Chicha

chicha
Tengo bastante relación con un sector, el de la publicidad, que tiene algunas costumbres que creo que merecen una reflexión.

Algunas de esas costumbres me recuerdan a las que criticamos de los políticos por su falta de sentido común.

Esta reflexión la hago al hilo de un comentario de un buen amigo que es presidente de una agencia. Dicho comentario venía a decir que se sentía muy orgulloso de una campaña de publicidad porque había sido premiada en un festival publicitario.

Para ti, que quizás no sepas como funciona esto de los premios publicitarios debo decirte que son premios que colegas de la profesión se otorgan entre ellos, por lo general de profesión creativos. La agencia de publicidad inscribe – previo pago de una cantidad nada despreciable – las campañas que considera oportunas y espera a la decisión del jurado. Las agencias gastan una pasta y mucho tiempo del caro en elegir las piezas, preparar los informes, ir al festival, recoger el premio, anunciar que lo han ganado y contárselo a quien se ponga por delante.

Por lo general hay un ratio de premiados/inscritos muy alto, altísimo que a cualquier hijo de vecino mosquearía.

Supongo que cualquiera estará de acuerdo si escribo que las empresas invierten, gastan dinero en publicidad para añadir valor a sus marcas, defenderse mejor de la competencia, vender más, generar más beneficios, poder vender más caro, que su demanda sea más inelástica al precio.

Lo curioso es que las agencias, sus directivos y sus creativos estarán más orgullosos de un premio que les otorguen los colegas que el premio del reconomiento de su cliente por haber hecho un trabajo eficaz. El premio del festival es público, permite que todos sepamos lo buenos que son y el otro premio – el reconocimiento de los clientes – queda en privado (quizás porque se cuente poco y mal)

Así pues, todo un grupo de profesionales que ganan un pastón viven a expensas de esta pasarela en la que no interviene ni el que paga la fiesta que además quiere más servicio y atención. Para colmo en los premios hay cierta adulteración de la verdad (sólo pueden ganar los que pagan).

Una vez le pregunté a mi amigo presidente que por qué no dejaban de gastar dinero y tiempo en estos festivales y se dedicaban a hacer algún marketing algo más sofisticado y orientado al cliente. Me contestó que lo que funcionaba para captar clientes era ganar premios. No creo que haya muchos clientes que se dejen deslumbrar por el reconocimiento de los trofeos y en cambio sí están deseosos de reconocer a sus agencias por su capacidad para ser útiles y ayudarles a vender más.

Algo parecido les pasa a nuestros políticios. Mucho fuego artificial y poca chicha (por cierto, he engordado durante mis vacaciones)

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Categoría: General