Frases prohibidas: “En nuestra época”

epoca

Parece que para muchos cualquier época pasada fuera mejor. Entre los que ya hemos cumplido más de cuarenta hay un grupo suficientemente numeroso de personas que creen que hemos perdido los valores de antes, que la educación es una calamidad y que los niños pasan ahora horas jugado a la consola…¡con lo sano que era jugar en el parque! Casi todo ha ido a peor…sniff!!!

Vistas las cosas así, parece que es casi mejor desaparecer del mapa. Las cosas no tienen otra pinta que la de cambiar y los amigos de “esto va a peor” no van a estar contentos con nada de lo que venga.

No parece que esto sea nada grave. Habrá muchos descontentos con lo que les rodea y no se sientan a gusto con nuevas formas de pensar y actuar. Es probable que se refugien en su tribu como otros nos refugiamos en la nuestra.

No pasa nada, hasta que este pensamiento empieza a afectar a los que les rodean. Veáse a un hijo estudiando ayudado por su ordenador y el padre diciendo “Déjate de ordenadores. En nuestra época no los había y mira lo bien que nos educamos”. O a aquel hijo que dice que quiere salir con los amigos a cenar y de nuevo el padre o madre “En nuestra época hacíamos esto o lo otro”. Un coñazo. Unos inadaptados. Un argumento malo y perjudicial ese de “En nuestra época”.

Lo mismo les pasa a los políticos. Escúchales. Cuando se reprenden y reprochan (¡qué aburrimiento! ¡qué plastas!) unos y otros utilizan como casi el único de sus argumentos lo bien y lo mal que perciben que se hizo en el pasado.
“En nuestra época hubo el mayor crecimiento” dicen unos que gobernaron, “En su época las personas vivían peor”, dicen los que gobiernan ahora.

¡Basta! Qué futilidad. Qué estupidez.

Mirar al futuro sin olvidar lo aprendido en el pasado. Vivir el presente.
Así es el Partido del Sentido Común.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Alteridad

empatia

Hay muchos que confunden la palabra empatía con simpatía.
Según el diccionario de la rae (www.rae.es) empatía es “Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro”.
Creo, no estoy seguro, que empatía ha sido adaptada del inglés “empathy”.

A mí me gusta mucho más la palabra alteridad que me enseñó mi amigo Javier Ferrer Alós (según el mismo diccionario “Condición de ser otro”).

Generar alteridad exige un gran esfuerzo.

Poniéndose en el lugar del otro, las reglas son las mismas para uno que para el que nos rodea. Las exigencias tan fáciles de pedir deberán ser también las que nos requerimos a nosotros. La falta de atención que tanto criticamos en los demás sobre nuestros asuntos deberá ser comprensible, también lo hacemos nosotros.

Hay quien se retrasa a la cita y además de incapaz de disculparse critica al que en su día se retrasó. Hay quien no respeta el tiempo de los demás porque valora el suyo a un precio diferente, superior.

Tener empatía, crear alteridad es ser generoso. Y el generoso lo define también la rae como “excelente en su especie” (cuando se trata de caballos, por ejemplo)

Me da la modesta impresión que la mayoría de los que nos representan luchan por ser simpáticos, que no empáticos. Y a lo mejor se nos está contagiando.

Cada palabra en su sitio, que si no, es un lío.

¡Viva el Partido del Sentido Común! ¡Viva mi amigo Javier!

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SMS

sms

Le estoy agradecido a la prensa por habernos ayudado a saber cosas que sin ella no hubiera sido posible.
Les estoy agradecido a muchos periodistas por escribir tan bien y trasladarnos conocimiento ordenado para que sepamos más.

Pero no me gusta nada que un medio de comunicación engañe deliberadamente a su audiencia en beneficio propio. No me gusta nada que un medio convierta sus enfrentamientos empresariales en el contenido central. A la audiencia no nos interesa nada ese tema y sus críticas a sus competidores son engañosos, insidiosos.

En la tertulia “Una vuelta al mundo” de Veo7 (Unidad Editorial) hay un gratificante equilibrio de opiniones. Pero no es oro todo lo que reluce.

Hoy han emitido un reportaje sobre el Consejero Delegado de Prisa, Juan Luis Cebrián, al que no tengo ni aprecio ni desprecio. En ese reportaje se le ha calificado de colaboracionista con el fascismo que para cualquier hijo de vecino es equivalente a llamarle fascista.

