Fotos sin sentido común.

Reunion Moncloa

No es un problema de unos, es un problema de todos. O al menos, de casi todos los políticos.

Estamos de acuerdo: para avanzar es necesario recoger las mejores ideas, hay que ponerlas en común, elaborar un plan y ponerlo en marcha. Por todo ello, es necesario reunirse.

- Me gustaría contar con tu colaboración, Felipe – le comunica por teléfono el Presidente a su predecesor.
Lo mismo hace con otras personas que merecen la estima de cualquiera (Jacques, Pedro). Supongo que habrá un orden del día, unas conclusiones…., un ponerse a trabajar.
Como hacemos tú y yo mañana y la mayoría de los días.
- Presidente, es importante que convoquemos a la prensa, que vean que nos hemos reunido, que la gente sepa que estás activo, preocupado y que estás haciendo cosas – le dice el asesor que previamente había mandado una nota de prensa diciendo que los mandatarios se iban a reunir, que el Presidente está haciendo todo lo posible.

¿Es necesario reunirse para decir que nos vamos a reunir? ¿Es imprescindible sacar fotos cada vez que haya una reunión? ¿Es interesante?

Imagínate a un político centrado en lo que tiene que hacer: Pensar y Hacer por los demás, de forma generosa, sincera, con errores y aciertos. Disculpándose por los primeros y no vanagloriándose de los segundos.

Imagínate a políticos sin fotos cada vez que se reúnen. Sin aspavientos, sin manos que se mueven de un lado para otro cual Tom Cruises o Penélopes Cruces. Informando a la población de forma clara. De dónde venimos y hacia dónde vamos. En realidad no queremos saber más y eso debe ser más fácil que preocuparse mañana, tarde y noche de lo que los demás piensan de uno.

Estos políticos existen. Políticos prudentes. Están en el Partido del Sentido Común.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Formas que no dejan ver el fondo.

Mi gran amigo Miguel dice (espero resumirle bien) que es un tanto triste que las formas predominen tanto sobre el fondo. Es decir, que esté tan premiado el diseño, las transiciones y efectos del power point y, en cambio, el contenido del mensaje pase a un segundo plano.

Durante nuestro encuentro, mientras filosofamos, le sugiero que la forma de exponer las ideas permite que los receptores del mensaje se enteren o por el contrario se vayan de vacío. Le digo que estando de acuerdo con su tesis, las herramientas de comunicación – empezando por un buen verbo y una voz cautivadora – permiten que el mensaje se haga más entendible y memorable.

Llego a casa. Creo que no he entendido bien el alcance las palabras de mi amigo Miguel. Lo que él proponía es una reflexión que alcanza otros muchos órdenes de la vida. “La gente se ciega. La gente juzga por las apariencias. Incluso es capaz de imaginar truculencias por evidencias formales, sin ahondar en la verdad de los hechos” dice un personaje de Mercedes Salisachs en su obra “El último laberinto”.

Como ellos creen que sólo juzgamos por las apariencias, sólo les importa aparentar y no quieren ahondar ni trabajar en la verdad ni en los hechos. Ellos deberían saber que sí nos importa la verdad y que podemos llegar a discernir y descubrir que las apariencias engañan.
Ahora que les hemos pillado tratando de llevarnos al huerto con sus barroqueces y alharacas, sugiero que votemos al Partido del Sentido Común.

¡Viva el Partido del Sentido Común! Regístrate, te necesitamos.

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Frases prohibidas: “La gente …”

Escucho atentamente a los que nos representan. Muchos de ellos utilizan el argumento de “La gente quiere esto o lo otro” para explicar que la gran mayoría está a favor de aquello que él o ella propugnan.

El que habla atribuye al resto su misma forma de pensar utilizando la muletilla “la gente”.
Es curioso esto de “la gente”.

Escucho, en cambio, a aquella persona airada decir que “la gente es la leche….” dando a entender que los demás – la gente – son malos y él o ella no. En este caso, el que dice “la gente” no pertenece al grupo y la gran mayoría vamos por un camino incorrecto.

¿Quién es la gente? Yo no quiero ser “la gente” de aquel político que quiere hacerme pensar como él. Tampoco es que me apetezca mucho ser “la gente” en el que se engloba a los malos, malísimos.

