o Coca-Cola para las bebidas carbonatadas de cola. Hacer un Gurtel es hacer un trapicheo y todo el mundo te entiende.

El otro día coincidí con él en un restaurante en La Moraleja. Cuando llegué a mi mesa miré a mi alrededor y supe que le conocía pero no fue hasta unos minutos más tarde – ya sentado – cuando me di cuenta que era él.

Giré mi cabeza hacia la derecha , dije su nombre en alto y él, que no me reconoció, pareció mostrarse agresivo en primera instancia. Le dije mi nombre con voz fuerte y segura. Me reconoció. Rápidamente se puso en pie y me dio la mano fuerte como solía.

¿Qué tal?, le pregunté retóricamente. Sólo quería saber si iba a meterse con el partido y si cometería la imprudencia de insultar a alguien. Supuse que así podría ser porque en el PP lo ponen verde.

-Mucho mejor – me contestó. – Ha sido un suplicio – zanjó. En su día su nombre y fotografía aparecía día sí y día también en la prensa y en la televisión.

Busqué una tarjeta de visita en mi chaqueta y se la ofrecí. Él la cogió amablemente.

- Tú puedes localizarme en Génova – me dijo. Debí parecer sorprendido. Él se sonrió. – Hombre claro – allí sigo teniendo mi despacho y mi secretaria, hasta que las aguas vuelvan a su cauce. Lo dijo con sorna, seguro de sí mismo. Con poder.

- ¡Qué bien! , me alegro – le dije mentirosamente.

Desde ese día no puedo quitarme un intenso olor y dolor de mi mano.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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