A pesar de gustarme mucho la tertulia me he sentido indignado por tamaño insulto y utilización espuria del medio de comunicación.

No he podido evitarlo, he escrito un sms al 27717 que decía: “ Veo Carlos, por favor, reconoced q os habeis equivocado con el reportaje. Ha sido penoso, poco objetivo”. Carlos es el nombre del conductor del programa.
He esperado bastante tiempo y no ha salido el mensaje en pantalla.

He decidido enviar otro sms al mimo número cuyo mensaje es: “Veo Felicidades. Gran programa e investigación”.
El mensaje acaba de salir en pantalla (23.13 minutos)

Esto no puede ser. Y ocurre en un sitio y en otro. Eso no es libertad de expresión, eso no es periodismo. Eso es una mierda.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Frases prohibidas: “La verdad…”

verdad

Esta es una de las expresiones o frases prohibidas que no soy capaz de evitar. Cada vez que me la oigo decir siento que algo de mentira tiene que haber en lo que digo cuando me escucho diciendo “La verdad es que…”

- ¿Qué tal estás?, pregunta uno
- Pues la verdad que muy bien, muy bien – contesta otro.
- ¿Y el fin de semana, qué tal?
- Lo pasé de maravilla, la verdad.
- Espero que tu familia esté bien..
- Están todos de maravilla. La verdad que sí.

Parece mentira lo que decimos y repetimos “la verdad”. Habría que investigar e indagar por qué parece que “la verdad” la decimos con cierto aire de culpa, resignación.

Como si lo bien que decimos que estamos, lo bien que decimos que lo hemos pasado fuera algo de lo que arrepentirse.
Algo extraño tiene que haber en este contagio.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

En este blog ya hemos propuesto algunas otras frases prohibidas. Gracias a todos aquellos que me hicieron llegar en nuestras comidas y reuniones o en sus correos electrónicos sus comentarios.

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Pensamientos. Dedo levantado.

dedo levantado

No hay nada que haga más fuerte o más débil a una persona que sus pensamientos.

Ya puedes ser la persona más rica y poderosa del mundo que tus pensamientos pueden destruirte.
Puedes ser, en cambio, una persona sin vacaciones ni coche, sin dinero y poca comida que tus pensamientos pueden hacerte más poderoso y feliz de lo que nunca has imaginado.

Los pensamientos tienen la cualidad de ser lo de lo más etéreo y de lo más sólido. No se pueden tocar, pero se instalan en la persona y acabarás siendo lo que tus pensamientos son; para bien y para mal.

Si estás de acuerdo con esta corta reflexión, quizás lleguemos a la conclusión que no hay otra cosa más importante que pensar bien y tener un tiempo al día para que tu mente no esté ocupada por pensamientos. Este es, de hecho, el objetivo de la meditación del practicante del yoga; lograr vaciar la mente de pensamientos durante un tiempo para poder seguir pensando bien, construyendo pensamientos positivos y creativos.

Veo un dedo levantado queriendo insultar a los que le abuchean. Veo uno que le dice al otro lo inútil que es. Y escucho que el otro le dice al uno que tú también.

Dice Swami Sivananda en su libro “Pensamiento y poder” que hay pensamientos que “envenenan las fuerzas mismas de la vida y destruyen la armonía, la vitalidad y el vigor”.

Necesitamos personas que piensen bien para que nos hagan sentir bien porque como dice este mismo autor los pensamientos similares se atraen mutuamente.

Nosotros no queremos saber nada de los pensamientos de los unos y de los otros. Ni, por supuesto, levantaremos ineducadamente el dedo.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Irremediable

Dice un escritor, Antonio Lucas, que “escribir es no aceptar lo irremediable”. Aunque existe una contradicción semántica en la frase – lo irremediable no tiene remedio, para qué entonces escribir -, tengo la sensación y la convicción que estoy de acuerdo con él.

Mi amigo Miguel me preguntó hace unas semanas que por qué escribía este blog. Empecé diciéndole que me gustaba escribir. Me dijo que si me gustaba escribir sugería que era mejor que lo hiciera en un diario y que fuera privado.

