Talento

Creo que una de las expresiones más patentes del sinsentido común de una empresa sucede cuando las personas que participan en ella se sienten inútiles porque su capacidad para ayudar a hacer mejor las cosas es nula o muy limitada.

Se trata, por tanto, de una paradoja triste y ridícula: la empresa paga para que la persona haga lo más posible, la persona no puede hacer porque su jefe no le deja hacer.

¡Qué gusto da, en cambio, cuando uno es atendido por alguien que  tiene capacidad para tomar decisiones encaminadas a prestar un mejor servicio, tener clientes más satisfechos!

Te pongo un ejemplo:  voy a la tienda de deportes Moya a comprar unas raquetas de tenis y pádel. Las que tenía me fueron robadas por los cacos del maletero de mi coche.

La vendedora me recomienda y me hace una oferta definitiva. “Si te llevas las dos, te dejo cada una a 100 €. Ella (su empresa) estaba deseando quitarse de encima dos raquetas que les quedaban de un modelo descatalogado. La vendedora me había razonado previamente las bondades de la raqueta y había tenido la habilidad de detectar  que yo era sensible (soy elástico) al precio y que, en cambio, no iba a comprar la raqueta de Rafa Nadal (es la que más se vende). Así pues, tomó discrecionalmente la decisión de realizar una oferta especial  y así conseguir “colocar” las raquetas que supongo llevaban un tiempo solas a la espera de ser compradas.

Su empresa contenta, ella contenta, yo contento. Todo ello gracias a una organización inteligente que dota de discrecionalidad al vendedor en su relación con el cliente.

Sigo con mi vista a la tienda de deportes Moya. Compré muchas bolas de tenis y un anti vibrador (nada que ver con el sexo, es para evitar el codo de tenista)

Cuando llegué a la caja, la cajera hizo acopio de todo el material y se olvidó del anti vibrador a la hora de decirme la cantidad que adeudaba. Le sugerí que me lo regalara (“me lo puedes regalar, si quieres”, le dije medio de veras, medio en broma). Y ella me contestó: “pues te lo regalo.”

Dos días después estaba otra vez allí.

Conozco a mucha gente capaz, muy capaz que cobran mucho más que las vendedoras  de Moya y que nada pueden hacer por su empresa más que cobrar a final de mes.

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Categoría: General

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