Sugiero que convirtamos “la gente” en una frase prohibida.
En nuestro Partido del Sentido Común no diremos “la gente” ni para lo uno ni para lo otro. Seremos menos pretenciosos e intentaremos ser más exactos.
Si se trata de argumentar algo lo haremos sin más, sin necesidad de tener que argüir que los demás piensan igual que nosotros.
¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Profesores

Hoy me he encontrado con un profesor de mi cole, que también ha sido profe de mi hijo mayor. Un gran profesor que está inquieto por el estado de la enseñanza, preocupado por la desmotivación de los profesores.
“Sistemas educativos del XIX, profesores del XX, alumnos del XXI, esto no puede ser” me ha dicho durante nuestra larga e interesante conversación.

Muchos profesores están cansados y han perdido el presumible interés que les condujo a una de las profesiones más bonitas y de las que depende en buena medida la calidad futura de nuestra sociedad.
El 24 de noviembre la página 39 de El País titulaba “La falta de incentivo lastra la labor de los docentes” y en el cuerpo de texto se lee “el 90% de los docentes españoles dicen que no obtendrían ningún reconocimiento económico o profesional si mejoraran la calidad de la enseñanza que ofrecen”. Esto, espero que coincidas conmigo, no tiene sentido común.

He sido profesor asociado de Universidad (Autónoma de Madrid y Carlos III en sus campus de Getafe y Colmenarejo). Nunca he vivido de esto, pero me encantaría poder llegar a que un día la enseñanza fuera mi modus vivendi.

Pero al mismo tiempo, sé que en la Universidad yo no podría convivir con el poco sentido común del sistema. Si quieres prosperar en la Universidad tienes que publicar. Si se trata de publicar en Marketing debes escribir artículos de temas originales, a ser posible en revistas extranjeras. Muchos de esos artículos los leen sobre todo otros profesores. No importa si la calidad de la enseñanza es mejor o peor, si los alumnos están aprendiendo o no, sólo importa que publiques.
Así, los profesores que aspiran a ser profesores titulares (tener una plaza vitalicia) les importa más bien poco cómo mejorar la clase, están fundamentalmente estresados buscando publicar. Para empeorar la cosa, si quieres publicar es conveniente que te lleves bien con un catedrático que se lleve a su vez bien con alguno de los que eligen los artículos que se publican (les llaman árbitros).

Una mierda. No tiene sentido común. Y es muy fácil de arreglar: Profesores orientados a prestar un buen servicio y menos gaitas (o sandeces = gilipolleces). Profesores menos estresados, más artistas, mejores comunicadores.
¡Viva el mi profe del cole!
¡Viva el Partido del Sentido Común! Nosotros lo arreglamos de un plumazo.

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Conde, Mario

¿Recuerdas cuando Mario Conde era idolatrado por todos?

En realidad, todos o casi todos queríamos ser Mario Conde. Su éxito parecía conseguido gracias a una inteligencia superlativa, su carisma traspasaba las hojas  del periódico y las imágenes de la televisión.

Conde fue incluso investido doctor honoris causa en la Completense y los Reyes acudieron al acto de investidura. De repente, de un día para otro, Mario pasó de ser el admirado a ser el vilipendiado. Nos había engañado, sus éxitos no eran producto de la inteligencia puesta al servicio de la sociedad y sus empresas. No, que va. Su indudable y grandiosa inteligencia la había puesto al servicio de su riqueza y de su poder, olvidando las más elementales reglas del juego. Así pues, fue castigado por ello.

Mario Conde es ahora tertuliano del programa “El gato” de Intereconomía Televisión. Mario es un gran filósofo (lo dijo sin ningún tipo de ironía) y es capaz de sintetizar en unos pocos pensamientos algunas ideas fundamentales para el mejor vivir de los humanos. Es difícil creer que esos pensamientos le hayan acompañado durante su época al frente de Banesto, pero es más que posible que ahora lo hagan.

Mario Conde dice algo de mucho sentido común, que sugiero que deberíamos aplicárnoslo.

Conde dice que la persona allá donde esté (como presidente de un banco o como presidiario) es siempre la misma persona, por lo tanto no es las cosas o los cargos que posee. Por eso la persona es en sí indeleble a los acontecimientos que puedan surgirle. Mario Conde es siempre Mario Conde, manifiesta.

Según él uno está de Presidente de Banesto o está de presidiario, que no es lo mismo que ser Presidente de Banesto o ser presidiario. Explica que aquel que confunde el ser con estar, acaba siendo las cosas que tiene. Por eso se puede llegar a explicar que una persona se suicide por la pérdida de bienes materiales. Ha perdido todo lo que es.