Dudé entonces y le dije que lo que me gustaría es dedicarme a la política, aunque no tenía prácticamente esperanza alguna de poder conseguir ese objetivo. Sé con certeza que no me afiliaría a ninguno de los partidos existentes dirigidos por profesionales de la política que es bien diferente que ser un profesional en utilizar la política para ayudar al mejor vivir de los ciudadanos.

Esta conversación con mi amigo Miguel me produjo cierto pudor e incluso le pregunté si algunos de mis comentarios le parecían ridículos. “Del ridículo nunca se vuelve”, le dije algo atemorizado. Me dijo, quizás para animarme, que no le parecían ridículos, aunque no estaba de acuerdo con algunas de mis opiniones y creía que los contenidos estaban desestructurados. Tiene mucha razón.

Creo que además de saber que me gustaría dedicarme a la política, escribir me acerca a no aceptar lo irremediable.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Éxito

Exito

No he logrado convencer a mi hija (11 años) de la inexistente correlación entre la felicidad, la plenitud, la serenidad y el éxito aparente.

¿Hay algún éxito superior para el ser humano que encontrar su propio remanso de serenidad? ¿Hay alguna otra forma de serle útil a los demás si no es empezando por nuestra expresión cordial y nuestros actos generosos?

Mi hijo mediano (14 años) suele decir que este tipo de discursos que le doy son filosofía – despreciando en muchas ocasiones el término -. Me responde “que la vida práctica exige otras cosas”.

Es entonces cuando me asusto y me recrimino. Me asusto porque creo que la fuerza de la sociedad ha enfatizado tanto en el éxito, que los jóvenes no lo superan y se convierten en ni nis o lo entienden tan bien que se convierten en una prolongación de nuestra esclavitud moderna por tener más mientras vamos siendo menos.
Y me recrimino a mí mismo la incapacidad de trasladar otros ejes de pensamiento y comportamiento que estoy seguro que de haberlos interiorizado, me permitirían vivir mejor.

Un excelente artículo de Borja Vilaseca en El País de los Negocios ha vuelto a reclamar mi atención sobre este particular. Dice Vilaseca que las empresas son el fiel reflejo de las personas que la integran y la dirigen. “La gran mayoría de las empresas no tienen ni quieren tener tiempo para reflexionar y cuestionarse su función y su funcionamiento ../.. Tienen tanto miedo que sólo piensan en sí mismas. ../.. La doctrina existencial es que el fin justifica los medios”.

Cuando le pregunto a mi hija si cree que la persona que dirige la película y aparece en grandes créditos será más feliz que la que aparece en créditos más pequeños me mira como si estuviera loco. “Pues claro”, me contesta.

Intento demostrarle que no hay necesariamente ninguna relación y que lo más importante es tener una actitud positiva, no tener expectativas innecesarias y pasárselo bien con lo que uno hace.

Pero ella no cree que se pueda ser feliz sin éxito.

El Partido del Sentido Común ya anunció que creará un Ministerio de Aprender a Vivir. Con el firme propósito que seamos más felices y nos comprendamos mejor. Hay muchas cosas importantes que hacer, esta es una de ellas.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Foolish

Después de escuchar su reflexión pensé, aunque no se lo dije, que era gilipollas.

Me dijo que él, que tanto trabajaba, era un infeliz. Que no tenía tiempo para nada, que vivía agobiado por y para el trabajo.

Lo peor vino después.

“Te has dado cuenta que hay cantidad de pobres que son felices” me dijo.
No supe distinguir si su reflexión era la de un ignorante o la de una persona con complejo de superioridad. En cualquier caso, distinguí delante de mí a una persona que había dicho una gilipollez.

Él, yo, quizás tú, no damos valor a lo que tenemos. En su día creímos que la felicidad guardaba una correlación directa con el éxito y con la posesión de bienes. Seguimos creyendo que la serenidad se alcanza cuando uno ya tiene suficiente ahorrado para no preocuparse por el dinero.
Ni él ni yo, ni quizás tu, hemos probado la indefensión que produce la pobreza. Yo no quiero probarla y me gustaría que nadie tuviera que hacerlo.

Sobre el fracaso, sobre la imaginación y sobre lo foolish que le parecen a la autora de Harry Potter aquellos que encuentran algún atractivo a la pobreza versa este vídeo que me ha hecho llorar. Ella fue rematadamente pobre, así que ahora que es rematadamente rica puede hablar con conocimiento de causa.

