Einstein

Einstein

Una interesante conversación con mi amigo José Carlos me hace recordar una frase de Einstein convertida en aforismo. Dice algo así: “La vida es peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por aquellas que lo permiten”.

Hay muchas, demasiadas personas que permiten el mal.

Como no hacen el mal directamente, se sienten inocentes y supongo que muchos se saben cobardes pero con su culo sentado en una cómoda silla cada día proceden a posarlo.

La corrupción no es patrimonio sólo de los políticos. En muchas empresas privadas el director comercial le paga comisiones a quien le compra el producto que él vende. Los dos corruptos – tanto el que propone la comisión como el que la acepta – justifican su maldad balbuceando entre risas y sin tapujos con un infantil “si no lo hago yo, lo hará otro”.

Estos dos malvados son observados por sus subordinados que no quieren problemas y por eso ni hablan, ni se mueven ni conmueven ante el espectáculo del ladrón que encima te hace la vida imposible. Normalmente este tipo de gente reúnen las virtudes de ser muy ladrones y muy hijos de puta.

En una ocasión fui víctima de un chantaje. Un cliente pretendía que la empresa para la que yo trabajaba le pagara dinero para renovar un contrato. Como a este tipo de bichos se les ve llegar desde muy lejos, tuve tiempo y la audacia de comprar una grabadora (en la tienda del espía) que recogió la conversación que demostraba que esa rata convertido en ejecutivo era un delincuente. Al no ser un experto en este tipo de sucesos lo pasé muy mal, pero una vez que me hube despedido de él me sentí liberado y victorioso.

Llevé mi grabación (que aún conservo) al Consejo de Administración de la empresa en la que trabajaba.
Los consejeros prefirieron escuchar a la rata y perdonarle su vida profesional, permitiendo así el mal.

La vida es peligrosa por aquellas personas que permiten el mal.
Hay demasiadas personas peligrosas.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Categoría: General