¡Viva el Partido del Sentido Común! ¡Viva la justicia!

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Leer, imaginar. El elemento.

¿Te gusta leer? A mí me encanta, aunque le dedico mucho menos tiempo del que desearía. Dice David, un amigo, que si trabajas en algo que te ocupa un tiempo razonable y además quieres escribir, no hay tiempo para leer.

Cuando tengo la suerte de encontrarme con un libro apasionante, mi estado de ánimo cambia. En los libros encuentro pensamientos que trastocan las pocas ideas claras que tengo, que tiende a ser ninguna.

Dice Andrea Bocelli que el momento que más echa de menos – él que lo tiene todo desde el punto de vista material – es leer al lado de una chimenea. Le parece un momento único, reconfortante.

Leyendo de discurre hasta el infinito. La imaginación vuela.

Félix me ha regalado un libro maravilloso: “El elemento” de Ken Robinson (www.sirkenrobinson.com).

El libro sostiene que todos tenemos una faceta en la vida en la que podríamos desarrollarnos de forma especial, pero que la gran mayoría trabajamos en asuntos que no son nuestro Elemento.

Se trata, por tanto, de descubrir que es lo que nos hace alcanzar la plenitud cuando   trabajamos en ello. La gran mayoría de los trabajadores están deseando que llegue la edad de la jubilación o que les toque una loto para mandarlo todo lejos, muy lejos.

Los que  han encontrado su elemento quieren seguir disfrutando de lo que hacen. No creo que a Georges Prêtre, el director de orquesta de 85 años que dirigió a la Filarmónica de Viena en el Concierto de Año Nuevo, le mueva otra cosa que seguir desarrollándose en su elemento.

Ken Robinson dice en su libro que nunca es tarde para encontrar el elemento. Cuando Félix me regaló el libro y me contó de qué iba el libro le pregunté ¿cuándo vamos a encontrar nuestro elemento? Yo sigo buscándolo. La búsqueda mezcla la pasión con la frustración.

Por puro sentido común, busca tu elemento. No puedo asegurar que lo encuentres, pero no te rindas. De lo contrario habrás tirado prematuramente  tu vida a la basura.

Viva el Partido del Sentido Común.

Viva Félix, que me regala siempre muy buenos libros.

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Irrelevante

Mi hija me pregunta otra vez si creo en Dios.

La primera vez que lo hizo – hace ya algo más de un año – le contesté que no estaba del todo seguro. Ella, sin esperar a que yo le devolviera la pregunta, me dijo que tampoco estaba segura si creía en Dios. Lo dijo con un tono cómplice a la vez que preocupado.

Nuestra conversación no fue mucho más allá, su comentario espontáneo y sincero me produjo tanta hilaridad que nos reímos juntos durante unos minutos y el contenido de la pregunta paso al olvido.

Hace unos días fuimos juntos de viaje, ella y yo solos. Fue en Córdoba cuando me volvió a preguntar – bueno, ¿crees en Dios? – .

Volví a contestarle lo mismo: “No estoy seguro”, pero a continuación le expuse una tesis que hace unos días compartí con Pepe mientras nos hallábamos filosofando: “En realidad creer o no creer en Dios es irrelevante”.

Mi comportamiento no va a variar en función de si creo o no creo en Dios. No voy a ser más generoso, ni mejor ni peor persona si creo o no creo en Dios. A mi hija le dije que si uno fuera a comportarse mejor por la mera existencia de Dios habría que atribuirle cierto grado de miserabilidad y calificarle como miedoso.

Son muchos  los que justifican sus maléficos y nocivos  actos basándose  en la existencia de un dios y son otros muchos los que justifican sus actos por todo lo contrario. Y son muy poderosos y malos  los que nombrando a un dios pretenden hipnotizar a sus conciudadanos para destrozarles la vida y conducirles a la destrucción del vecino convertido en enemigo.

Supongo que un buen cristiano, judío, budista o musulmán será bueno por casi lo mismo. Supongo que cualquiera de ellos puede acudir con frecuencia a su templo y ser, en cambio, perjudicial para quienes les rodeamos.

Así pues, unos creerán en Dios, otros no lo harán y otros estaremos algo inseguros. ¿Qué más da? Eso es irrelevante. Lo importante es lo que se haga con las ideas.

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