J.K. Rowling Speaks at Harvard Commencement from Harvard Magazine on Vimeo.

¡Vivan las buenas ideas, las buenas reflexiones!
¡Vivan los sentimientos!

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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La verdad

truth

Incluso el equipo que siente una mayor rivalidad por otro es capaz de reconocer que el adversario ha jugado mejor. Le cuesta más que con otros equipos, pero finalmente reconoce la superioridad, el mejor juego de su rival con quien se ha enfrentado.

Incluso los aficionados más pasionales, que pueden llegar a odiar al adversario, reconocen la habilidad del jugador del equipo contrario y suspiran por contar con él la próxima temporada.

Lo mismo ocurre con muchos empresarios, diseñadores, restauradores. Quizás se estén mordiendo el labio y sus entrañas, pero finalmente reconocen la destreza, la creatividad de su competidor, adversario, en ocasiones enemigo. Este reconocimiento les hace creíbles y su admiración por la obra ajena en competencia con la suya, les estimula para hacer mejor las cosas.

No hacen otra cosa que decir la verdad, aunque les duela, aunque les cueste.

Escucho a dos políticos, uno del PSOE y otro del PP debatir en un programa de la SER. Discuten sobre datos objetivos pero que no están a tu alcance ni al mío. Para la política del PSOE (que está en la oposición) todo es catastrófico, parece que estamos a punto de no poder ir al médico. Todos los madrileños saben que estamos en una situación terrible, viene a decir.

Para el político del PP, estamos mejor que nunca. Se gasta más dinero en educación, sanidad. Según este político esperamos menos que nunca para ir al médico y operarnos. Los niños aprenden mejor en las escuelas madrileñas que en ningún otro sitio de España. Él sabe lo que quieren todos los madrileños y por eso sabe que todo está bien.

Parece como si ninguno de los dos supiera lo importante y trascendental que es el valor de la verdad.

A Los ciudadanos nos gusta la honestidad, la claridad. Nos encantaría un político que reconociera las virtudes de su adversario. Sería tan extraño que creo que causaría sensación.

Así haremos en el Partido del Sentido Común.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Servilleta

Servilleta

Un cliente convertido en amigo me ha contado la historia de una servilleta. Fue durante la cena de ayer.

Un par de estudiantes de una de las más afamadas universidades norteamericanas le contaron a un empresario su idea. Y lo hicieron utilizando una servilleta, supongo que acompañada de ideas claras expresadas verbalmente.

Al empresario le pareció tan buena la idea que aportó una primera cantidad de dinero para poner en marcha el negocio. A este empresario, tan buena le pareció la idea de la servilleta que llamó a algunos otros conocidos que invierten en negocios, les comentó la existencia de la servilleta y estos otros amigos pusieron más dinero.

La idea de la servilleta todavía no es consumible, accesible, pero tan buena idea es que otros empresarios han ido invirtiendo más dinero valorando la empresa de la servilleta en decenas de veces más que lo que fue valorada al inicio. Así, los estudiantes, los primeros inversores ya han generado importantes plusvalías latentes.

Después que hubiéramos terminado de cenar, cada uno se fue a sus respectivas casas (al menos yo me fui a la mía). Encendí la radio y una ministra explicaba un retorcidísimo entramado de reuniones y burocracias para poner en marcha una decisión que aparentemente parecía sencilla. Había tantas personas implicadas – ministerio, consejerías y otros agentes sociales (o lo que sea) – con tan diferentes intereses y egos que lo que la ministra decía que iba a ponerse en marcha tenía pinta de tardar mucho, a pesar de ser sencillo y a la vez importante para ti y para mí.

La ministra hablaba de este proceso con cierto orgullo. Parecía – es una sensación subjetiva, quizás injusta – como si todo este trabajo al que se enfrentaba le diera morbo y contarlo le produjera cierta excitación.

Los dos jóvenes universitarios y los empresarios que confiaron en ellos es probable que agiten el mundo y lo hagan más eficaz a partir de una servilleta.
La ministra y sus adláteres, los consejeros y los agentes no entienden de servilletas. No entienden de ideas, sólo de complejos procedimientos que a los demás nos joden. Con perdón.Esto es falta de sentido común.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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