Fútbol

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Es absolutamente natural que uno se aficione a los colores de un equipo de fútbol y mantenga dicha afición para el resto de su vida.

Entiendo que los más aficionados al fútbol pierdan los nervios cuando alguien se mete con su equipo o incluso afecte a su estado de ánimo. Conozco a unos cuantos a los cuales es fácil alterar simplemente ironizando sobre su equipo.
Les entiendo, aunque no comparto su afición. Su pasión no parece que vaya a hacer daño a nadie, siempre y cuando no pase de los límites verbales ni se exacerbe. Su fidelidad es meritoria y es el alimento vital de los clubes de fútbol y de todo lo que los rodea.

La mayoría de los españoles consideramos que los partidos políticos son como clubes de fútbol y hemos asemejado a los líderes políticos con Agüero, Cristiano y Messi. La mayoría de los españoles votan a un partido y preferirían no ir a votar que votar al que consideran su adversario y enemigo para toda la vida.

La mayoría de los políticos defienden al programa de su partido, da igual lo que diga. Parecen autómatas con mucha labia y aparentemente inteligentes, capaces de modelar su discurso en función de lo que otro les instruya y aunque no se lo crean (¡qué esquizofrenia!)

Échale un vistazo a los argumentos retorcidos y mentirosos que algunos tertulianos hacen con tal de defender a sus jefes. Son como niños.
Algunos tildan de traidores a los que votan un año a unos y en otras elecciones a otro. Así, los partidos políticos son capaces de argumentar que tienen un colchón de tantos millones de votos.

Los del Partido del Sentido Común conocemos bien la diferencia entre lealtad y fidelidad.

A botar al estadio con el corazón y a votar a las urnas con la razón.
¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Categoría: General