Comer y llorar

llorar

Mi amigo Andrés me ha contado durante una comida la historia de sus padres y el comienzo de su propia vida profesional.
A medida que iba escuchando el relato de Andrés noté que las lágrimas encharcaban mis ojos y supongo que eso era notorio para él. A pesar de ello, Andrés no dijo nada, aunque noté que él sufría una leve incomodidad fruto de mi inesperada reacción.

No sé bien qué hacer cuando esto ocurre; si manifiesto explícitamente que me estoy emocionando, las lágrimas se liberan y multiplican, acompañadas del hipo propio del llanto entrecortado. Es una situación violenta para todos. Si en cambio hago lo que suelo hacer, que es contenerme todo lo que puedo, miro a otro lado, respiro profundamente y en última instancia recurro al pañuelo con la esperanza que mi interlocutor piense que estoy resfriado.

Confieso que me encanta llorar cuando es la consecuencia de la emoción que no de la pena.

Mi amigo Andrés me contó la alegría de su padre, de origen humilde, por los éxitos de su hijo. Una alegría desbordante, inmensa, infantil por lo despreocupada y sincera. El padre trabajaba como cerrajero de lunes a domingos, sólo se reservaba unas pocas horas de las tardes del domingo para compartir con la familia y disfrutar un poco. Todo lo demás era trabajo.

Andrés y su padre sabían que esa no era la vida que uno aspira a vivir y los dos pusieron todo su empeño para que el hijo pudiera estudiar y ser más libre. Fueron la generosidad e sus padres, el deporte profesional y la casualidad lo que permitió a Andrés poder cruzar la frontera de su pueblo, acceder a la Universidad y viajar por todo el mundo. Ahora es un empresario de éxito y una persona querida por muchos, entre los que me encuentro.

No hizo falta dinero, hizo falta poner todo el empeño e ilusión. Cero desidia, apretar los dientes para vencer el miedo, el vértigo que produce lo desconocido. Lo más emocionante de nuestra comida fue cuando Andrés decía que nada le atemorizaba porque siempre sabía que podía volver a casa, sin que ello pudiera – para nadie – suponer un fracaso.
Si le consultáis a gente como Andrés , estosearreglamuchomásrápidamente. Punto porquesí.

Como diría el del bar de al lado de mi casa, te lo digo yo.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Categoría: General

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