La estabilidad es ganar

estabilidad es ganar

Estoy aún digeriendo esta frase, “La estabilidad es ganar” que sirve como titular de El País del pasado 27 de mayo para resumir las declaraciones de Florentino Pérez en una rueda de prensa que convocó para anunciar el despido de Pellegrini.

La estoy digeriendo durante tanto tiempo porque me repite constantemente al tiempo que me produce arcadas y temo que esto va para largo. No sabía que servidor estuviera tan sensible.

La frase “La estabilidad es ganar” es propia de un niño caprichoso, maleducado al que si no le compran el helado a la voz de ¡ya! se pone a patalear y llorar. O ya algo más crecidito esa frase es propia de un comprador compulsivo de sexo o de favores, no importa quien se ponga delante porque quiere estar estable y para estarlo hay que ganar.

Imagino al patrocinador de esta frase dirigiéndose a sus hijos – desconozco cuántos son pero presiento algo de lástima por ellos – diciéndoles ante un eventual suspenso o un progresa adecuadamente que “La estabilidad es ganar”, que la vida ha sido creada para vencer al tiempo que se derrota al adversario que no es otro que tu compañero Pepito que ha sacado mejores notas que tu, ¡joder!. La estabilidad es ganar.

La foto que acompaña a la noticia es la de un hombre que mira al horizonte con la firmeza de aquel que sabe que es un hombre de éxito que no conoce los mareos porque siempre está estable, porque siempre gana.

Admirado por sus millones, por ser más conocido y poderoso que los ministros y presidir el negocio más internacional y que mueve más pasiones, al autor de “La estabilidad es ganar” le pido que reflexione antes de hablar para que los que nos tropezamos con su maldita filosofía de vida no tengamos que desgañitarnos explicando a nuestros hijos que la riqueza, sabiduría y serenidad no son sinónimos.

Floro, la estabilidad no está en ganar. Más Platón y menos Prozac, colega.

Mejor es callar y que sospechen de tu poca sabiduría que hablar y eliminar cualquier duda sobre ello (Abraham Lincoln)

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Es posible

Posible

Mucho antes que hayan llegado los necesarios recortes del gasto en la Administración Pública unas cuantas empresas hicieron lo propio.

Muchas de ellas – muy grandes – decidieron que la crisis les daba el salvoconducto para echar a la calle a aquellos que tantos años se dejaron la piel y ahora son elefantes que en su día fueron gacelas. Estas empresas se lanzaron a la vorágine de los despidos, gracias a los cuales siguieron ganando pasta, los de siempre siguen comiendo caviar (le robo la expresión a mi admirado M) y los que se fueron a la calle se mueren de miedo y aburrimiento. Nadie les advirtió que lo estaban haciendo mal y que su puesto peligraba.

Los que les mandaron a la calle, les explicaron que las cosas están difíciles y que los accionistas (¿quién coño es el accionista?, que me lo cargo) había pedido esto.

Hoy he estado en una empresa y he comprendido que es posible. Sí, es posible hacer las cosas bien, ser emprendedor, respetuoso con los que trabajan en la empresa, buscar su complicidad y salir adelante en equipo, sin joder – con perdón – al más débil y al que menos culpa tiene.

Esta empresa emplea a más de 100 personas y como tantas otras se ha visto afectada por la crisis. Su visión es de innovación y con la mirada puesta en el largo plazo. Sus accionistas – estos sí que tienen cara y ojos – fueron cautos y sólo repartieron dividendos en una ocasión. Se pagaban bien y no les hacía falta más para disfrutar de la vida.

Antes de que acabar el 2008 vieron que la situación iba empeorando y que necesitaban hacerse algunas medidas de ajuste. Una de ellas fue proponer reducir el salario al personal. Los que menos cobraban seguirían cobrando lo mismo, los que más cobraban sufrirían un recorte salarial.

Sí, has leído bien. La empresa propuso a sus trabajadores reducirse el salario. Propuso, sí, propuso. La directora general explicó al personal que esos recortes eran necesarios para poder seguir acometiendo inversiones que fortaleciera el liderazgo en su sector. Lo debió explicar muy bien.

Sometió la propuesta a votación secreta y dijo de antemano que si el resultado no superaba el 80% de respaldo no se llevaría a cabo. Ella y los accionistas debían saber que con ellos trabajaban personas que entienden cuando se les explica sin tapujos, sin mentiras, sin dobleces y que quieren lo mejor para su empresa porque su empresa quiere lo mejor para ellos. Pura relación simbiótica.

El 100% de los empleados dieron el visto bueno a la propuesta. El 100% significa todos. Todos.
Es posible.
Sí, es posible.
En mi reunión, que creo que no olvidaré, estaba presente mucho talento, mucha bondad y todo el sentido común.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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