Independencia

Rousseau

Almorcé con una persona que había trabajado hace ya unos años en uno de los ministerios, muy cerca del ministro.

En uno de sus muchos e interesantes comentarios, me hace saber sobre su estupor por la actitud de los catalanes ante la sentencia del Constitucional. Su opinión es que aquellos que protestan tan airadamente no entienden la independencia de los poderes judicial, ejecutivo y legislativo que tan importante son para el correcto funcionamiento de la democracia.

Los ilustrados, los inventores de esta fabulosa división, decían que es legítimo despedir a aquellos gobernantes que sobrepasen la función que se les ha encomendado. Muchos de los de ahora, sobrepasan la función que les hemos encomendado, pero no se les puede despedir tan fácilmente como proponen Rousseau o Locke.

La independencia es un bien que los lectores de periódicos, los clientes de los hoteles, los empleados de las empresas valoramos. La independencia equivale a menudo a justicia y define al periodista, al recepcionista del hotel o al jefe.

Si analizas los casos que te propongo tengo malas noticias para todos. La independencia que tanto valoramos no está de moda.

Del periodista ya sabemos que es lo que va a decir en la tertulia antes de que abra la boca. A los periodistas los colocan en bancadas separadas en función del color político que defiendan. ¡Manda cuerpos redondeados, de tamaño y dureza variables! . Me gustaría saber en qué año de su carrera había la asignatura de pensamiento único y fidelidad pagada.

Del recepcionista del hotel podemos esperar la peor de las recomendaciones y una rápida reserva. Está conchavado con el restaurante al que te envía y al que tan amablemente llama por ti para que la comisión se devengue adecuadamente. Un señor llamado Jan Eric Frydman que tiene el honor de ser un viajero tan frecuente de SAS que ha salido en su revista corporativa, dice que jamás pide consejo sobre dónde ir a cenar ni a un recepcionista ni a un taxista. Por lo que se ve en estos gremios tampoco hay independencia.

Y qué me dices del jefe incapaz de mostrar independencia y justicia con sus subordinados, formando su pandilla en la empresa replicando la que tenía durante su adolescencia. Se van creando grupillos, unos apadrinados por el jefe y otros a los que les gustaría estar en el grupillo y quedan a la espera que el jefe les invite al guateque.

La independencia tiene sus costes. Para el político aceptar que no tiene todo el poder, porque éste está dividido. Para el periodista saber que tiene que pensar razonadamente porque nadie le va a dar el discurso hecho. Para el recepcionista del hotel, la independencia es renunciar a las comisiones y para el jefe no tener la seguridad que siempre habrá gente que le ría las gracias.

El que alguien quiere, algo le cuesta.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Categoría: General