Promesas

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Mi amiga María me ha contado una anécdota que bien puede reflejar alguna característica fundamental de quiénes nos representan.

Te cuento la anécdota: mi amiga, militante por aquel entonces del PSOE, se acercó, tras un mitín en su pueblo, al candidato a Presidente de Gobierno José Borrell y le pidió que le prometiera que la Universidad pública iba a ser gratuita. Borrell la miró fijamente a los ojos antes de subirse al coche oficial y le contestó: “Te lo prometo”.

Mi amiga María se creyó la promesa de Borrell y me la contó el otro día al hilo del desastre que está pasando y la necesidad de un Partido del Sentido Común. María me dijo: “Al menos con Borrell hubiéramos tenido Universidad gratuita, él me lo prometió”. No trato de valorar si la petición era conveniente o no, eso no es lo que ahora importa.

No le falta razón a aquel que quiera tachar de ingenua a mi amiga. Y tampoco le falta razón a mi amiga por creerse al candidato que le mira sincera, fijamente a los ojos mientras sin asomo de duda en su voz le responde con un contundente “Te lo prometo” a su clara petición.

Prometer es difícil, muy difícil si se va a cumplir. Prometer significa adquirir un compromiso. Las promesas que se van a cumplir son estudiadas previamente y el que esa intención tiene – la de cumplir – prefiere hacer esperar al que le pide una promesa antes que prometer en falso.

O prometer es fácil, tan fácil como hablar o escribir, ya se sabe que la promesa no se va a cumplir. Prometer significa entonces ilusionar, es decir provocar en el interlocutor una especie de espejismo momentáneo que le producirá una supuesta felicidad etérea porque nunca habrá nada de concreto, de tangible en la promesa.

Borrell y otros muchos más, de un lado y de otro son capaces de prometer para sacarse de cada mitín o reunión unos votos o alejar la crítica por el desatino, la incapacidad o la corrupción. Los que prometen para no cumplir suelen además haber practicado mucho una mirada penetrante y supuestamente sincera a pesar de ir cargada de mentira. Quizás en el momento de prometer incluso ellos mismos se lo creen, como grandes actores que son.

En el Partido del Sentido Común prometeremos para cumplir. No puede haber otro tipo de promesas que aquellas que se lleven a cabo y sean más sólidas que unas pocas palabras que se las lleva el viento.

Porque en caso contrario es mejor no prometer y hacer uso de la sabiduría: uno es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios. Lamentablemente este breve e inteligente aforismo es desconocido para la gran mayoría de los que nos representan.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Categoría: General

1 Response

  1. mª carmen dijo:

    En mi mesa detrabajo, a mi derecha, tengo un papelito en blanco con letras negras en el que se lee la frase ” ERES DUEÑO DE TU SILENCIO Y ESCLAVO DE TUS PALABRAS”..de veras.

    Es mejor callarse y no adquirir compromisos que se sabe que son si no imposibles muy dificiles de cambiar asi como asi. pero la gente de calle, la que cree en su líder político ni se lo plantea…solo piensa…-si él lo ha dicho…lo cumplirá.

    Ay…que pena. En mi pueblo las promesas son las mismas cada cuatro años. Solo hay que mirar los programas electorales. se repiten. Será que no se ejecutado lo prometido ¿no? digo yo.

    Luego vienen las explicaciones y los lloros de que no tenian la mayoría absoluta y estaban atados de pies y manos. Pero es que cuando la tienen tampoco cumplen, pues prometen, a veces, imposibles.

    Enviado el abril 12th, 2010 a las 9:57

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