Sentimientos analógicos y digitales

¿Qué opinas de las personas que ponen en marcha mecanismos de defensa emocionales?

Se trata de evitar a toda costa enfrentarse a todo aquello que les pueda entristecer: una película, una noticia, una historia. En definitiva, el llanto no forma parte de sus vidas e incluso quien llora puede ser objeto de sus burlas porque lo consideran una debilidad.

La persona que activa esos mecanismos de defensa vive plácidamente sumida en un catálogo de sentimientos digitales que le preservan de las incómodas sorpresas a las que se tendría que enfrentar en el caso de eliminar esas defensas.

Los que evitan las emociones, los llantos deben saber que su elección tiene un precio: sus alegrías también son contenidas y al igual que con sus tristezas. No podrán disfrutarlas en toda su riqueza.

El sonido digital es más controlable, las ondas son más seguras y los ruidos más escasos. Pero lo digital nos impide apreciar todo el sonido, incluyendo sus más que notorios defectos.

El sonido analógico, el del tocadiscos, está más expuesto a rayarse pero nos ofrece toda la complejidad de la grabación. Es más rudimentario pero, en cambio, más rico. Es más arriesgado pero, en cambio, más romántico.

Lo mismo ocurre con los sentimientos y las personas; las hay con sentimientos digitales y los hay con sentimientos analógicos.

Para los del sentimiento digital es mejor saber que mañana se parecerá, muy probablemente tanto a hoy como a pasado mañana.

Para los de sentimiento analógico llorar de emoción produce un bienestar incomparable y las sorpresas son sorpresas que no riesgos ni ataques del enemigo.

No acierto a imaginarme ni a los de un lado ni a los de otro – ni a Zapatero, ni a Rajoy ni a Leire ni a Esteban – ni llorando con una canción, con un libro o escuchando las bellas palabras de Pilar del Río a las pocas semanas de morir Saramago, ni tampoco riéndose con nivel de descojono una ocurrencia genial.

Además de bastante malos son poco emocionantes, muy tristes. Les acompaño en el sentimiento, mientras repaso el Debate del Estado de la Nación y no sé si llorar o reír, pero algo y mucho tengo que hacer.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Einstein

Einstein

Una interesante conversación con mi amigo José Carlos me hace recordar una frase de Einstein convertida en aforismo. Dice algo así: “La vida es peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por aquellas que lo permiten”.

Hay muchas, demasiadas personas que permiten el mal.

Como no hacen el mal directamente, se sienten inocentes y supongo que muchos se saben cobardes pero con su culo sentado en una cómoda silla cada día proceden a posarlo.

La corrupción no es patrimonio sólo de los políticos. En muchas empresas privadas el director comercial le paga comisiones a quien le compra el producto que él vende. Los dos corruptos – tanto el que propone la comisión como el que la acepta – justifican su maldad balbuceando entre risas y sin tapujos con un infantil “si no lo hago yo, lo hará otro”.

Estos dos malvados son observados por sus subordinados que no quieren problemas y por eso ni hablan, ni se mueven ni conmueven ante el espectáculo del ladrón que encima te hace la vida imposible. Normalmente este tipo de gente reúnen las virtudes de ser muy ladrones y muy hijos de puta.

En una ocasión fui víctima de un chantaje. Un cliente pretendía que la empresa para la que yo trabajaba le pagara dinero para renovar un contrato. Como a este tipo de bichos se les ve llegar desde muy lejos, tuve tiempo y la audacia de comprar una grabadora (en la tienda del espía) que recogió la conversación que demostraba que esa rata convertido en ejecutivo era un delincuente. Al no ser un experto en este tipo de sucesos lo pasé muy mal, pero una vez que me hube despedido de él me sentí liberado y victorioso.

Llevé mi grabación (que aún conservo) al Consejo de Administración de la empresa en la que trabajaba.
Los consejeros prefirieron escuchar a la rata y perdonarle su vida profesional, permitiendo así el mal.

La vida es peligrosa por aquellas personas que permiten el mal.
Hay demasiadas personas peligrosas.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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