Servilleta

Servilleta

Un cliente convertido en amigo me ha contado la historia de una servilleta. Fue durante la cena de ayer.

Un par de estudiantes de una de las más afamadas universidades norteamericanas le contaron a un empresario su idea. Y lo hicieron utilizando una servilleta, supongo que acompañada de ideas claras expresadas verbalmente.

Al empresario le pareció tan buena la idea que aportó una primera cantidad de dinero para poner en marcha el negocio. A este empresario, tan buena le pareció la idea de la servilleta que llamó a algunos otros conocidos que invierten en negocios, les comentó la existencia de la servilleta y estos otros amigos pusieron más dinero.

La idea de la servilleta todavía no es consumible, accesible, pero tan buena idea es que otros empresarios han ido invirtiendo más dinero valorando la empresa de la servilleta en decenas de veces más que lo que fue valorada al inicio. Así, los estudiantes, los primeros inversores ya han generado importantes plusvalías latentes.

Después que hubiéramos terminado de cenar, cada uno se fue a sus respectivas casas (al menos yo me fui a la mía). Encendí la radio y una ministra explicaba un retorcidísimo entramado de reuniones y burocracias para poner en marcha una decisión que aparentemente parecía sencilla. Había tantas personas implicadas – ministerio, consejerías y otros agentes sociales (o lo que sea) – con tan diferentes intereses y egos que lo que la ministra decía que iba a ponerse en marcha tenía pinta de tardar mucho, a pesar de ser sencillo y a la vez importante para ti y para mí.

La ministra hablaba de este proceso con cierto orgullo. Parecía – es una sensación subjetiva, quizás injusta – como si todo este trabajo al que se enfrentaba le diera morbo y contarlo le produjera cierta excitación.

Los dos jóvenes universitarios y los empresarios que confiaron en ellos es probable que agiten el mundo y lo hagan más eficaz a partir de una servilleta.
La ministra y sus adláteres, los consejeros y los agentes no entienden de servilletas. No entienden de ideas, sólo de complejos procedimientos que a los demás nos joden. Con perdón.Esto es falta de sentido común.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Categoría: General