Sentido

sentido

He aquí a cualquier emprendedor con una idea útil y supuestamente brillante. Este emprendedor tiene las ideas claras, le mueve conseguir fabricar algo, prestar un servicio. Conseguir poner en marcha su proyecto le tiene encandilado, apasionado. No importan las horas dedicadas, las horas de sueño robadas, los fines de semana trabajados. Su expresión está llena de vitalidad, plenitud, su ilusión es tener clientes o usuarios satisfechos, hacerles la vida más cómoda y fácil. Este emprendedor no piensa en el dinero, supone que si hace las cosas bien, la recompensa económica llegará.

Tanta pasión ha dado su fruto. El emprendedor ha tenido que contratar a algunos empleados y después de dos años un capital riesgo ha confiado en él y le ha permitido afrontar nuevas inversiones que harán ampliar su gama de productos y sus clientes. Sus nuevos socios le han pedido crecimientos de dos dígitos.

Han pasado cinco años. Nuestro emprendedor ya no habla de clientes, habla de circulantes, fondos de maniobra, ebitdas y estados de orígenes y aplicaciones de fondo. Su sueño es otro: ganar más dinero para dejar de trabajar lo antes posible. Que alguien venga y le compre la empresa. Dios mío, qué suplicio.

He aquí a un joven estudiante que quiere que nuestra sociedad sea mejor. Cree que la política es el instrumento adecuado para participar en ese objetivo. Sabe que nunca será rico – la política está mal pagada – , pero su objetivo – procurar el bienestar de los demás – es suficientemente importante y gratificante como para aceptar esa renuncia.

Pasan los años. Nuestro ya no tan joven político tiene un escaño en el Congreso y aspira a un buen cargo público. Lo tiene que conseguir como sea. Está cansado de tanto pelota que viene a su despacho pidiéndole favores. Los ciudadanos son unos gorrones que creen que ser un cargo público significa tener que atenderles. Está cansado de dar para nunca recibir. Ha llegado a la conclusión que él también merece vivir mejor. Es injusto que los políticos que manejan tanto presupuesto ganen menos que el Presidente de la constructora.

He aquí a un joven estudiante de Derecho. Consigue acabar la carrera y oposita para juez. Después de dos intentos, consigue aprobar la oposición. Desde pequeño supo que la administración de la justicia era un asunto maravilloso, que permitía que la sociedad funcionara correctamente, nos hace libres. Se juró que siempre sería independiente y que jamás nada ni nadie le influirían en su trabajo y sus decisiones.
Años después el juez no pensaba en la justicia como un instrumento de servicio a los ciudadanos. Eso lo deja para los recién llegados que tanta ilusión desprenden. Ya verán que esto no es lo que parecía.

Y héte aquí al periodista que estudió la carrera para hacer llegar la verdad a sus lectores ¿Qué fue de él?

Las ilusiones que tanto consiguieron quedaron abandonadas por el camino. Los motivos que daban razón a nuestra existencia desaparecieron. Recordamos con melancolía aquellos días en los que no había para copas pero había un sentido claro, rotundo en lo que hacíamos.

Hay jóvenes de 50, 60, 70 años que siguen siendo fieles a sí mismos.

Son gente de Sentido Común.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

Aprovecho para compartir un vídeo de Guy Kawasaki que algo tiene que ver con esto.

Share
Categoría: General